NUEVO DIGITAL Internacional - Las grandes palabras de la Alianza de las Civilizaciones se disuelven en una Turquía que sigue chocando abiertamente con Europa en medio de una creciente guerra de ‘genocidios’ cruzados entre musulmanes y occidentales
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Las grandes palabras de la Alianza de las Civilizaciones se disuelven en una Turquía que sigue chocando abiertamente con Europa en medio de una creciente guerra de ‘genocidios’ cruzados entre musulmanes y occidentales

Las grandes palabras de la Alianza de las Civilizaciones se disuelven en una Turquía que sigue chocando abiertamente con Europa en medio de una creciente guerra de ‘genocidios’ cruzados entre musulmanes y occidentales

14.11.06 • 06:18 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Sumido en una orgía de grandes palabras y mínimas perspectivas, Kofi Annan decía ayer en Estambul: “El problema no es el Corán, la Torah o la Biblia; el problema nunca es la fe, sino los creyentes y cómo se comportan los unos con los otros”. La perogrullada del secretario general de las Naciones Unidas es otra forma más de dinamitar desde dentro y con fuego amigo la Alianza de las Civilizaciones. Si el problema no es el enfrentamiento de las religiones tampoco puede ser la solución la alianza de las civilizaciones que han creado. En realidad, Annan quería decir lo que dijo después: “En el siglo XXI seguimos siendo rehenes de nuestros sentimientos de agravios y derechos”. Mal sitio para decirlo el Estambul agraviado por Europa y peor momento para establecerlo el mismo día en que Sarkozy viaja a una Argelia que le recibe exigiendo disculpas por el “genocidio” colonial francés. Genocidio por genocidio, si Europa acusa a Turquía por kurdos y armenios, ahora Argelia recusa a Europa por los franceses. Y eso no son religiones sino bloques políticos enfrentados, puro choque -precisamente- de “agravios y derechos”.

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La prensa turca recoge con indisimulada complacencia cómo el gobierno argelino le va a dar el viaje a Sarkozy, quien, de entrada, y visto el panorama, exige “respeto entre países iguales”. Pero en Argel se da la bienvenida a un criminal, pues criminal es quien cometió "crímenes". Argelia va a devolver en nombre de Turquía todos los agravios que Ankara ha recibido de Europa -y muy especialmente de Francia- en el envenenado asunto de la exigencia del reconocimiento del genocidio armenio de principios del siglo pasado. El que Turquía pueda devolver la patada en el trasero a Francia con la bota de Argelia tiene todo el aroma de solidaridad de bloque contra el bloque enemigo. La extremada dureza de las palabras del primer ministro argelino lo demuestra.

Francia, la "genocida"

“Los países están llamados a aceptar los dramas y errores que hayan cometido”, afirmaba Abdulaziz Belkadem, en indirecta referencia a las exigencias europeas –y, muy especialmente francesas, en el reconocimiento del genocidio armenio. “Hacemos un llamamiento a Francia para que acepte que llevó a cabo un genocidio entre 1830 y 1962, cuando ocupó Argelia. La identificación del genocidio no sólo incluye al genocidio en sí mismo sino el intento de borrar nuestra identidad cultural y nacional. Tienen que recordar que, además de masacrar a personas, también eliminaron la riqueza cultural de un país”.

En este entorno de abierto enfrentamiento, y por mucha retórica de Alianza de Civilizaciones que le eche, Turquía está ya viendo muy mal el acercamiento 'occidental' cuando ya ve como podrida la específica cuestión política de la Unión Europea. Mal día ayer para hablar de civilizaciones cuando un país tan concreto -y tan refractario a Turquía- como Austria exigía de forma explícita -y con la añadida contundencia de los 190,5 centímetros de altura de la ministra de exteriores Ursula Plassnik- la suspensión del proceso de negociación Bruselas-Ankara con el fin de “reducir tensiones”. Aún reciente el duro informe comunitario plagado de acusaciones contra Turquía, desde Bruselas la presidencia finlandesa daba un ultimátum reforzado con un plazo: Ankara dispone, como mucho, de tres semanas para avanzar en el reconocimiento de Chipre. O, de lo contrario, las negociaciones bilaterales se verán gravemente comprometidas.

O Europa... o Irán

El negociador turco pide árnica diplomática, sacar como sea el problema de las manos europeas y llevar el petrolero que se hunde a aguas internacionales. Ali Babacan, en jugada diplomática desesperada, asegura que la Unión Europea no es el ámbito “objetivo o justo” para discutir sobre el reconocimiento de Chipre, dada la obvia implicación de Bruselas con uno de sus países miembros. Por ello, y en consecuencia, el conflicto debería ser dejado en el supuestamente imparcial arbitraje de las Naciones Unidas. Algo así como discutir de ETA en Bruselas. Meter mucha gente y muy ajena cuando no puedes entenderte con el único interlocutor posible, es decir, el directamente implicado.

Y es que el desconcierto se adueña por horas de Turquía, a la que la jugada de la Alianza de Civilizaciones le está saliendo tan vacía en su intento de coartada internacional como ninguna rentabilidad política y diplomática está sacando de ella el aislado Zapatero. A un par de semanas de la llegada del Papa al país, y donde el plato fuerte será la entrevista entre el pontífice y su masacrador dialéctico, el clérigo musulmán y máximo responsable religioso de la oficialmente laica Turquía, Ali Bardakoglu –el hombre que primero y más duramente se lanzó contra Benedicto XVI tras el discurso de Ratisbona-, con esa entrevista como plato fuerte tras la ‘espantá’ del primer ministro Erdogan, Turquía sigue insinuando que, o bien se abre Europa, o las cosas pueden ponerse peor.

'Ni contigo, ni sin ti'

Y, para ello, mucho se está publicitando la inmediata conferencia irano-turca en la que se deja traslucir que, como no se incline la balanza hacia Occidente, se inclinará hacia Oriente, hacia un Teherán que sueña malévolamente en hacer frontera geoestratégica con Europa, en expansión occidental desde la Hezbollah que acosa a Israel. Varios estudios internacionales recientes vuelven a incidir en el argumento tradicional de cómo una Turquía comunitaria reduciría los riesgos a los que se enfrente Europa y no los incrementaría, tal y como se temen los críticos a la hora de imaginarse a setenta millones de turcos musulmanes con las puertas de Viena abiertas.

En ese sentido va, por ejemplo, el informe del World Economic Forum, que va a ser presentado en Estambul los próximos días 23 y 24, y donde se viene a concluir que si Turquía es un riesgo para Europa, mucho más lo es fuera de ella. En un entorno de religiones que no ofenden, alianzas que no alían y negociadores que mutuamente se amenazan, las acusaciones cruzadas de genocidio son la prueba más evidente de que el choque ha llegado para normalizarse -es decir, para convertirse en norma- entre los mismos personajes que dicen confiar en el amor y en las eternas florecillas primaverales de los etéreos e improbables campos de la concordia.



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