'Antes bajo el Papa que junto a pastores gays': La iglesia anglicana, a punto del cisma por los 'desviacionismos' episcopalianos en Estados Unidos
X- Obispos católicos y anglicanos discuten la reunificación bajo el liderazgo del Papa mientras amplios sectores de la Iglesia de Inglaterra prefieren la vuelta al Vaticano antes que el caos doctrinal que llega de Estados Unidos
Ayer, hoy, como cada día, sunitas y chiítas musulmanes continúan discutiendo quién es el heredero de Mahoma a cochebombazo limpio (o sucio) en las calles de Bagdad mientras algunos de los más aguerridos guerrilleros de Alá -entre ellos, no desde luego la patética ‘troupe’ madrileña de mortadelos mujaidines- insisten en ampliar la discusión teológica a las tierras de los infieles. Sin embargo, los infieles ya están demasiado ocupados en sí mismos, por mucho que hace siglos dejaran de matarse entre ellos en guerras de religión. Se equivocó quien pensara en un mapa ya fijo de razas y etnias, con decenas de millones de emigrantes moviéndose de continente en continente. Pero quien hubiera fijado ya por los siglos de los siglos qué dios gobernaba cada tierra también debería revisar sus presunciones. No sólo se acaba de inaugurar el primer cementerio musulmán en Alaska sino que, en el interior del cristianismo, las distintas facciones cristianas sufren la misma agitación que otras zonas en pleno torbellino religioso y hasta las distintas ramas protestantes se protestan entre ellas amenazando nuevos cismas, sin olvidar a una Inglaterra anglicana que hinca la rodilla numérica ante el masivo acoso de la emigración católica. Estas son, en estos momentos, las incruentas pero espasmódicas agitaciones entre las distintas confesiones de los infieles.
Seguimiento:
Dejemos por hoy los rencores cristianos ortodoxos que llevan a prestar sorprendentes y peligrosos apoyos a unos musulmanes en plena expansión que ven en los cismáticos cristianos una útil -y compartida- inquina antioccidental. Y, junto con las retorcidas cúpulas de los patriarcas orientales, también pasemos de largo hoy junto con la también tratada aquí explosión de las iglesias carismáticas cristianas entre las grandes y pobres masas católicas de emigrantes sudamericanos, las cuales sienten la misma tentación por los espectaculares pastores de abrasadora oratoria que por los estrechos rituales de un islam que, como en el caso de los carismáticos, ofrecen sistemas totalmente cerrados de vida y de muerte hasta en sus más mínimos detalles.
Sunitas en el Vaticano
Dejemos, pues, de lado los intercambios religioso-étnicos en la periferia del sistema y centrémonos hoy en el poder de las grandes iglesias occidentales, las cuales, por otra parte, miran de reojo la veta abierta por el Vaticano hacia el islam, primero de forma escandalosa, con discurso papal primero, y oración en mezquita turca después, y ahora, en lo que parece ya el desarrollo de una de las increíblemente refinadas estrategias de San Pedro, con invitación al principal imán de Egipto -que es como decir el ‘papa’ oficioso del sunismo islámico- para que pise los mármoles romanos en encuentro directo e íntimo con Benedicto XVI.
¿Ha decidido el Papa tranquilizar a los levantiscos y siempre ofendidos mil millones de musulmanes mundiales y disolver el nunca satisfecho rencor de muchos de ellos -cuando no su decidida agresividad- como Juan Pablo II desmenuzó en unos pocos años el pétreo orgullo revolucionario proletario de los soviéticos? Nadie puede saberlo, pero los indicios apuntan a que el Papa podría haber iniciado movimientos bastante más ambiciosos que la simple apertura de vías de comunicación.
Inglaterra, católica
Sin embargo, Ratzinger sí habrá leído con delectación cómo nada menos que el Times de Londres echaba las campanas al vuelo proclamando hace unos días que “los católicos están a punto de sobrepasar a los anglicanos como la principal iglesia en el Reino Unido”, extraordinario fenómeno en el que se combina la gradual pérdida de cumplimiento religioso de los fieles protestantes británicos con la masiva inmigración legal e ilegal procedente de varios países del orbe católico, y muy especialmente, desde Polonia.
