Datos de pasajeros de líneas aéreas: Europa se rinde ante el ultimátum de unos Estados Unidos que ya se protegen abiertamente de una 'Eurabia' fuera de control
X- NUEVO DIGITAL (12/04/06) - El islamismo, fuera de control en el Viejo Continente: Estados Unidos ya considera a Europa Occidental como una nueva y grave amenaza contra su propia seguridad que sumar a Al Qaeda y al Oriente Medio
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La Unión Europea ha intentado salvar la cara pero la extremada dureza con que Estados Unidos se ha empleado con sus aliados en la exigencia de los datos de los pasajeros de líneas aéreas muestra hasta qué punto Washington considera ya a Europa tan peligrosa para su seguridad como cualquier otra región árabe o musulmana. Incluso más, puesto que las garantías democráticas y el multiculturalismo europeo provocan una libertad de acción a la yihad occidental de la que no disponen precisamente en la inmensa mayoría de los países árabes o musulmanes. Los atentados de Madrid o Londres o los permanentemente desbaratados en una Europa en constante alerta por complots islamistas -el último en Praga contra la comunidad judía- cuando no sometida a la asfixiante presión del miedo que ya provoca un pánico preventivo hace que, como informaba Nuevo Digital hace medio año, Estados Unidos ya considere a Europa Occidental como una nueva y grave amenaza contra su propia seguridad que sumar a Al Qaeda y al Oriente Medio.
Seguimiento:
La imagen de un cansado Franco Frattini en su comparecencia ante la prensa mostraba con tintes dramáticos hasta qué punto las nueve horas seguidas de videoconferencia con los ‘amigos americanos’ no habían terminado hasta que Bruselas no hincó la rodilla. Aunque el comisario europeo de justicia no hacía más que repetir que se trataba de un mero cambio para hacer circular mejor la información, lo cierto es que las agencias de inteligencia de Estados Unidos tendrán 34 piezas de datos de cada pasajero europeo que vuele a territorio bajo su control directo.
"Buena fe americana"
La derrota ha sido total -y en Estados Unidos están eúfóricos por ello-, a pesar de que Washington quería saber también la religión de los viajeros o cuáles de ellos no comían cerdo. Todo se andará. Mientras, los sectores más a la izquierda de la política europea hablan de rendición “ante el chantaje de Estados Unidos”, como decía, sin muchas ambigüedades, el parlamentario griego Dimitris Papadimoulis. En la Comisión, la derrota se mascaba en términos menos contundentes pero, si cabe, mucho más desolados.
Una destacada autoridad de la Unión Europea, que el Times de Londres no identificaba acogiéndola a la protección de fuente confidencial, dejaba todo fiado a la “buena fe” de los “americanos”: “Confiamos en que los americanos cumplirán con buena fe sus compromisos. Es un país respetuoso con la ley. No empezamos considerando que van a actuar de mala fe”.
Todo queda, pues, en manos de la voluntad de unos socios que han decidido ir por libre en su seguridad y que habían amenazado con imponer más de 6.000 dólares de multa por cada uno de los 105.000 pasajeros diarios interatlánticos de los que no supieran en tiempo y forma la desnudez informativa que exigen. Y con advertencias altas y claras de que el tráfico de personas entre las respectivas jurisdicciones podría verse abocado al colapso. Mejor el hundimiento que el riesgo. Eso, y nueve horas seguidas de apretar tuercas europeas, hicieron el resto.
Sin reciprocidad
Algunas tímidas voces se han elevado exigiendo reciprocidad a la dureza de Washington. Pero en Bruselas no pueden elevar demasiado la voz con el tema porque, como se reconoce en privado, los gobiernos europeos asumen que los terroristas vuelan de Europa a Estados Unidos, y no viceversa. A Bruselas le gustaría recabar apoyo de los gobiernos nacionales a la hora de enfrentarse a Estados Unidos pero en los ejecutivos de los países no encuentran suficiente fuerza moral ni política como para enfrentarse a lo evidente tomando represalias sobre lo absurdo.
A pesar de que los propios Estados Unidos reconocen ya abiertamente que sus listas antiterroristas no son precisamente de fiar y ven con cierta ternura los intentos europeos por endurecer las medidas para abordar un avión mientras las voces que exigen un ‘profiling’ de los pasajeros son rápidamente acalladas, nadie se fía de una Europa que consiguió décadas atrás el derecho a que sus ciudadanos pudieran entrar en Estados Unidos sin necesidad de visado.
¿Qué peligro podían esperar los estadounidenses de sus aliados, de los primos nacidos en los Antiguos Países donde vieron la luz los antepasados que fundaron y desarrollaron la nación americana y que, con ella, compartían un mismo sistema de valores? La situación ha cambiado. El mensaje que se ha transmitido con la dureza negociadora es que la Europa nativa ya no controla su propio territorio. Los ordenadores del FBI y de la CIA lo harán por ella.
