El muftí de Australia reclama el país para los musulmanes porque ellos "llegaron con su propio billete de avión" mientras los 'anglos' descienden de "convictos encadenados"
X- Mujeres australianas organizan un desfile de bikinis frenta a la mezquita donde predica al-Halili
- Las organizaciones islámicas de Nueva Zelanda apoyan las exigencias de las mujeres musulmanas del país de bañarse en piscinas separadas
- Las autoridades estudian la autorización del 'burquini', un bañador especial para musulmanas que sólo deja visibles los pies, las manos y la cara
- NUEVO DIGITAL (27/10/06) - "Las mujeres son el arma de Satanás": El líder musulmán australiano califica de "carne" a las mujeres que son violadas por no llevar el velo o no permanecer en sus casas
Llegó de ilegal y pronto se hizo el líder de los musulmanes australianos. Uno de los primeros mensajes que se le recuerdan es el de que “en Australia, la carne de mujer y la de cerdo están muy baratas”. En su sermón de comienzo del Ramadán del año pasado justificó las oleadas de violaciones de mujeres blancas por bandas de musulmanes porque las mujeres sin velo son como “carne” dejada sin protección a los animales. Después, aseguró que sólo se iría de Australia “después de que hayamos limpiado de la Casa Blanca al mundo”. Ahora, en una entrevista para la televisión de Egipto, su país natal, Sheij Taj al-Hilali, muftí de Australia, acaba de afirmar que los musulmanes tienen más derecho a permanecer en Australia que los “mentirosos” blancos porque los primeros “llegaron como personas libres” habiendo comprado sus “propios billetes de avión” mientras los descendientes de los anglosajones nacieron de “convictos” que llegaron “encadenados”. Una de las hijas del líder religioso está casada con un ‘anglo’. Eso sí, converso al islam.
Seguimiento:
La islamización agresiva se extiende imparable por Occidente, incluso por sus más recónditos rincones. Por ejemplo, Nueva Zelanda. La Federación de Asociaciones Islámicas de Nueva Zelanda ha apoyado la idea de grupos de mujeres musulmanas de la isla de Kiwi que exigen piscinas especiales y separadas para ellas. En su opinión, no sólo se trata de que no puedan divertirse bañándose en una piscina pública como los no musulmanes sino que las fieles islámicas están “sufriendo problemas de salud” al no poder ejercitarse.
'Burquini' y ¿Piscinas especiales para blancos anglosajones protestantes?
En los foros abiertos por la prensa neozelandesa, varios lectores critican el apoyo de la izquierda a las exigencias musulmanas preguntándose qué dirían esos mismos políticos si se reclamaran “piscinas para anglosajones blancos protestantes” que no quisieran mezclarse con nativos de color o con personas de otras religiones. Como en el caso del Reino Unido, -donde una piscina ya cierra los domingos para ser utilizada sólo por musulmanes-, las piscinas públicas se están convirtiendo en una de las líneas de frente de las exigencias de instalaciones y servicios separados por parte de la comunidad islámica en varios países.
En este entorno, el desarrollo del “burquini”, un traje de baño especial para musulmanas que sólo deja descubiertos los pies, las manos y la cara (los batines 'estilo burka' que prepara la Seguridad Social británica para musulmanas sólo dejan visible los ojos y las manos) está atrayendo la atención mundial. Sin embargo, el 'invento' no soluciona el problema de la mezcla en las pisicinas con los “infieles” debido a los códigos de vestuario de las instalaciones deportivas, que prohíben, precisamente, la permanencia en ella de personas ‘vestidas’, como lo están, a los ojos occidentales, las recubiertas y honestas damas del ‘burquini’.
"Hombres libres" y "convictos encadenados"
No muy lejos de Nueva Zelanda, la atribulada Australia sigue soportando los permanentes insultos y ofensas de quien la comunidad islámica del país continúa considerando como su líder y muftí. Sheij Taj al-Din al-Hilali, el egipcio que llegó a Australia con un visado turístico y se quedó a vivir allí de ilegal hasta que la generosidad de la democracia del país que tanto desprecia le regularizó la situación, el mismo hombre que justificó las oleadas de violaciones de mujeres blancas por parte de bandas de jóvenes musulmanes porque una mujer que no se cubre o que no permanece recluida en sus habitaciones es como “carne” sin protección dejada cerca de los gatos, ahora afirma que los musulmanes tienen más derecho a permanecer en el país que los descendientes de los ingleses porque los primeros llegaron “como hombres libres” con su “propio billete de avión” mientras los segundos descienden de “convictos encadenados”.
Hilali realizaba estas declaraciones en la televisión de Egipto, su país natal, en el que se encuentra de viaje. El ahora líder íslámico, que antes había militado en los Hermanos Musulmanes, habrá escuchado precisamente en las últimas horas el dramático llamamiento realizado por el propio presidente del país, Hosni Mubarak, a aislar a esa organización islamista al considerarla una amenaza directa e inmediata para un Egipto que corre el riesgo de quedarse aislado política y económicamente ante el temor que inspira la ilegalizada pero tolerada agrupación.
Hilali: los críticos son "racistas"
Hilali no sólo reclamó Australia para los musulmanes sino que acusó a sus detractores de “racistas”, “mentirosos” y “conspiradores” que manipularon sus palabras sobre las mujeres descubiertas. Además, denunció cómo, en su opinión, no hay libertad o democracia para los musulmanes en Australia, los cuales vivirían oprimidos por el “racismo” de los tribunales y de la sociedad blanca en su conjunto.
Las nuevas declaraciones de Hilali también han levantado una nueva oleada de protestas al máximo nivel aunque, muy probablemente, tampoco irán acompañadas de alguna acción concreta en contra del muftí, como sucedió en anteriores ocasiones. El primer ministro, John Howard, que nunca se mordió la lengua en torno a la "incompatibilidad" de una parte de la comunidad musulmana en Australia con los valores democráticos del país, afirma en esta nueva ocasión que las declaraciones del líder musulmán “avergüenzan” mientras sus segundos, responsables de emigración, invitan al muftí a no regresar a un país que tanto le disgusta.
Manifestación de bikinis frente a la mezquita
Pero Hilali ya ha dicho que piensa regresar a Australia a pesar de las invitaciones para que no lo haga. En la polémica ha terciado Malik Islam, nacido de padres anglosajones australianos, pero converso al islam y casado con la propia hija de Hilali. Islam asegura que su suegro tiene derecho a decir lo que le parezca porque Australia “ha combatido en guerras para tener libertad de expresión”. “Nosotros sabemos lo que quiere decir y que no quería ofender deliberadamente a nadie”, aseguraba, abrazado a sus padres blancos y potencialmente descendientes de convictos, el yerno de Hilali, quien luce barba de manual islamista.
Hilali regresará a tiempo de ver cómo un grupo de mujeres ha organizado un desfile de bikinis para el 26 de enero justo enfrente de su mequita en Sydney. En declaraciones al diario panárabe al-Sahrq al-Awsat, Hilali califica la protesta de “una forma de locura” y asegura: “Si creo en el derecho de las mujeres musulmanas a llevar el velo, tampoco interfiero en el derecho de las mujeres de Australia a llevar bikinis”. “Pero es una prenda para llevar en la playa no en una protesta frente a una mezquita”, concluía el líder musulmán.