Mientras muchas parroquias católicas en el Reino Unido establecen turnos de misas “de ocho de la mañana a ocho de la tarde” ante la masiva demanda y luchan por atender las angustiadas reclamaciones de miles de emigrantes que ni tienen trabajo ni entienden el idioma, el anglicanismo cede no sólo en la Iglesia de Inglaterra sino en las sucursales domésticas de Escocia y Gales hasta llegar a similar declive entre la anteriormente pétrea resistencia irlandesa.
¿Inglaterra protestante? Quizás también un término a punto de pasar a la historia entre no menos sorprendentes acontecimientos que hasta hace no mucho habrían sido vistos como de una inusitada audacia, eso sí, antes del repentino torbellino religioso mundial de las últimas décadas.
‘Reunited and it feels so good’
En efecto, la Inglaterra protestante puede pasar pronto a ser cuestión a estudiar en los libros de texto. Pero, ¿protestante? ¿No será el término ‘protestante’ en sí mismo otro concepto a punto de pasar a la historia? “Este año se van a publicar propuestas radicales para reunir a los anglicanos con la Iglesia Católica Romana bajo el liderazgo del Papa” aseguraba a toda pastilla el Times de Londres con el apoyo de fuentes propias y tres o cuatro días después de proclamar la caída de la Inglaterra protestante en manos de las masas emigrantes católicas.
“Las propuestas (de reunificación de anglicanos y católicos bajo el Papa) han sido acordadas por destacados obispos de ambas iglesias”, continuaba el diario en referencia a un documento de 42 páginas en el que una comisión formada por destacados representantes anglicanos y católicos se pronunciaba por “explorar como se podrían reunificar bajo el Papa”, según el relato del diario londinense.
El Times añadía al guiso la tormentosa cumbre de 32 arzobispos anglicanos en Tanzania, los cuales discutieron casi de forma desesperada cómo evitar el cisma en una confesión acosada por el desviacionismo de algunas de sus sedes en relación a temas como los gays y “otras doctrinas progresistas que están enraizando en algunas partes de la Iglesia Occidental”, según la envenenada descripción del diario. La tensión entre los anglicanos mundiales en su cumbre africana llegó a niveles tan altos que ni tan siquiera se pusieron de acuerdo al final de la reunión para emitir un comunicado y debieron suspenderse en primera instancia las ruedas de prensa previstas.
Antes católicos que gays
En un par de días, los dos presidentes de la denominada Comisión Internacional Anglicana y Católica Romana por la Unidad y la Misión rebajaban el tono de la información del Times y apuntaban que, a pesar de lo dicho en el documento referido por el diario, “los rumores en torno a planes para reunificar las dos comuniones (anglicana y católica) han sido, desgraciadamente, exagerados”. Sin embargo, lo que los anglicanos no podían rebajar es la extraordinaria tensión entre los originarios protestantes británicos y las originales sucursales establecidas por sus primos de Estados Unidos en torno al episcopalismo, sumidas en los últimos años en el caos en medio de una abierta guerra civil por la ordenación de homosexuales como pastores, entre otras cuestiones de 'desviacionismo progresista'.
Frente a la rigidez ritualizada y pomposa de la Iglesia de Inglaterra, los episcopalianos estadounidenses -una vez descritos como "el Partido Republicano en oración"- se han deshecho no sólo en animadas misas hip-hop o coloristas rituales nativos indoamericanos sino -lo que es más escandaloso para los obispos de la isla- en increíbles desviacionismos sobre la ordenación de homosexuales, desviacionismos que hacen preferir a muchos obispos anglicanos volver junto al férreo Papa católico que no cede ante ‘moderneces’ que seguir junto con sus caóticos primos de Estados Unidos, sumidos ellos mismos en el desconcierto mientras piden tiempo para solucionar sus propios problemas ante los cada vez más irritados y apremiantes ultimátum de unos prelados europeos literalmente hasta las mitras de las salidas del armario episcopaliano.
