La revista médica The Lancet infló desmesuradamente los datos de muertos en su informe sobre el conflicto iraquí, según estudios de otras organizaciones antiguerra
X- THE LANCET - Mortality after the 2003 invasion of Iraq: a cross-sectional cluster sample survey (pdf)
- IRAQ BODY COUNT - Reality checks: some responses to the latest Lancet estimates
- THE TIMES (05/03/07) - Could 650,000 Iraqis really have died because of the invasion?
Es una cifra mágica. Un millón de muertos. Sucedió con la Guerra Civil Española, tras la que el rotundo simbolismo del número redondo se convirtió en la piedra arrojadiza preferida por los acusadores de parte, que se lanzaron a una desbocada inflación numérica en torno a las represalias franquistas de la postguerra. En Irak, donde pronto se van a cumplir los cuatro años de invasión, un estudio publicado por la ‘prestigiosa’ revista médica The Lancet calculó en 650.000 los muertos que habría provocado la invasión del país. La cifra pronto se convirtió en icono de los activistas antiguerra, que acusaron a la Coalición de haber cometido un "holocausto" superior al "genocidio de Ruanda". Sin embargo, de la misma forma que hace ya mucho que los historiadores menos sectarios consideran una extremada exageración la cifra del millón de muertos en la, por otra parte, extremada tragedia del conflicto en España, ahora se pone en grave cuestión la 'científicamente' calculada cifra de los 650.000 en Irak. Y la crítica proviene, precisamente, de algunas organizaciones del movimiento antiguerra, más templadas -y rigurosas- en sus cálculos.
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De hecho, al calor de la espectacular cifra de los 650.000 muertos facilitada por el estudio del Lancet, algunos otros investigadores se han lanzado a especular con números incluso mucho más abultados hasta alcanzar la cifra mágica y rendonda del millón de muertos.
Entre ellos, se acaba de difundir el estudio de un tal Dr. Gideon Polya, residente en Australia, y con un aparente arsenal de pasadas publicaciones científicas, un estudio que prácticamente duplica, coincidiendo con el cuarto aniversario de la contienda, la ya estremecedora cifra aportada por el análisis de la revista británica. Polya ha cruzado estimaciones relativas basadas en ratios de muertos con cálculos sirios y jordanos hasta llegar a la conclusión de que, a marzo de 2007, el número de fallecidos por muerte violenta a causa de la guerra es de un millón.
De forma inmediata, Polya afirma que este dato “constituye un holocausto iraquí en una gran parte debido a la violación por la Coalición de las convenciones de Ginebra que exigen que los ocupantes mantengan a los conquistados CON VIDA” (mayúsculas en el original). “Las tres cuartas partes de la población de Irak son mujeres y niños. La Guerra contra el Terrorismo de Bush es, en una cruel realidad, una Guerra contra las Mujeres y los Niños, y más específicamente una Guerra contra las Mujeres y los Niños de Asia”, concluye el autor del exaltado estudio con gran despliegue de solemnes mayúsculas.
De 650.000 a 60.000 muertos
Mucha mayor repercusión, hasta el punto de ser publicadas sus conclusiones en medios de todo el mundo, obtuvo el estudio de los expertos de la Bloomberg School of Public Health, encuadrada en la estadounidense Johns Hopkins University, un auténtico semillero de ‘premios nobel’ y que, merced a su publicación en la ‘vaca sagrada’ de la información científica médica como The Lancet, llevó la cifra de 650.000 muertos en el conflicto iraquí hasta un indiscutido estatus de indiscutible veracidad. Hasta ahora.
Ha tenido que ser precisamente una organización antiguerra como Iraq Body Count la que haya enmendado la plana al estudio ‘científico’ mediante otros cálculos muy distintos, y, además, lo ha hecho en un entorno ideológico nada sospechoso de estar aliado con las posiciones de Blair o Bush en el conflicto. Iraq Body Count mantiene desde el inicio de la guerra un 'contador' de los civiles muertos por la intervención militar en Irak.
A la hora de cerrar esta información, las cifras se movían en el entorno de los 60.000 muertos. Junto al siniestro contador, Iraq Body Count remite a su propio estudio en el que no sólo desmonta, uno por uno, los supuestos ‘científicos’ en los que se basaron los cálculos del Lancet, sino que lleva sus conclusiones hasta el absurdo mediante la aplicación de los propios cálculos del informe de la Bloomberg School of Public Health.
Iraq Body Count: "Fraude a escala masiva"
Una organización tan ‘activista’ en la lucha contra la Guerra de Irak critica precisamente que el estudio del Lancet se base en las informaciones entregadas por médicos y autoridades iraquíes, que son quienes facilitaron los datos epidemiólogicos, y a los que llega a acusar de “incompetencia y/o fraude en una verdaderamente masiva escala”. La cifra de los 650.000 muertos supondría que muchos de los heridos hubieran tenido un “singular y autodestructivo comportamiento sobre parte o todos de los 800.000 heridos iraquíes, la mayor parte no combatientes”, afirma Iraq Body Count refutando cálculos de los expertos de la Johns Hopkins University.
La dura y muy argumentada réplica de Iraq Body Count llevaba al Times de Londres a preguntar a otros analistas especializados, quienes vinieron a confirmar, en reportaje publicado el lunes pasado, que la cifra de 650.000 muertos era absurda desde un punto de vista estadístico y epidemiológico mientras el propio diario daba otra vuelta de tuerca al aplicar la viariable política sobre los autores del informe de la escuela médica estadounidense.
En este sentido, la información del Times desvelaba cómo uno de los autores del estudio es un candidato del Partido Demócrata a la Cámara de Representantes que ha basado su campaña en la oposición a la Guerra de Irak y cómo el propio director de The Lancet es también un militante antiguerra.
The Lancet: "Ninguna investigación es perfecta"
Preguntado por el diario londinense el director de la revista médica, el Dr. Richard Horton aseguraba su impresión de que la investigación “había sido minuciosamente revisada” aunque concedía que “ninguna investigación es perfecta” y que “lo mejor que podemos hacer es tener un debate tan abierto, transparente y honesto como podamos. Después podremos llegar tan cerca de la verdad como sea posible”.
Horton se manifestaba “disgustado” por el “rechazo de los políticos” a los “descubrimientos de esta investigación antes de pensar realmente sobre los temas”. Sin embargo, el rechazo al estudio no sólo había llegado desde “los políticos” sino del propio movimiento antiguerra que enmendó la plana al academicismo de los ‘expertos’, tan inflado desde el punto de vista científico como ideológico.
