El socialista Deniz Baykal, líder de la oposición turca, califica la visita del Papa como una “provocación deliberada” y compara a Ratzinger con los dirigentes de Hamas
XSorprende la cantidad de ‘sensibilidades’ irritadas por la visita del Papa a Turquía a pesar de que el contundente y firme cardenal Ratzinger se haya disuelto en un pontífice que, como resumen bien algunos medios internacionales, pone la otra mejilla a las exigencias de unos anfitriones que le desairan en cuanto pueden. Desde el islamismo democrático de Erdogan a una Al Qaeda que acusaba ayer a Benedicto XVI de ser parte de “una campaña de cruzados” contra el islam, tampoco la izquierda socialista turca en la oposición anda muy diplomática en las calificaciones. En declaraciones de una sorprendente inmadurez para el líder del principal partido de la oposición, el actual máximo dirigente del CHP, Deniz Baykal, dudaba de que la visita del Papa no fuera sino una “deliberada provocación” mientras el acontecimiento le recordaba “los días en los que el líder de Hamas venía a Ankara”.
Seguimiento:
El Cumhuriyet Halk Partisi (CHP) o Partido Popular Republicano es la más antigua formación política del país y fue creada por el mismísimo Mustafa Kemal Ataturk, fundador de la moderna Turquía. De inspiración socialdemócrata y perteneciente a la Internacional Socialista, su actual líder es un muy destacado político turco, Deniz Baykal, quien se considera heredero del poderoso Bülent Ecevit, el hombre que intentó compaginar en los setenta el socialismo con el virulento nacionalismo turco.
Según algunas interpretaciones, el CHP, por su oposición al islamista Partido de la Justicia y el Desarrollo actualmente en el poder, es visto no sólo como el auténtico defensor de la fundacional laicidad turca del padre de la patria turca sino como el amparo de las minorías alevi, cristiana y judía. Sin embargo, pocas palabras de bienvenida han salido de la boca del líder del CHP respecto al Papa. Por el contrario, y según recogía ayer el Hürriyet, el diario más leído en Turquía y de inspiración laica, para Deniz Baykal, la visita de Benedicto XVI le recordaba “los días en los que el líder de Hamas venía a Ankara”.
El Papa y "los líderes de Hamas"
En un discurso ante su partido, el principal hombre de la oposición turca añadía: “Incluso si lo que vemos no es una provocación deliberada, el momento (para la visita del Papa) es equivocado y muy desafortunado. Las autoridades no han encontrado un mejor momento para esta visita. Me recuerda a cuando el líder de Hamas venía a Turquía. Por alguna razón, esta administración no sabe qué hacer y cuándo hacerlo en relación con los visitantes extranjeros. Esta visita debía haber sido concertada como una ocasión en la que no se dañara la imagen de Turquía y en la que (la visita) se hubiera desarrollado con serenidad”.
Mientras tanto, el portavoz vaticano, Federico Lombardi, denunciaba las amenazas de Al Qaeda contra el Papa y destacaba “la urgencia y la importancia de un compromiso común de todas las fuerzas en contra de la violencia”. “También demuestra lo necesario de que las distintas fes digan ‘no’ a la violencia en el nombre de Dios”, concluía Lombardi. El comunicado de Al Qaeda afirmaba que “la visita del Papa, de hecho, (está destinada a) consolidar la campaña cruzada contra las tierras del islam tras el fracaso de los líderes cruzados (...) y es un intento por extinguir las ardientes brasas del islam dentro de nuestros hermanos turcos”.
Suspensión "inaceptable"
Sin embargo, los 'hermanos turcos', al menos los del poder, tenían ayer otras preocupaciones no sólo más laicas que las condenas de las semanas anteriores contra el discurso del Papa en Ratisbona sino mucho más políticas y directas que los gruñidos religiosos de Al Qaeda.
Erdogan ya se olvidaba ayer de Benedicto XVI para hacer pie en la más firme tierra de la política –asentada, sin embargo, en sus etéreas pero estratégicas alianzas de civilizaciones y religiones- para montar en cólera por la suspensión de un amplio abanico de negociaciones sectoriales abiertas con la Unión Europea tras la intransigencia turca a la apertura de sus puertos y aeropuertos a los barcos y aviones chipriotas.
En este entorno, el primer ministro turco calificaba de “inaceptable” la propuesta de la Unión Europea de suspender las negociaciones en ocho de las treinta y cinco áreas políticas abiertas, entre ellas, las de libre movimiento de bienes, transporte, aduanas y relaciones exteriores, precisamente las más cruciales en todo el paquete negociador que sólo ha logrado, hasta ahora, cerrar una ‘especialidad’, la irrelevante de 'investigación científica'.
Chipre, nada de nada
En un tono mucho más conciliador que la ira mostrada ante la televisión turca, Erdogan manifestaba después que confiaba en que no se produjera una “suspensión” negociadora sino una “ralentización” aunque dejaba claro una vez más que la posición turca en torno al tema chipriota continuaría “en la misma dirección” a pesar de que el objetivo más importante en su persecución de un asiento en Bruselas era “subir el nivel de vida” turco.
El Reino Unido de Blair, el más sólido valedor europeo de una Turquía comunitaria, pero también los gobiernos socialdemócratas de la ‘alianzocivilitatoria’ España más Italia consideraban la suspensión de negociaciones como un movimiento demasiado severo que, sin embargo, será recogido no sólo con alivio sino también con regocijada esperanza en Alemania o Austria. Para Blair sería un “grave error” el enviar la “señal equivocada” a Ankara sobre sus aspiraciones a la Unión.
La OTAN apoya la Alianza de Civilizaciones
El ministro británico incidía precisamente en el núcleo del debate en torno a una posible Turquía comunitaria: “En Europa, hoy nos enfrentamos a una división entre las consideraciones políticas de corto plazo y los intereses estratégicos a largo plazo en Europa y en todo el mundo, que es tener a Turquía dentro de la Unión Europea”.
Sin duda, desde Viena o desde Berlín –pero también desde París-, esa aguda llamada al combate entre el corto y el largo plazo habrá sido vista de forma totalmente opuesta a como el líder laborista la veía inmersa en el paquete envenenado que Europa se ha regalado a sí misma con la invitación turca al que desde Ankara se sigue calificando, provocativamente, como ‘club cristiano’. Mientras, en un sorprendente sarcasmo convertido casi en una pirueta histórica, la Alianza Atlántica apoyaba ayer formalmente la iniciativa de la Alianza de Civilizaciones.
