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De Al Ándalus a Irak: El mito de un nuevo ‘califato’ internacional se refuerza con la “diáspora” de los musulmanes en Europa

De Al Ándalus a Irak: El mito de un nuevo ‘califato’ internacional se refuerza con la “diáspora” de los musulmanes en Europa

14.12.06 • 05:34 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Pocos analistas en su sano juicio (analítico) defenderían la posibilidad -no ya inmediata sino futura o, incluso, remota- de un califato que uniera varios estados musulmanes bajo una misma nación de gobierno teocrático, más allá de las bravatas de Al Qaeda jurando que “liberará” la “tierra islámica” bajo dominio “cruzado” desde “Al Andalus hasta Irak”. Sin embargo, en paralelo, el sueño de la resurrección de los califatos históricos -rodeados de leyenda y misticismos varios en los que el sufismo se confunde con mucha película de Hollywood (Rambo, incluído, =trailers, vídeo= en su fugaz alianza con unos valientes, caballerosos y apuestos mujaidines afganos contra los ocupantes soviéticos)- ha venido a sustituir en las fantasías musulmanas unas utopías que se habían abandonado con el declive del panarabismo de los años cincuenta y sesenta del siglo pasado. Las modernas comunicaciones y la masiva emigración musulmana hacia Europa hace revivir el sueño de un ‘califato virtual’ que se mezcla con ensoñaciones de pasadas y supuestas glorias, y que se refuerza en ‘revivals’ de modas como la de la cultura andalusí y sus mitos sobre las grandezas y tolerancias de un territorio como el de Al Ándalus que millones de musulmanes consideran aún robado a la sumisión a Alá.

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Si la cultura andalusí se ha convertido en un nuevo referente mítico para las comunidades musulmanas más ideologizadas por el islamismo, el sueño de un futuro califato ha saltado desde los secretistas interiores de incendiarias mezquitas en todo el mundo hasta las más modernas manifestaciones de la cultura popular contemporánea, incluida la del rap. Más allá de las versiones edulcoradas sobre los “valores positivos” del islam que se pretenden colar en torno a lo que estaría transmitiendo la cultura hip-hop musulmana, lo cierto es que los grupos que triunfan entre millones de jóvenes musulmanes en todo el mundo no destacan precisamente por su moderación ni por sus ansias de pacífica convivencia.

El 'rap califal' del odio

Según informaba Nuevo Digital hace poco más de un mes, la inteligencia estadounidense ha advertido reiteradamente a sus colegas europeos sobre el veneno de odio y resentimiento que varios grupos de ‘rap musulmán’ están extendiendo con total impunidad hacia quienes califican como “infieles”. Uno de los grupos más conocidos es el que lleva un nombre tan descriptivo como Soldiers of Allah, defensores en sus canciones -por ejemplo, en la titulada “Reintroducid el islam” (“Bring back islam”)- de la necesidad de un “califato”.

Aunque la traducción provoca el destrozo de las repetitivas y machaconas rimas de los raps, el siguiente es un fragmento de "Bring back islam", una canción que escuchan y se pasan con avidez millones de jóvenes musulmanes de todo el mundo: “Sin califato, ¿a dónde vamos? (...). Lejos de esta intriga de infieles, traed de vuelta al islam. Vamos a unir a la ummah, que siga sólo al Corán y a la Sunnah. Incluso si todos los infieles se unieran, tampoco podrían entonces detener a la ummah. Amamos al islam más que a la vida”.

"Reino de la blasfemia", "perros en los tronos"

Aunque Soldiers of Allah ya se ha disuelto, queda en plena acción Blackstone (“Piedra Negra”, en referencia a la Kaaba de La Meca), grupo que clama en sus letras por la instauración de un califato que sustituya al “reino de la blasfemia” y a los “perros en los tronos”, forma poco “positiva” -en especial, para un musulmán- de denominar a los gobiernos democráticos occidentales.

El mismo Internet por el que millones de jóvenes musulmanes en todo el mundo se intercambian las incendiarias letras de los grupos de rap califales sirve también para crear en la parte más comprometida y ‘moderna’ del islamismo mundial la ilusión de un califato virtual que reúna en una umma electrónica y fraternal a la “diáspora” musulmana de la emigración, y que lo haga allí donde se muestran incapaces de conseguirlo las graves diferencias políticas internacionales y las feroces divisiones religiosas entre sectas islámicas, cotidianamente implicadas en sus apocalípticos baños de sangre. Y no sólo en Irak.

Al Sur de Europa, en el norte de la África musulmana, el salafismo responsable de la matanza del 11-M sigue fascinando a los jóvenes musulmanes, en especial magrebíes, y no sólo a los marroquíes, sino también a los españoles de pasaporte que se sienten nacidos en territorio infiel y enemigo, y que, incluso dentro del ejército español, tienen otras fidelidades muy distintas a las juradas ante la bandera del país que les acogió.

Hizb ut-Tahrir, califato de Londres a Ankara

Cada pocas semanas, la policía española interviene en células prototerroristas musulmanas dispuestas a la 'acción' y al 'martirio' en una actividad de odio hacia España que se suponía debía haber desaparecido con la retirada de tropas de Irak, según la versión de la izquierda española en su toma del poder en Madrid, pero que, por el contrario, lleva sus miradas mucho más allá de los conflictos regionales coyunturales, hacia una tierra islámica reunificada de nuevo que olvide la humillación del retraso de Alá frente a las gigantescas pantallas televisivas de plasma de los infieles cruzados que también codician los apóstoles del rencor.

Una mayoría de la población musulmana del Reino Unido preferiría vivir antes bajo la ley islámica de la sharia que bajo la legislación democrática del estado británico. En ese contexto, el gobierno de Blair se plantea ilegalizar a los ‘grupos del odio’ que, amparados en la suicida tolerancia multicultural de Occidente, preconizan la propia destrucción del sistema que los protege para difundir sus mensajes de rencor.

Organizaciones como Hizb ut-Tahrir no sólo defienden a plena luz del día la “destrucción” del Reino Unido y de Occidente en su conjunto, sino la instauración de un califato universal que extiende ya sus ramificaciones organizativas a una Turquía candidata a la Unión Europea y donde el ejército, garante del laicismo de Ataturk, se está poniendo cada vez más nervioso ante el acoso combinado de islamistas moderados y radicales.

"Sevilla, la novia de Al Ándalus"

Varios expertos consultados por Reuters en una reciente información sobre las posibilidades de una nación política musulmana internacional incidían en que grandes organizaciones como los Hermanos Musulmanes “han preferido no concentrarse en el objetivo de un califato”.

Sin embargo, lo cierto es que tanto éstos como organizaciones aparentemente más concentradas en sus luchas regionales como Hamas o Hezbollah, siguen defendiendo con ardor la idea de una tierra musulmana unida que debería incluir Al Ándalus, y así se lo transmiten a sus niños a través de Internet, tanto los Hermanos Musulmanes como el Hamas palestino (1: "El Paraíso Perdido" - 2: "Sevilla, la novia de Al Ándalus"), ambos entre grandes alabanzas del ‘martirio’ contra unos infieles cruzados que ocupan un mundo que, para ellos, antes o después acabará sometido a Alá: por las buenas de la ‘conquista por los vientres (femeninos)’ que profetiza Gadafi y que ya tiene ‘fecha’ propia para la declaración de un “califato de Moscú” o... por las malas de ‘la espada’ que ya denunció un emperador bizantino medieval, repentinamente puesto de moda en los últimos tiempos.



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