Líbano, al borde del caos: Medios iraníes y políticos libaneses pro sirios llevaban semanas exigiendo más protagonismo chiíta y un papel más activo de Irán en el país
XRafael Estrella, portavoz socialista en la Comisión de Asuntos Exteriores del Congreso de los Diputados de España, se preguntaba en plena Guerra del Líbano y en alusión a los israelíes “¿por qué matan niños?” y “¿por qué matan civiles inocentes?”. Desde ayer, ya habrá obtenido respuestas a tan dramáticas preguntas. Según Amnistía Internacional, Hezbollah utilizó a civiles como escudos humanos durante la guerra. En realidad, más allá de las habituales demagogias que toman a los niños como rehenes de una propaganda muchas veces escenificada para los medios, que Hezbollah disparaba sus cohetes rodeados de niños y mujeres se sabía ya en pleno enfrentamiento. Como también que los israelíes utilizaron bombas de racimo, en especial durante los últimos días del conflicto, cuando ya ni tan siquiera era necesario bombardear la zona de la que se iban a retirar en horas. Ahora, en secuencia previsible, la tensión se traslada al interior del propio Líbano. En contra del gobierno legítimamente salido de las urnas, quedaba pendiente determinar quién mandaba en Beirut. Siria o Hezbollah pudieron volver a votar a su manera con los disparos que acabaron ayer con la vida del ministro cristiano Gemayel. Esta vez, Israel quedará al margen de lo que se avecina.
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La condena de Siria del asesinato del ministro libanés Pierre Gemayel fue de las primeras en ser emitidas. “Este crimen horrible está dirigido a desestabilizar la solidez y la seguridad civil del Líbano”, se decía desde la agencia oficial a las órdenes de Damasco. Sin embargo, también con toda probabilidad, no habrá muchos ojos que retiren la mirada de los palacios presidenciales de la capital siria. De Damasco o de su punta de lanza en el Líbano, Hezbollah.
Advertencias chiítas y exigencias iraníes
El primer ministro del país, Fuad Siniora, no sólo lamentaba la pérdida de su mano derecha política sino también se veía obligado a ratificar que, con o sin asesinatos, se formaría un tribunal internacional para investigar la anterior muerte del ex primer ministro Fafik Hariri, el primer aviso de que, esta vez, los sirios podrían haber ido a por todas. Horas después, las Naciones Unidas aprobaban la constitución de esa corte especial que investigará quién está asesinando a políticos cristianos de alto perfil en el Líbano. Si continúan así las cosas, los magistrados y los fiscales tendrán trabajo.
También escasas horas después del asesinato de Gemayel, hombres armados disparaban contra las oficinas en Beirut del ministro de estado para asuntos parlamentarios, Michel Pharaon, otro destacado cristiano en el ejecutivo libanés, esta vez, ortodoxo griego, en el mismo frente antisirio que sus colegas católicos maronitas. La prensa libanesa no abiertamente prochiíta se pregunta si el país se enfrenta a un golpe de estado impulsado a base de asesinatos mientras recuerda, con agria ironía, que "quedan dos ministros más que dimitan o sean muertos para derribar al gobierno antisirio" nacido de las urnas.
Hezbollah llevaba semanas amenazando con “derribar” al gobierno libanés si no se le daba más poder. Primero, amenazó con disturbios en las calles. Después, Nasrrallah se permitió dar un ultimátum que terminaba el 13 de noviembre, ultimátum que más tarde se retiró en una secuencia de hechos que terminó con la salida del gobierno libanés de cinco ministros chiítas y con la calificación de “ilegal” del gobierno de Siniora.
Más Teherán en Beirut
Desde Irán, medios de comunicación próximos al Líder Supremo, Ali Jamenei, ya instaban por entonces a que el balance del gobierno libanés debía inclinarse hacia el lado chiíta mientras, en plena insurrección civil alentada por Hezbollah, el propio portavoz del parlamento libanés clamaba por una papel más activo de Irán en el Líbano y Nasrrallah profetizaba que pronto habría un nuevo gobierno en Beirut.
Es un ‘déjà vu’ de lo sucedido en pasadas décadas del atormentado Líbano, donde el enfrentamiento de civilizaciones y religiones se manifiesta en forma de guerra civil. Un ‘déjà vu’ desde que en junio de 1976 las tropas sirias entraran en el país con el pretexto de reestablecer la paz en los primeros choques entre facciones y ampararan, en años siguientes, el hostigamiento de los palestinos a Israel desde el sur libanés, convertido ya en un estado oficioso dentro de un estado oficial, el estado chiíta que terminaría siendo gobernado por Hezbollah.
Esta vez, Israel al margen
La declaración de “guerra de liberación” contra las tropas sirias lanzada en 1989 por las falanges cristianas aún está siendo respondida a tiros o a bombazos en las personas de altos políticos maronitas. Sin embargo, todo apunta a que, esta vez, los movimientos de Siria y de Hezbollah mantendrán al margen a Israel en su ajedrez de dominio de la zona.
Se trataría de facilitar la penetración política de Irán, que, en principio, no debería verse envuelto en ningún embarazoso y comprometedor roce con el archienemigo dentro de su política de extensión de influencia directa en el Próximo Oriente, con una Siria que, para rematar la tenaza, acaba de reestablecer las relaciones con Irak tras veinticinco años de ruptura, amparada en la quizás inocente invitación de Londres y Washington -ambas capitales ahogadas por la impotencia del "desastre" reconocido por Blair- de que tanto Teherán como y Damasco se impliquen en la, por ahora, imposible solución del caos iraquí. Los clérigos musulmanes iraníes coordinados con Assad están aprovechando a fondo la oportunidad.
Por el momento, Israel sigue rumiando su semiderrota en la guerra mientras abre una investigación sobre la utilización de bombas de racimo por su propio ejército. En el otro lado, la estrategia de los escudos humanos civiles no sólo no se ha detenido sino que ha sido contagiada a los palestinos de Gaza con la extensión de la influencia de Hezbollah en la Franja, desde que sus milicianos escaparan hace unos días de un cerco israelí amparados en una turbamulta de mujeres y, alguno de ellos, corriendo mientras se recogían las faldas con las que se camuflaron en la huída.
