Ratzinger, en la falla del Choque de Civilizaciones: Turquía colisiona con Occidente en el Vaticano, con Europa en Chipre, y consigo misma en su propio laicismo oficial
XHoras después de que el primer ministro turco Recep Tayyip Erdogan dijera en la RAI que el islam nunca insulta a otras religiones, algunos de entre las decenas de miles de turcos que se manifestaban el domingo contra la visita del Papa disfrazaban al Pontífice de cerdo sanguinoliento y de cruzado conquistador pero también portaban pancartas con la inscripción “Estambul no es Constantinopla”. Descrita hasta el tópico como puente entre dos civilizaciones, y con la Basílica de Santa Sofía como símbolo que pisará el Papa, la ciudad parece haberse convertido hoy en el centro simbólico de su choque, en especial para una Turquía que mira a un pasado más allá de la revolución laica de Ataturk. Cuando se acaba de conocer que en los próximos días se subastará el sello imperial del último sultán otomano, Mehmed VI, hay observadores que se atreven a cuantificar en un “cincuenta por ciento” las posibilidades de que el próximo año se produzca un golpe de estado en Turquía por parte de un ejército que sigue viendo con desasosiego cómo un estado oficialmente laico está cada vez más tomado por un islamismo militante y agresivo.
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Hay quien podría pensar que, tras el discurso de Ratisbona, cualquier día sería malo para el aterrizaje de Benedicto XVI en Turquía. Error. Las cosas siempre pueden ir a peor. Si el ejecutivo turco promotor de la Alianza de Civilizaciones no estaba ya suficientemente tenso e insultante con sus denuncias sobre las supuestas ofensas al islam lanzadas por el Papa, las cosas han ido a mucho peor en horas desde que ayer se rompieran las negociaciones con la Unión Europea en torno al reconocimiento de Chipre. Y ambos temas, están íntimamente unidos en la estrategia exterior del ejecutivo turco.
Chipre hunde las negociaciones
Y es que la presidencia finlandesa se ha dado por vencida ante la rotunda negativa turca a abrir sus puertos a los barcos chipriotas. Cinco meses de intensas negociaciones han terminado en rotundo y absoluto fracaso como se reconoce desde la prensa turca. Es más: el ministro finlandés de asuntos exteriores daba ayer por cerrado el tema en el actual turno de presidencia de la Unión al afirmar que “desgraciadamente, hemos llegado a la conclusión de que, en este punto, las circunstancias no permiten alcanzar un acuerdo durante la presidencia finlandesa”.
Mal asunto, puesto que toda la estrategia ‘alianzo-civilitatoria’ lleva como único punto de partida mostrar una cara conciliadora y amable con que disolver las enormes resistencias europeas a la integración de Turquía en la Unión. Ahora, con las negociaciones rotas, Erdogan tendrá menos ataduras para mostrar al bloque islámico su más radical intransigencia ante unos europeos encerrados en su ‘club cristiano’ y cuyo símbolo llega hoy disfrazado de lo que, para muchos turcos -encabezados por su islamista gobierno- no es más que un nuevo cruzado invasor.
Turquía, "hacia el golpe de estado"
Todo este entorno está poniendo cada vez más nervioso al ejército del país, oficialmente el garante de la laicidad salida de la precaria occidentalización llevada a cabo por Ataturk y que, a la vez, ve cómo la ‘turqueidad’ amenaza con disolverse ante los embates democratizadores y occidentalizadores del ejecutivo en su deseo de agradar a la Unión Europea.
En este sentido, el semanario Newsweek incluye en su próximo número un inquietante análisis del experto del Hudson Institute, Zeyno Baran, en el que se profetiza cómo hay un “cincuenta por ciento” de posibilidades de que el próximo año el ejército dé un golpe de estado para reconducir una situación en la que Baran ve inquietantes similitudes con la que se producía hace una década en el país, cuando los militares cortaron por lo sano el gobierno islamista de Necmettin Erbakan.
Conversos cristianos, 'traidores'
Los signos en el país son muy contradictorios pero lo que sigue planeando por encima de la ‘democracia’ regida desde Ankara es el desgraciadamente famoso Artículo 301 del Código Penal turco, cuya contundencia ya han probado decenas de periodistas, intelectuales y escritores, entre ellos, el reciente Premio Nobel de Literatura, Orhan Pamuk. Sin embargo, no es necesario ser hombre o mujer de letras para sentir en la nuca el ardiente aliento del 301.
Dos conversos cristianos turcos están siendo juzgados estos días bajo la acusación de haber insultado a la ‘turqueidad’ e incitar al odio religioso contra el islam. Los fiscales afirman que los conversos vejaron la fe musulmana al asegurar que se trataba de una religión “primitiva e inventada” y que los turcos seguirían siendo unos “bárbaros” mientras la siguieran. Además, la acusación también apunta que los dos hombres se pronunciaron contra el servicio militar obligatorio y que tenían datos sobre personas que posiblemente también desearan convertirse al cristianismo. Nueve años de cárcel les puede caer si son declarados culpables.
Profesor liberal "herético"
Considerado por las organizaciones internacionales de derechos humanos como una permanente guillotina sobre la libertad de expresión en Turquía, el artículo 301 del Código Penal castiga cualquier crítica a la “turqueidad” (sic) o a las propias instituciones del estado. En este sentido, no sólo los conversos cristianos están probando la implacable dureza de la supuesta libertad de expresión turca. En el país no sólo no se puede criticar al islam sino que, por las mismas razones, tampoco se puede levantar la más mínima objeción sobre el propio Ataturk.
Si no que se lo digan al muy conocido profesor liberal, Atilla Yayla, calificado de “herético” y suspendido de su puesto en la Universidad de Gazi entre furibundos ataques de la prensa turca por afirmar que la era del fundador de Turquía fue de regresión y no de progreso, y que pocos en la Unión Europea podrían entender la enorme cantidad de estatuas de Ataturk repartidas por todo el país sobre inscripciones que le califican de “nuestro ensalzado líder”.
Encuentro de pasillo de aeropuerto
Finalmente, como adelantaba ayer NUEVO DIGITAL en las primeras filtraciones recogidas por la prensa turca, el primer ministro Erdogan se reunirá con el Papa en el mismo aeropuerto de Ankara. La entrevista será breve y prácticamente de pasillo, con el explícito deseo turco de desairar a un visitante para el que, no obstante, van a poner en marcha un dispositivo de seguridad más potente que el dispensado al mismísimo presidente estadounidense, George Bush.
Un turco fue quien casi mata a Juan Pablo II y turcos son quienes se levantaron con el liderazgo mundial en las nuevas manifestaciones de ira musulmana que siguieron a una referencia histórica realizada en un discurso académico por el sucesor del pontífice polaco. Islam, laicidad, Chipre, Unión Europea, ejército, libertad de expresión... edificios que pueden mezclar sus ruinas cuando el ‘nuevo cruzado’ cristiano pise un país que añora el poder musulmán de un imperio otomano que llegó a las puertas de Viena.
