NUEVO DIGITAL Internacional - Llevará una vida clandestina en Francia: Robert Redeker abandona la enseñanza ante la imposibilidad de ver garantizada su seguridad tras ser 'condenado a muerte' por islamistas
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Llevará una vida clandestina en Francia: Robert Redeker abandona la enseñanza ante la imposibilidad de ver garantizada su seguridad tras ser 'condenado a muerte' por islamistas

Llevará una vida clandestina en Francia: Robert Redeker abandona la enseñanza ante la imposibilidad de ver garantizada su seguridad tras ser 'condenado a muerte' por islamistas

24.01.07 • 05:13 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • El filósofo lamenta la indiferencia de la clase intelectual francesa y, muy especialmente, la de los sindicatos, y afirma: “Yo era una víctima pero no una buena víctima. No era pobre, no estaba sin papeles. No estaba, políticamente, del lado correcto”.

Ha pasado los últimos meses escondido, bajo constante protección policial y cambiando permanentemente de residencia -a su costa. Sin embargo, en una opinión que se autoconfirma con su propio caso, Robert Redeker continúa manteniendo que el Corán es un libro de "inaudita violencia" y que, mientras “Jesús es un maestro del amor”, Mahoma es “un maestro del odio”. No sólo ha tenido que pagarse de su bolsillo su vida errante y la de su mujer e hijos, todos también en la clandestinidad. La intelectualidad francesa le ha dado la espalda, como él mismo reconoce, en medio de un apocalipsis de ‘intelectuales’ marcando distancias con el condenado. De los sindicatos, Redeker sólo ha recibido indiferencia y desdén. El pasado mes de diciembre, la policía marroquí detuvo al presunto autor de la 'condena a muerte' contra el profesor filósofo en el sitio yihadista Al-Hesbah. Sin embargo, la ‘fatua’ está echada y la ‘condena’, por ejecutar. Redeker ha decidido abandonar la enseñanza ante la "imposibilidad" de aparecer por un aula y se prepara para vivir, quizás para el resto de su vida, como Rushdie, oculto, proscrito, escuchando cómo la república francesa de las letras le acusa de 'haberse pasado' en sus críticas al islam cuando no de "islamofobia".

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El escritor tunecino nacionalizado francés Abdelwahab Meddeb aseguraba en un encuentro con lectores en Le Monde que estar de acuerdo con la tesis de Redeker de que el islam es intrínsecamente violento le convertiría a él en un “monstruo irrecuperable, portador de odio con el cuchillo entre los dientes” de forma que la “generalización” de Redeker sobre el islam “le hace equivaler a lo peor de los discursos antisemitas”. Sin embargo, poco después se reconoce él mismo sometido a la “autocensura” por miedo a las represalias extremistas mientras, en otro lugar, considera que la cólera y destrucción desatadas en torno al discurso del Papa simplemente refuerzan la relación entre violencia e islam que el Pontífice insinuó en una cita histórica.

"Los leones de Francia", como "los leones de Holanda"

Es más: en su conocido libro “La enfermedad del islam”, Meddeb compara al islamismo radical con el nazismo, en parecidos términos que los firmantes del ‘Manifiesto de la Ilustración’. Sólo para la izquierda ‘cultural’, la cosa está clara: Redeker es un "islamófobo", dictamen en el que coincide con los predicadores musulmanes que, vía Al Jazeera, le declararon “el islamófobo del momento”. Según se sabía a comienzos de enero, la policía marroquí arrestó hace un mes a un joven de la misma nacionalidad a quien acusa de haber proferido las amenazas de muerte contra Redeker. En el mensaje incluido en el sitio islamista no sólo se incluían las 'peticiones de ejecución' sino fotos del profesor, sus números de teléfono y un mapa con la localización de su casa en Toulouse.

El joven arrestado, un teleoperador marroquí de veinticinco años, utilizaba un nombre falso, pero fue identificado tras utilizar la misma dirección de correo electrónico con que formuló las amenazas, localizado en Libia cuando intentaba enrolarse en la yihad iraquí y detenido cuando regresó a Marruecos, en lo que las autoridades francesas consideran una demostración de la amplia cooperación internacional para solucionar el caso. Quien se hacía llamar Omar al-Battar pero cuyo nombre auténtico responde a las iniciales A.A., realizó un llamamiento a los “leones de Francia” para que hicieran con Redeker lo mismo que los “leones de Holanda” habían hecho con Theo van Gogh.

"Ningún profeta debe aterrorizar a la libertad"

De poco le ha servido al profesor francés la detención de quien desencadenó el infierno de las amenazas islamistas sobre su cabeza. Redeker se ha visto obligado a abandonar la enseñanza ante la “imposibilidad” de continuar apareciendo normalmente por un clase o por cualquier otro lugar público. Según sus palabras, el ministro de educación ha “comprendido perfectamente la situación” de forma que se le ha transferido al CNRS, el centro nacional francés de investigación científica, en cuyo seno podrá continuar con su labor de ensayista en un estado de “semiretiro”, como el mismo filósofo prevé su situación futura, “permanentemente protegido” y oculto.

Con un libro de reciente aparición ('Il faut tenter de vivre') Redeker se reafirma en que “ningún profeta nos debe aterrorizar en un país laico o en cualquier otro lugar (...). Ningún profeta debe aterrorizar la libertad”. Sin embargo, la inmensa mayor parte de los escritores e ‘intelectuales’ franceses, aunque se solidarizan con él y dicen comprender su caso, marcan prudentes distancias sobre la opinión del ya proscrito. Por meras razones intelectuales, según dicen.

"Víctima en el lado equivocado"

En este sentido, y marcando equidistancias, un “ardiente defensor de la laicidad” -tal y como define Le Monde a Henri Pena-Ruiz- se declara “solidario, sin condiciones” con Redeker pero añade: “Usted ha hecho una lectura selectiva de los textos fundacionales del judaísmo, del cristianismo y del islam. Por ejemplo, no cita del Corán más que los textos que van en el sentido de la violencia. Usted podría haber citado también textos del Antiguo Testamento que van en el mismo sentido”.

El articulista incluye el testimonio en una columna titulada "Una fatua en el país de Voltaire" y pretende defender la manida frase atribuída al filósofo dieciochesco sobre no compartir lo que dice alguien pero morir por el derecho a que la pueda expresar. Sin embargo, por el momento, aquí el único que corre riesgo cierto de morir es Redeker y no los hagiógrafos de sentencias volterianas que pregonan sus distancias respecto a las críticas del profesor hacia el islam.

Sin embargo, Redeker, quien también pertenecía al consejo editorial de Les Temps Modernes, desgrana sus palabras más amargas contra los sindicatos, defensores de guardia de la libertad y la igualdad. El ya ex profesor ve detrás de la indiferencia sindical -cuando no de las acusaciones de islamofobia y racismo- simplemente “razones políticas”: “Yo era una víctima pero no una buena víctima. No era pobre, no estaba sin papeles. No estaba, políticamente, del lado correcto”.



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