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Cientos de senegaleses siguen aguardando casi a pie de playa el salto a Canarias a pesar de la muerte de más de un centenar en el último intento

Cientos de senegaleses siguen aguardando casi a pie de playa el salto a Canarias a pesar de la muerte de más de un centenar en el último intento

21.12.06 • 06:16 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Las autoridades de Senegal detienen a varios pescadores por saquear las pertenencias de los náufragos

Las primeras noticias calculaban en unos ochenta emigrantes los que habrían muerto en su intento de alcanzar las Islas Canarias. Sin embargo, en los dos o tres días transcurridos desde que se conoció la noticia, no sólo la cifra de muertos se ha ido incrementando con la resta maldita de los que salieron menos los que regresaron sino que también se ha ido reconstruyendo la miseria de la vida a bordo contada por el escaso par de docenas de frustrados emigrantes que sobrevivieron. Y el drama continuó en tierra. Los pescadores que recogieron a los náufragos pronto pasaron de héroes a villanos. Algunos de ellos están ya en la cárcel por robar, además de los dos motores de la embarcación, el dinero con el que los emigrantes salieron confiados en su aventura. Mientras, los supervivientes hablan de niños y mujeres llorando por la noche en un barco a la deriva sin agua y sin alimentos. Sólo que en el barco no viajaban ni mujeres ni niños.

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“Hermano, esto es duro”, le dijo a Abou Bakari Diallo a través del móvil su hermano embarcado en el viaje maldito, tras una semana en el mar. Varios días después recibió una nueva llamada desde el mismo móvil pero nadie habló. Más tarde, nada. Diallo afirma que su hermano salió con otros dieciocho amigos. Sobrevivieron tres. Entre ellos, no el propietario del móvil ya silencioso para siempre.

El llanto de los fantasmas

Los supervivientes hablan de compañeros de viaje que perdían la razón y se arrojaban al agua; de varios vuelcos tras los que subían cada vez menos pasajeros una vez recuperada la estabilidad de la embarcación; de nada que beber ni comer tras una semana en el mar; de olas de siete metros; y de cómo empezaron a morir uno a uno, y de cómo se iban arrojando los cadáveres al mar tras unas oraciones musulmanas.

Uno de los supervivientes, Bala Diole, de 29 años, decía: “Cuando salimos no había ni mujeres ni niños a bordo. Pero después, cada noche había mujeres y niños llorando en el barco. La gente empezó a saltar al mar”. Diole salió con dos amigos. Uno perdió la razón y saltó al agua. El otro murió de hambre. El viaje duró doce días, con varias roturas de motor y una odisea en su sentido literario más estricto que terminó de nuevo en las costas de Senegal, rescatados los náufragos por varios providenciales pescadores.

En tierra, el saqueo

¿Providenciales pescadores? Eso al menos decían también las primeras crónicas. Pero no las últimas. Al menos tres de los pescadores que recogieron a los exhaustos y fracasados emigrantes ya están en la cárcel acusados no sólo de robar los dos motores de la embarcación sino de saquear las pertenencias con las que los pasajeros habían salido con el fin de empezar lo que se imaginaban como una nueva vida. Entre esas pertenencias, lo que primero desapareció fue, obviamente, el dinero.

Perdieron el que llevaban como reserva para las primeras contingencias en Eldorado que pensaban alcanzar además de los entre 800 y 1.000 euros que pagaron por el pasaje. Cantidades enormes para el país. Los pescadores detenidos se enfrentan a acusaciones de robo, extorsión y denegación de auxilio, delitos que acarrean multas y penas de cárcel de entre cinco y veinte años.

La detención de los pescadores ha originado revueltas entre quienes consideran que es injusta. Según informa la prensa local, fueron precisamente los náufragos quienes acusaron a sus ‘salvadores’, de los que dijero, además, que se mostraron muy agresivos. Tanto, que, según su version, quienes intentaron resistirse al despojo fueron apaleados. Los jóvenes de la zona dejan entrever que será muy difícil que se apresten en el futuro a rescatar a nadie puesto que una simple acusación sirve para encarcelar sin más pruebas.

Cientos ya esperan

Sin embargo, otros jóvenes no temen ni los peligros del mar ni los de tierra. Según informa también la prensa senegalesa, horas después de conocerse el catastrófico viaje y su implacable desenlace, los gendarmes senegaleses detenían a más de setenta candidatos que se aprestaban a iniciar un periplo parecido hacia las Canarias en medio de la no detenida acción de los contratantes de los viajes ilegales, que continúan el reclutamiento de cientos de nuevos candidatos a la emigración ilegal a pesar de las mucho más duras y peligrosas condiciones que el invierno ha puesto en la travesía del océano.

Nada detendrá a los jóvenes senegaleses, en los que se ha instalado una cultura de la emigración a cualquier precio ante la que nada podrán los incentivos de desarrollo en su país, si es que finalmente se producen con la lluvia de millones que desembolsará España. Y menos aun los intentos de regulación emigratoria que se siguen exigiendo y que tampoco nada podrán hacer ante la exigüidad de los 4.000 visados prometidos por España en relación con los miles y miles de jóvenes dispuestos a abandonar el país.

Mientras, se hacen planes en Gambia, otro de los países 'agraciados' con el reguero de dinero que la diplomacia española ha ido dejando por la región en su intento de pagar con euros la menor cantidad posible de emigrantes ilegales arribando a España. La prensa gambiana informa de las discusiones políticas sobre qué hacer con los cinco millones de euros prometidos por Madrid mientras se analiza cómo cumplir con los acuerdos de dedicarlos a microproyectos que animen a los gambianos a permanecer en su país.

Será en vano. Los jóvenes de esa zona del África negra tienen ya en la mente el sueño español y no lo cambiarán por un pequeño negocio de subsistencia en su país. De hecho, lo dicen muy claro. Como mucho, esperarán a que la primavera comienza a calmar de nuevo al Atlántico.



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