Ameer Ali, consejero para asuntos musulmanes del primer ministro australiano: “Las reacciones al discurso del Papa fueron medievales; ni Mahoma fue un modelo perfecto"
XSemanas después de las revueltas en los suburbios franceses, en Sydney se producía un virulento estallido de violencia étnica que enfrentaba a australianos de origen anglosajón y a descendientes de emigrantes árabes y musulmanes. La hostilidad yacía latente entre dos culturas opuestas y enemigas y estalló con el creciente acoso de los despectivamente llamados 'lebs', libaneses o hijos de libaneses, contra mujeres blancas por beber alcohol o por su aspecto “indecente” en las playas. La tensión llegó a límites extremos con un primer ministro como John Howard que habló abiertamente de musulmanes “completamente incompatibles con nuestra forma de sociedad”. Ameer Ali ha sido el máximo responsable de la federación de organizaciones musulmanas australianas y considera que el Corán no se puede interpretar literalmente hoy en día. Mientras, en Arabia Saudí la cosa no está para revisionismos. El ministro del interior ya ha advertido: “Cortaremos las lenguas de aquellos que intenten distorsionar el islam con reformas y progreso”.
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En el rigorismo musulmán, cualquier incidencia interpretada como contraria al islam puede terminar en un baño de sangre. En una religión donde están reglamentadas hasta las más mínimas acciones cotidianas, llevarse un libro o un periódico al cuarto de baño se convierte en objeto de análisis y decreto religioso correspondiente puesto que, si entre sus páginas está contenida la palabra ‘Alá’, la lectura se convierte en un hecho prohibido, como se encarga de aclarar el banco de fatuas en Internet sobre lo que es permisible o no en el cruce entre lectura y “la llamada de la naturaleza”. Depilarse o no las cejas se convierte también en algo susceptible de intensos debates teológicos, con opiniones encontradas en torno a su pureza o impureza según los mandatos coránicos, sometidos a sutilísima interpretación.
Islam 'protestante'
Algunos círculos musulmanes insisten -con grave riesgo para sus integridades físicas- en la necesidad de un islam no ya moderado -concepto del que muchos, musulmanes incluidos, reniegan- sino protestante, es decir, una revisión a fondo del Corán y de las tradiciones sagradas musulmanas para adaptarlas a los tiempos contemporáneos. Incluso en Arabia Saudí se está dando ese proceso. La cúpula religiosa y política del país, que, además, también coincide con la económica, ha puesto el grito en el cielo y el cuchillo en la tierra ante la posibilidad de reformas en sus rigorista interpretación del islam.
En una televisión saudí, el ministro del interior del país, el príncipe Nayef bin Abd Al-'Aziz, afirmaba: “La yihad está aquí. Tenemos que hacer la yihad contra los enemigos de Alá. Los enemigos de Alá están entre nosotros. Afirman que son musulmanes, aunque están tan lejos como se pueda estar del islam. Se llaman a sí mismos ‘reformistas’ o ‘predicadores’ y dicen que apoyamos a Occidente. Son hostiles a nosotros en nuestra propia tierra (...). Los enemigos de los musulmanes han utilizado musulmanes y árabes para corromper al islam y a los árabes (...). Les estamos combatiendo y continuaremos combatiéndoles, y les cortaremos la lengua”.
"Reacciones medievales"
La tensión en Arabia Saudí entre la élite religiosa, política y económica, y los pocos defensores de una cierta apertura hacia Occidente han sido respondidos con contundente severidad. Un comunicado del pasado mes de mayo emitido por 61 jeques se pronunciaba contra tales intentos de “extender la corrupción y el vicio” en el país y denunciaba cómo “puesto que las mujeres tienen una gran influencia en la sociedad, (la Junta que se pronunció a favor de modernizar la sociedad) ha realizado esfuerzos para occidentalizarlas, utilizando eslóganes engañosos sobre ‘derechos de las mujeres’, ‘liberación de las mujeres de sus cadenas’ y ‘progreso’”.
En Australia existen las mismas tensiones pero distintas son las respuestas de algunos máximos responsables religiosos musulmanes del país. Ameer Ali, que hoy aconseja a un primer ministro como John Howard que no tiene pelos en la lengua, se ha pronunciado a favor de que se predique en inglés en las mezquitas y en contra de las histéricas reacciones islámicas contra el discurso del Papa en Ratisbona. “Fue una retórica medieval (la del emperador bizantino citado por el Pontífice) y que ha provocado una respuesta medieval (como la de los musulmanes)”, sentenció Ali, equiparando la Edad Media histórica cristiana de hace siglos con el medievalismo contemporáneo islámico.
“Los tiempos están cambiando y con el cambio de los tiempos, también tienes que reinterpretar el Corán”, decía el miércoles pasado Ali, un hombre que calificaba de “ridículo” el que algunos musulmanes consideren incluso que Alá les juzgue por “la longitud de sus barbas”. En una reflexión muy pocas veces escuchada, el consejero afirmaba que ni tan siquiera Mahoma fue un “modelo perfecto” como la mayor parte de los musulmanes creen. Preguntado por el Australian si el profeta tenía defectos en su forma de ser, Alí respondió: “Por supuesto, tienes que verle también como un ser humano”.
