La imagen de Turquía, la imagen del islam: Trabajadores de las Líneas Aéreas Turcas sacrifican un camello en plena pista del aeropuerto internacional de Estambul para celebrar la retirada de unos aviones problemáticos
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En el peor momento, la peor imagen. Las fotos muestran primero a un camello vivo siendo descargado de un camión. Después, un amasijo de carne con los aviones al fondo en medio de una pista bañada en sangre que los medios han comenzado a velar, púdicamente, en las imágenes. Bienvenidos al aeropuerto internacional de Estambul. Y todo porque los técnicos de las Líneas Aéreas Turcas (THY) estaban exultantes después de librarse de una problemática flota de aviones y había que agradecérselo a Alá. Sin embargo, ahora el gobierno esconde la cara de vergüenza y la oposición está furiosa: “¿Es este brutal hecho algo que sirve a la imagen de una Turquía contemporánea en su camino a la Unión Europea?", se preguntaba un diputado. Mal día para cuestiones de ese tipo, con el consejo de ministros de la Unión reunido en Bruselas en pleno proceso de carpetazo a Turquía y con un Erdogan acallando como puede los cada vez más intensos rumores sobre el nerviosismo del ejército por las concesiones en el tema de Chipre que, por otra parte, son por completo insuficientes para Bruselas con el fondo de un intransigente líder turcochipriota enrocado en la obstinación. Y, como fondo del escándalo del camello sacrificado, cada vez más líderes de opinión preguntándose no sólo por la imagen de Turquía sino por la del islam mismo, con tanta frecuencia empapado en sangre.
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En realidad, mal día para todo. No sólo para quienes negocian en Bruselas o para los más avanzados y muy minoritarios musulmanes que desean separar a su religión de la siniestra imagen del constante derramamiento de sangre, humana o animal. Mal día incluso para las propias Líneas Aéreas Turcas, que ven cómo el tema del sacrificio del camello da la vuelta al mundo mezclado con noticias sobre aviones inseguros. Y ello, a escasos días de que la THY fuera aceptada en la Star Alliance, grupo de aerolíneas liderado por Lufthansa y con muchos grandes nombres de aerolíneas de bandera en su seno a quienes no gustará verse relacionadas con los técnicos turcos de mantenimiento, agradecidos matarifes en sus celebraciones de la gestión de la flota.
De la maldición de los RJ100 al camello
Sin embargo, esta vez, en la repentina aparición de la ‘Turquía profunda’ en medio de los hangares de un aeropuerto internacional como el de Estambul, no hubo intención de provocar daño. Ni desafío alguno a nada. La compañía turca había sufrido lo suyo con una pequeña flota de once RJ100, un pequeño avión de fabricación británica que no sólo había dado constantes problemas técnicos sino que había terminado siendo retirado del servicio tras un grave accidente en 2003 en el que murieron 75 personas.
Se trataba del tercer siniestro en el que se veían envueltos los RJ100 desde 1998, ya entonces con un largo historial de averías y problemas desde que los aparatos llegaron a la flota de la THY en 1992. En medio de una feroz resistencia de los británicos a reaceptar los aviones en todos esos años, la compañía turca no había cejado en su empeño de deshacerse de ellos. El otro día, lo consiguieron con el último.
El júbilo estalló en los hangares del Aeropuerto Internacional de Atatürk, el que da servicio a la hiperturística antigua Constantinopla. Los técnicos de mantenimiento no se podían creer que, por fin, se hubieran librado de ‘todos’ los RJ100. A uno de los directivos se le ocurrió la idea: convocar una colecta para adquirir un carnero o un cordero y celebrar un sacrificio bajo el rito islámico. En la discusión, alguien apuntó que eran muchos para repartir después la carne, según la costumbre. Solución: comprar un animal grande. Pero grande de verdad. Un camello.
Pistas empapadas en sangre
En una escena digna de Orhan Pamuk (quien acaba de regresar a Estambul tras recibir el Nobel de Literatura en medio de encendidas alabanzas nacionalistas a la "gran cultura turca") y sus descripciones de la esquizofrenia occidental/oriental de la sociedad turca, el animal que iba a pagar el pato de los aviones problemáticos fue descargado de un camión en las pistas del aeropuerto, en zona de mantenimiento, en medio de la sonrisa satisfecha de personajes de traje y corbata que también iban a participar de la fiesta. El camello costó 5.000 nuevas libras turcas, al cambio, casi 2.700 euros.
Se repartieron entre todos unos 735 kilos de carne. Sin embargo, cuando a los pocos días, dos periódicos turcos publicaron las primeras noticias sobre el baño de sangre aeroportuario, el camello, ya en lonchas, se tomó la revancha. En horas, el jefe de mantenimiento de la THY era despedido en lo que muchos medios turcos no pudieron evitar caer en el chiste del sacrificio del técnico al camello. A partir de entonces, del ministro de transportes al propio presidente de la THY la furia se contuvo malamente en las declaraciones.
"Una mente anclada en el pasado"
"No se puede culpar a una organización entera por el error de un colega cuya mente se encuentra aún en el pasado", decía, desolado, el ministro, en relación al eufórico jefe de mantenimiento que se había librado del último RJ100 y había decidido dar la gracias a todo lo divino por todo lo alto.
Los políticos y medios no sólo reconocían esconderse debajo de la mesa con la imagen que había dado una Turquía que se pretende moderna, como se repite, con latiguillo constante, en el país empeñado en asaltar Bruselas. Además, la polémica salpicaba a los propios ritos islámicos en sí mismos, empapados de sangre hasta en unos sacrificios rituales que hace siglos se olvidaron en otras religiones con las que pretende igualarse en el orbe occidental.
¿Hay que sacrificar los sacrificios?
“¿Es el sacrificio un auténtico deber islámico?”, se preguntan las voces más avanzadas en Turquía. La polémica se ha recrudecido con las fechas, puesto que el incidente del camello aeroportuario se producía a escasos días de la Fiesta del Sacrificio del Cordero, que también, en sí misma, se encuentra sometida a cada vez más crítica en círculos islámicos de creciente cuestionamiento de unas costumbres que se consideran propias de tribus de desierto de hace quince siglos.
Reformistas turcos sugieren que, en vez de pagar por el animal que se sacrificará a Alá como agradecimiento y como ruego de protección, el dinero debiera ser empleado en la ayuda directa a los pobres, sustituyendo con la limosna monetaria el reparto de una parte de la carne a los desfavorecidos que ordena el Corán.
Además, historiadores y religiosos islámicos turcos apuntan que el sacrificio no sólo no está claramente ordenado por el islam sino que ni tan siquiera los primeros califas lo siguieron. En todo caso, la polémica está abierta en canal y la próxima vez que alguien en el aeropuerto de Estambul desee celebrar compras o retiradas de aviones, propondrá, muy probablemente, la compra de unos humilides pero menos sangrientos aperitivos.
