NUEVO DIGITAL Internacional - Crecientes tensiones entre sunitas y chiítas en el Medio Oriente: Irán intenta desactivar el progresivo recelo del bloque árabe hacia su agresiva política internacional
NUEVO DIGITAL - Internacional

Crecientes tensiones entre sunitas y chiítas en el Medio Oriente: Irán intenta desactivar el progresivo recelo del bloque árabe hacia su agresiva política internacional

Crecientes tensiones entre sunitas y chiítas en el Medio Oriente: Irán intenta desactivar el progresivo recelo del bloque árabe hacia su agresiva política internacional

18.01.07 • 06:19 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • La interpretación de los acontecimientos regionales en términos religiosos entre chiítas y sunitas lleva a un incremento de la tensión musulman intersectaria
  • Algunos expertos temen una 'balcanización' regional en el Próximo y Medio Oriente basada en el enfrentamiento entre las dos principales ramas del islam

Primero, el enquistado conflicto palestino-israelí -que sigue convulsionando a Israel en su particular Crisis del 98- y, más recientemente, la Segunda Guerra del Líbano, abrieron especulaciones sobre la periódicamente profetizada posibilidad de una unidad de acción de musulmanes sunitas y chiítas en contra del 'enemigo común' Estados Unidos-Israel. Además, en medio del enfrentamiento armado de Tel Aviv contra Hezbollah, la sunita Al Qaeda emitía uno de sus periódicos sermones pidiendo el apoyo para los chiítas de Nasrallah y compañía. Incluso, la ocupación aliada de Irak llevó a especular con la suavización de la enemistad histórica entre las dos sectas del islam. Pero esa alianza de clérigos sunitas y chiítas sólo se materializó en su unidad de condena contra los cristianos del país, fustigados una y otra vez como “colaboradores de los cruzados” hasta provocar su huída en masa. Sin embargo, el histórico, radical y cruento enfrentamiento entre sunitas y chiítas no sólo no remite sino que amenaza con agravar más aun la explosiva región del Medio Oriente.

[Más:]

Si en Irak las carnicerías intersectarias musulmanas se recrudecen día a día, el enfrentamiento interno a muerte en el islam regional se está extendiendo no sólo por el país en guerra sino por el resto de la comunidad islámica internacional. El ahorcamiento del sunita (y virulentamente antiiraní) Saddam Hussein no sólo está fortaleciendo su imagen en todo el mundo árabe sino, además, reforzando la autoafirmación sunita frente al creciente poder de un chiíta Irán que, no hace mucho, se declaraba abiertamente “en el clímax de su poder y majestad” pero cuya creciente agresividad no sólo asusta en Tel Aviv sino también en El Cairo, en Amman o en Riad.

El próximo y principal problema de Teherán podría no ser Israel o Estados Unidos sino la propia oposición de la comunidad internacional musulmana, en su inmensa mayoría sunita, salvo el propio Irán y su sucursal de Hezbollah en Líbano, también sometida a un grave cuestionamiento interno desde el mismo final de la guerra contra Israel que llevó al propio Nasrallah a disculparse por ordenar el secuestro de los soldados israelíes y a asegurar que, de haber sabido que Israel reaccionaría como lo hizo, no habría tomado esa decisión. El reciente descubrimiento de que Damasco y Tel Aviv llevan dos años negociando en secreto -con conocimiento de Estados Unidos- podría profundizar aun más la soledad de Irán en su expansión por la zona.

Nasrallah, antes héroe árabe, ahora sospechoso chiíta

Ciertamente, pocas lágrimas se arrojaron desde Irán por el ahorcamiento de Saddam Hussein y hasta desde Teherán se realizaron declaraciones públicas de alegría por la ejecución, si bien aclarando de forma inmediata que había sido forzada por los Estados Unidos para salvar su papel en la zona y que sólo mostraba cómo terminan quienes se ponían en manos de un “poder corrupto” para triunfar, en alusión al histórico apoyo estadounidense a quien acabó siendo su archienemigo. Y pocas lágrimas también se arrojaron desde Kuwait por la ejecución del dictador iraquí, como también se encargan de destacar los medios del emirato.

Pero más allá de los dos países que sufrieron de forma directa y contundente las ansias expansionistas de Saddam Hussein, los ahorcamientos de éste y de sus colaboradores no sólo han provocado una reafirmación de su figura por la entereza con que se enfrentó a sus verdugos en medio de agrias referencias al “triunfo de los persas” sino también un incremento del ‘orgullo sunita’ y un paralelo -y consecuente- renovado odio antichiíta.

Los testimonios que llegan de la zona muestran de forma muy gráfica cómo egipcios que habían colgado el retrato de Nasrallah viéndole como el nuevo héroe de la resistencia panislámica y panárabe, ya lo han descolgado tras empezar a desconfiar de unas actitudes -ahora vistas como ambiciones- que, si antes se interpretaban en un entorno político, ahora se ven en un contexto religioso. En este sentido, algunos expertos comienzan a vislumbrar una posible balcanización en toda la región basada en el odio intersectario musulmán. Y no sólo los expertos lo temen. Bush también. El presidente estadounidense no ha dudado en calificar de "matanza por venganza" las ejecuciones de Saddam Hussein y sus colaboradores en lo que, obviamente, parece un capítulo más de los diarios y cruentos ajustes de cuentas que se producen en Irak.

Irán: buscando desesperadamente un enemigo común

Desde Irán se percibe perfectamente este grave riesgo y las ya descarnadas desconfianzas que su agresividad internacional está causando, apoyadas por su política de hechos consumados en el desarrollo de su programa nuclear. Si, hace unos días, Arabia Saudí se unía a Francia para exigir a Teherán que cumpliera con las exigencias de la comunidad internacional en torno a la agenda atómica, es ahora la propia diplomacia iraní la que contraataca en Riad para "intentar mejorar la comprensión entre sunitas y chiítas" con el fin de “llevar más seguridad a la región” en un alarmado -y alarmante- intento de desactivar la creciente tensión en toda la zona, ahora basada -e interpretada- en términos de odio intersectario dentro del islam.

El discurso de Teherán en todo el mundo árabe está cambiando a marchas forzadas. Comprendiendo la gravedad de los recelos hacia sus políticas pero también las gravísimas consecuencias intersectarias que está acarreando, Irán ya acusa abiertamente a Estados Unidos, en palabras del presidente de su parlamento rebotadas por la agencia oficial iraní de noticias, de “destruir la unidad entre musulmanes chiítas y sunitas”, llevando de forma abierta al terreno religioso interno musulmán lo que hasta no hace mucho era un enfrentamiento entre las democracias liberales y el islam, o, directamente, entre el Gran Satán y la ‘luz’ de los creyentes en Alá.



Aumentar tamaño letra Restaurar tamaño letra  Tamaño de letra
Google

NUEVO DIGITAL / Archivo - Selección