NUEVO DIGITAL Internacional - Benedicto XVI cede en todos los frentes – Erdogan: El Papa apoya la entrada de Turquía en la Unión Europea y "comparte" que el islam es "una religión de paz y tolerancia"
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Benedicto XVI cede en todos los frentes – Erdogan: El Papa apoya la entrada de Turquía en la Unión Europea y "comparte" que el islam es "una religión de paz y tolerancia"

Benedicto XVI cede en todos los frentes – Erdogan: El Papa apoya la entrada de Turquía en la Unión Europea y "comparte" que el islam es "una religión de paz y tolerancia"

29.11.06 • 06:21 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Durante el pasado fin de semana, Turquía incrementó su presión sobre el viaje del Papa. Cuando amanecía el lunes en Europa y aún quedaba un día para que Ratzinger despegara desde Roma, en Ankara ya se estaba marcando con claridad el territorio. Según avanzaba Nuevo Digital recogiendo oscuras y oblícuas referencias de los dirigentes políticos y religiosos turcos, Benedicto XVI debería arrepentirse de sus dos posiciones más dañinas respecto al país asiático: su oposición al ingreso turco en la Unión Europea que estableció de forma contundente en 2004 cuando aún era cardenal y la referencia al islam como una religión violenta y conquistadora que deslizó en su discurso de Ratisbona citando a un emperador bizantino. De ambas cosas se ha retractado Ratzinger. Al menos, según el primer ministro Erdogan. Y malamente le va a desmentir el Papa en puntos tan extremadamente delicados. Horas después de que Benedicto XVI virara en sus posiciones ante la encerrona turca, el máximo responsable religioso del país, el virulento muftí Ali Bardakoglu, aún responsabilizaba al Pontífice de alentar la “islamofobia”.

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Bardakoglu acababa de entrevistarse con un Benedicto XVI que también acababa de admitir por su parte la naturaleza “pacífica y tolerante” del islam, según el primer ministro turco tras una entrevista en el aeropuerto que se planteó como una encerrona de declaraciones indirectas que el Pontífice nunca podría desmentir. Sin embargo, más allá de la habilidad de Erdogan para plantear cuestiones con respuesta inducida y negativa imposible (¿podría Ratzinger negar ahora explícitamente que se haya mostrado de acuerdo con Erdogan en que el islam es “una religión de paz y de tolerancia”?), lo cierto es que, bajo presión turca, la diplomacia de San Pedro ya estaba dando la vuelta al calcetín durante el fin de semana.

El islam, "pacífico y tolerante"

Por entonces, Federico Lombardi, nuevo portavoz vaticano, enviaba un claro mensaje conciliador a Ankara al establecer, en declaraciones a la agencia oficial estatal turca, que “si Turquía cumple con sus obligaciones y con los requerimientos de los criterios de la Unión Europea, ¿por qué no debería convertirse en un miembro de pleno derecho de la Unión Europea?”.

Muy lejos quedaba la contundencia del aún ‘sólo’ cardenal y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, Joseph Ratzinger, en declaraciones a Le Figaro en 2004 cuando afirmaba cómo "en el curso de la historia, Turquía siempre ha representado un continente diferente, en permanente contraste con Europa", y declarándose, por ello, a favor de que el país asiático "pudiera intentar establecer un continente cultural con los países vecinos árabes y convertirse en la principal figura de una cultura con su propia identidad" fuera de una Europa a la que nunca perteneció y contra la que, por el contrario, siempre había luchado.

También durante el fin de semana, el máximo responsable religioso turco, Ali Bardakoglu, apretaba las tuercas en el tema de su competencia, una vez que el brazo secular marcaba condiciones en su asalto a la Unión Europea. El muftí sugería -es decir, 'exigía' en términos más suaves de los que su violenta retórica suele utilizar- que Benedicto XVI declarara formalmente al islam una religión “pacífica”. Y, para asegurarse la declaración, y según ha reconocido el propio Erdogan, el propio primer ministro afirmaba en presencia del Pontífice esa naturaleza “pacífica y tolerante” del islam, a lo que, con claridad, Ratzinger tampoco podía oponerse. La operación se había culminado y el Papa se ponía a los pies de las exigencias políticas y religiosas turcas.

El Papa, "islamófobo"

Aun después de todo esto, Bardakoglu todavía insistía, a metros del Papa, en que los líderes religiosos deberían actuar con “responsabilidad” y no utilizar “las diferencias para encontrar nuevos seguidores para sus propias religiones”. En este sentido, el muftí volvía a insistir en que declaraciones como las del discurso de Ratisbona fomentaba la “islamofobia”. Por su parte, el Papa pedía libertad religiosa en Turquía para otras religiones pero, en ese contexto, sus palabras casi sonaban a un sarcasmo cuando él mismo estaba siendo sometido a un estrecho cerco.

Mientras tanto, en Turquía seguía doliendo el pronóstico de un experto en Newsweek que predecía, “al cincuenta por ciento” de posibilidades, un golpe de estado militar el próximo año en el país asiático como consecuencia de la inquietud en el ejército por la deriva islamista del gobierno de Erdogan. Según el primer ministro turco, Turquía ya había dejado atrás los pasados intentos militares por tomar el control y, además, el autor de tan inquietantes premoniciones no había contado con que el país se encuentra ya bajo el imperio de la democracia, los derechos humanos y el imperio de la ley.

Negociaciones UE: ¿Crisis? ¿Qué crisis?

Pero Erdogan también negaba que se hubiera producido una crisis con la Unión Europea después de que la presidencia finlandesa diera por rotas las negociaciones tras la negativa turca al reconocimiento de Chipre. En reafirmación de tan cuestionable optimismo llegaba el propio portavoz del gobierno turco, Cemil Cicek, quien aseguraba, tras una reunión del consejo de ministros del país, que el reconocimiento de Chipre no es un prerrequisito para la integración turca en la Unión.

En Alemania, Angela Merkel opinaba algo totalmente distinto. La canciller,-bestia negra de Turquía en su camino hacia Bruselas- negaba que se pudiera seguir con ningún tipo de negociaciones mientras no existiera la apertura de los puertos turcos a los buques grecochipriotas y volvía a sugerir la -para Turquía, odiada- fórmula de una “asociación privilegiada” con la Unión en lugar de una plena integración.

En cualquier caso, el escepticismo político en torno al resultado final de los embates turcos por acceder a la Unión Europea sin quedar como un traidor ante su propio país -o como un apóstata ante la comunidad musulmana mundial- tiene un reflejo en las escasas perspectivas que el viaje del Papa lleva al posible entendimiento entre religiones.

Al menos, los lectores de Al Jazeera, en una encuesta no científica, consideran en un 50 por ciento que la visita de Ratzinger a Turquía no mejorará las relaciones entre cristianos y musulmanes. Y ello, a pesar del tono extremadamente conciliador de un Benedicto XVI que ha pronunciado las palabras que sus duros y correosos anfitriones siempre quisieron oír y a las que ahora se aferrarán en su previsiblemente reforzada acción diplomática internacional.



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