'Bagdad en Birmingham': La yihad cambia de estrategia en Europa hacia la imposición del terror mediante secuestros y decapitaciones retransmitidas por Internet
X- Los expertos en seguridad se confiesan alarmados ante la casi nula infraestructura necesaria en el nuevo enfoque terrorista en comparación con la complejidad de las operaciones de obtención y manejo de explosivos
La policía comenzó ayer a interrogar a los nueve detenidos en un suburbio de Birmingham por planear el secuestro de un soldado musulmán británico al que pensaban torturar y decapitar en un vídeo que distribuirían por Internet. En esta ocasión, la operación se desencadenó cuando la inteligencia decidió que ya había reunido las pruebas suficientes. Sin embargo, en un perverso efecto, los servicios secretos occidentales temen ahora que, con la publicidad del caso, otros muchos ‘yihadistas’ en Europa se adhieran a la nueva fase de la guerra santa por el control del rebelde y corrompido territorio infiel. Ahora ya no necesitarán manejar explosivos y mucho menos conseguirlos. Bastará con una habitación, una cámara de vídeo y un cuchillo. Junto a la librería radical islámica donde se maquinó el plan, carteles del grupo Hizb ut-Tahrir convocaban a conferencias sobre “Cómo presentar al islam a los no musulmanes para construir relaciones de comunidad”, entre mujeres con el velo completo haciendo la señal de la victoria. En Australia, la misma organización -prohibida en casi todos los países árabes y musulmanes pero no en los occidentales- está clamando por la instauración de un califato universal que imponga “el divino orden del islam”.
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Todo el mundo se conoce entre sí. Es más, todos son viejos conocidos entre ellos. Pero unos consienten y los otros se apoyan en el consentimiento para urdir sus planes de destruir a los primeros. La librería Maktabah, donde se realizaron algunas de las detenciones de Birmingham, fue fundada por un ex presidiario de Guantánamo detenido por la policía británica ya en 2000 por terrorismo. Ahora, la tienda se encontraba bajo la propiedad de unos sujetos que, según cuenta el propietario del local, nunca se retrasaron en el pago, y según quienes entraron en la librería, nunca dejaban de sonreír en medio de una untuosa amabilidad.
"El terrorismo funciona"
Sin embargo, los encantadores libreros estaban sometidos a permanente -y no demasiado oculta- vigilancia por parte del MI5 y vendían, desde el propio escaparate, libros en los que se afirmaba que “el terrorismo funciona” o que “los creyentes están obligados a llevarlo a cabo por mandato de Alá”. El ‘mandato’ ni es nuevo ni excepcional y, mucho menos, oculto. Según recogía Nuevo Digital hace casi un año, parlamentarios egipcios pertenecientes a la ilegalizada pero tolerada organización de los Hermanos Musulmanes declaraban abiertamente en la prensa egipcia que “el Corán alienta el terrorismo” y que ese mismo terrorismo “no es violencia cuando se utiliza contra los infieles”.
Los legisladores citaban varios párrafos del Corán, los mismos en los que se basan los yihadistas musulmanes de todo el mundo, incluyendo a los de la librería de las afueras de Birmingham, para castigar a los infieles, aunque a veces se utilice la 'taquiyya' u ocultación lícita islámica para colaborar públicamente con las autoridades en planes de integración y armonía, mientras en el interior de las mezquitas se inflama el odio, como el reciente reportaje de Channel 4 se encargó de desvelar a base de cámara oculta y meses de ganarse la confianza de los, de puerta para afuera, tolerantes imanes.
"Máximo terror, mínima infraestructura"
De hecho, el Times ya había visitado la tienda justo tras los atentados de Londres y en ella había comprado dvds en los que la imagen de Blair se transformaba en la de Satanás y se mostraban a judíos rezando bajo el subtítulo de “hermanos de los cerdos y de los monos”, comparaciones habituales en el entorno islamista radical hacia los seguidores de esa religión y, en realidad, de cualquier otra que no sea la suya. Sin embargo, la librería continuó existiendo, sin más molestia que ocasionales registros policiales. Hasta el del martes, cuando decidieron terminar con los planes de importar, además de vídeos y libros, las sangrientas prácticas de sus hermanos ‘combatientes’ del Medio Oriente.
La cuestión no sólo ha alarmado por el plan en sí mismo sino porque anuncia un cambio de planteamiento hacia el terrorismo de máximo terror con mínimo riesgo y menor infraestructura con que las segundas y terceras generaciones de musulmanes europeos pretenden ‘castigar’ a las sociedades en las que nacieron y que les protegen para predicar su propia destrucción en una tolerancia suicida que sólo contados periodistas parecen denunciar abiertamente en los medios.
“Si es inimaginable que cualquier nación islámica, o cualquier otro país, a este respecto, albergara una conferencia de cristianos fundamentalistas que llamara a la restauración de Estambul en Constantinopla, ¿por qué debería un estado occidental dar cobijo a estos maquinadores”, se preguntaban en el australiano Daily Telegraph en torno al congreso organizado allí por Hizb ut-Tahrir, la organización que propugna explícitamente la imposición de un califato mundial, con especial obsesión en la región "desde Londres a Ankara".
Australia protege a los califales
En su ‘división’ australiana, este grupo internacional, que ya alarma hasta al ejército en Turquía, clama por un califato universal que vendrá por las buenas o por las malas, y del que sólo se libraría Australia, triquiñuela utilizada para no ser perseguido en ese país y que, por muy infantil que parezca, le está dando resultado puesto que la fiscalía general federal australiana se ha negado a intentar ilegalizar a la organización y, como mucho, ha aceptado que se la investigue.
De nada han servido las exigencias de prohibición inmediata emitidas por el gobierno de Nueva Gales del Sur en medio de un clima ya suficiente hostil de los musulmanes hacia Australia que se encarga de caldear de vez en cuando el virulento líder musulmán del país que continúa realizando sus estrambóticos juicios y llamamientos y que, lejos de ser el espectáculo de un 'friki', se toman muy en serio en el interior de muchas mezquitas.
“¿Somos tan ingenuos, tan políticamente correctos, que nos sentimos impelidos a albergar la fiesta de unas personas que quieren cortar las gargantas de nuestros metafóricos primos, incluso si prometen que nosotros mismos no nos encontramos aún como objetivos?, se preguntaba el mismo artículo del diario australiano. “La realidad es, por supuesto, que pocas naciones islámicas quieren un banquillo de proselitistas de Hizb ut-Tahir y han encontrado útil que los imbéciles de las naciones occidentales les permitan mantener sus reuniones de ‘islam o nada’”.
El manual del terrorista aficionado
Los servicios de seguridad británicos se preguntan cómo van a proteger a todos y cada uno de los aproximadamente trescientos miembros del ejército británico de religión musulmana, lo que deja a los soldados por completo expuestos a la venganza de los ‘yihadistas’ contra los ‘colaboracionistas traidores’. La siguiente pregunta es quién va a proteger y durante cuánto tiempo a todos los grupos potenciales que pueden ser puestos bajo la mano vengadora de Alá, el “dador de muerte”, según uno de sus noventa y nueve nombres.
Los expertos advierten sobre la extensión de una guía del terrorismo, el denominado Manual al-Battar (“La Espada de los Profetas”), en la que se describe con minuciosidad cómo organizar a pequeños grupos de terroristas, cómo reconocer los objetivos, cómo secuestrarlos, cómo retenerlos y cómo ejecutarlos. Internet hará el resto, llevando el terror de Afganistán o Irak a las mismas cálidas casas de los infieles que, según ellos, no deberían tardar en seguir el mismo camino.
