Acusaciones internas a los “gitanos” por la “mala imagen” del país: Los rumanos insisten en que es España y no el Reino Unido su destino preferido para emigrar
X- NUEVO DIGITAL (06/09/06) - Avalancha migratoria del Este europeo - Terrorismo y delincuencia hacen que los británicos consideren a su país "menos habitable" que hace veinte años en medio de un intenso debate sobre una inmigración "fuera de control"
- NUEVO DIGITAL (25/09/06) - Calin Tariceanu, primer ministro de Rumanía: “Los emigrantes rumanos con altos niveles de educación irán al Reino Unido; los más pobres y menos escolarizados, a Italia y España”
- NUEVO DIGITAL - (25/10/06) - Blair también corta el grifo de la emigración europea: Los trabajadores búlgaros y rumanos tendrán la misma consideración que los extracomunitarios tras la ampliación de la Unión
En Rumanía ha comenzado a cundir el abatimiento con los vetos impuestos a sus emigrantes por Irlanda y el Reino Unido. Alemania, Austria, Holanda y Dinamarca han anunciado medidas similares. Italia, Grecia y España las sopesan. “Nuestros dos personajes más famosos son Drácula y Ceaucescu”, se dice desde un país que ve cómo ha pasado a ser de segunda categoría dentro de la Unión Europea cuando aún faltan dos meses para que ingrese en ella junto con Bulgaria. Sin embargo, los rumanos también se han enzarzado en acusaciones internas, con los gitanos domésticos como principales reos de la “mala imagen” del país extendida por toda la Europa rica. Desde el país balcánico se insiste en que el objetivo de sus emigrantes no es el Reino Unido sino la Europa meridional. España se sitúa en la cabeza de las preferencias de los rumanos como país donde encuentran más facilidades para su integración. El que hasta los sindicatos españoles se manifiesten en contra de abrirles las puertas mientras nada dijeron de las masivas emigraciones irregulares árabes y latinoamericanas no añade sino mayor desconcierto.
Seguimiento:
Irlanda y el Reino Unido abrieron la senda de unas restricciones a la entrada de emigrantes búlgaros y rumanos que, en la práctica, funcionan como un veto. Alemania, Austria, Holanda y Dinamarca ya han anunciado que seguirán la senda de Irlanda y del Reino Unido. Pero lo que más duele en Bulgaria es que Italia, Grecia y España meditan una decisión similar. En este último país, en una declaración de una novedad sorprendente, hasta los sindicatos comunista y socialista han pedido el cierre de fronteras.
La Securitate, a la Comisión
Anteriormente defensores de las puertas abiertas y de los ‘papeles para todos’ en relación con la emigración árabe y latinoamericana, sus estudios técnicos han dado la voz de alarma: España no podría aguantar una nueva oleada de trabajadores extranjeros por mucho que vinieran desde un país mucho más próximo económicamente a España que los procedentes de Sudamérica o África.
Y es que la cosa no ha empezado nada bien para Rumanía. Para empezar, su candidato a formar parte de la Comisión Europea fue acusado de trabajar para la Securitate, la temible policía secreta de Ceaucescu.
Abrumado por las pruebas y por la autoridad de quien realizaba las acusaciones -un espía él mismo que se refugió en Estados Unidos antes de la caída del régimen comunista rumano-, Varujan Bosganian tuvo que retirar su candidatura para ser sustituido, horas después, por un secretario de estado del Ministerio para la Integración Europea.
El 'no' de los sindicatos españoles
Leonard Orban, si ningún escándalo le salpica como a su antecesor Bosganian, tendrá que lidiar desde Bruselas con las enormes prevenciones que una parte de la Europa rica está adoptando frente a lo que prevé como avalancha de emigración rumana y búlgara cuando se abran las fronteras tras la incorporación efectiva de los dos países el primer día de enero de 2007. En el Reino Unido, la llegada en poco más de dos años de casi medio millón de trabajadores del este, principalmente polacos, disparó las alarmas.
En España, los mismos sindicatos socialista y comunista que, hasta hace unas semanas, defendían que España podía absorber muchos más emigrantes, y que, durante los últimos años, siempre se manifestaron contra las restricciones de las emigraciones latinoamericana y árabe, esos mismos sindicatos ahora piden que Madrid establezca un “periodo transitorio” para los trabajadores rumanos y búlgaros. “Si no hay un periodo transitorio podría haber migración significativa”, afirma con lenguaje contenido Julio Ruiz, de Comisiones Obreras.
"Lo más pobres y menos escolarizados, a España"
Casi 400.000 rumanos constituyen la tercera comunidad de emigrantes más numerosa en España tras la marroquí y la ecuatoriana. La prensa británica destaca cómo los rumanos han respondido con gesto despectivo a la ‘humillación’ irlandesa y británica puesto que, en cualquier caso, pocos de ellos estaban pensando en trasladarse a las húmedas regiones anglosajonas más allá del Canal. Pero ahora es también la Europa meridional, con España, Italia y Grecia a la cabeza, la que piensa en ‘limitar’ la libre circulación de los trabajadores rumanos y búlgaros.
Si hace unas semanas, el propio primer ministro búlgaro, Calin Tariceanu, ya advertía desde el Financial Times de que “los emigrantes rumanos con altos niveles de educación irán al Reino Unido mientras los más pobres y menos escolarizados, a Italia y España”, desde Bucarest se sigue insistiendo en que es el sur de Europa y, en especial España, el destino preferido de los rumanos, dada la facilidad con que aprenden el español por la naturaleza romance de ambos idiomas. Pero la crisis rumana interna provocada por el rechazo es más amplia que la sugerida por consideraciones económicas y laborales.
En Rumanía, el debate es también interno. Muchos rumanos acusan a los gitanos (rumanos) de haber extendido por Europa una mala imagen del país, alentada desde los periódicos sensacionalistas británicos pero también, con la cierta frecuencia e intensidad que permite la corrección política, mostrada en los más templados medios de comunicación españoles. Por otra parte, analistas internacionales recuerdan que en 2004 ya se produjo una oleada similar de miedo ante avalanchas de trabajadores cuando ocho países de la Europa ex comunista se integraron en la Unión.
1986, la 'invasión' española
“Tres años después, todavía no hay signos de la temida invasión”, se dice desde unas crónicas que se remontan incluso más atrás, cuando la ‘invasión’ era pasto de negras profecías antes del ingreso de Portugal y de la propia España, sin que, ni mucho menos, se produjera ningún tipo significativo de trasvase de emigrantes entre estos dos países y la entonces Europa más rica.
Sin embargo, el agravio está hecho, y la España que hace veintiún años producía miedo por una supuesta avalancha que nunca se produjo es ahora la que teme recibir ella misma la ‘invasión’. Sin embargo, de hecho tal movimiento ya se ha producido con los 400.000 rumanos que entraron ilegalmente en el país y que en él se quedaron.
Desde los despachos del gobierno, pero también desde los de los anteriormente ‘solidarios’ sindicatos, se preguntan qué sucederá cuando el viaje sea legal y sin riesgos, sin necesidad de los temidos ‘papeles’. En todo caso, incluso en Rumanía, muchos temen que el número de pueblos abandonados por la fiebre de la emigración crecerá tanto como parece crecer, día a día, la irresistible atracción de una España considerada como la tierra de la promisión también para la pobre Europa balcánica postcomunista.
