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Negros musulmanes y emigrantes islámicos en Estados Unidos se alían en la reclamación de "derechos civiles"

Negros musulmanes y emigrantes islámicos en Estados Unidos se alían en la reclamación de "derechos civiles"

14.03.07 • 04:41 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Afroamericanos que se sienten “palestinos” en Estados Unidos y emigrantes que ven en el país la tierra de las oportunidades y la libertad intentan la alianza por encima de las graves diferencias religiosas entre ambos grupos

De siempre, el islam afroamericano fundado por Warith Deen Muhammad, desarrollado por Elijad Muhammad -ambos nacidos con apellidos anglosajones- y regido desde hace décadas por Louis Farrakhan -entre acusaciones de implicación en el asesinato de Malcolm X y virulentos ataques antijudíos- fue considerado una desbocada y extraña herejía por el islam tradicional, que sólo admite un cierto ‘problemilla’ interno en el enfrentamiento entre sunitas y chiítas. Para empezar, el islam americano es virulentamente racista. Nacido en un país gobernado por “blue-eyed devils”, los “demonios de ojos azules” que decía Malcolm X, para los fundadores de la Nación del Islam, Dios es negro y, por tanto, al crearlos a su imagen y semejanza, la raza humana fue creada negra. Gobernado el mundo por 24 científicos -negros-, uno de ellos se rebeló y creó la raza blanca hace 6.000 años, y la dio el dominio del mundo. En este contexto, poco podía hacer el igualitarismo -al menos teórico- del islam tradicional. Hasta ahora. Negros de la Nación del Islam y emigrantes procedentes de países islámicos unen por primera vez sus fuerzas en la reclamación de “derechos civiles”.

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Siempre fue enorme el poder e influencia conseguidos por la Nación del Islam en Estados Unidos gracias a su implicación en la zona más agresiva de la reclamación de derechos civiles, muchas veces en abierta confrontación, si no hostilidad, hacia la rama cristiana del movimiento, simbolizada por la pléyade de pastores negros altamente politizados que siguieron la estela de Martin Luther King. Incluso los musulmanes españoles y latinoamericanos conversos -sólo los conversos- se han acercado recientemente a los también conversos de la Nación del Islam en “proyectos religiosos, sociales y culturales”, como informaba Nuevo Digital hace apenas un año.

Más allá de 'pequeñas' diferencias teológicas sobre el color de la piel de Alá, los siempre desatados victimismos negros musulmanes en Estados Unidos y de los musulmanes conversos en España -todos blancos y, por ello, también supuestamente descendientes del demonio negro que se rebeló contra el Alá negro- se unen en una comunidad de reclamaciones y acusaciones contra blancos cristianos, unos, y cristianos y 'derechistas', los otros, que choca con la actitud mantenida por negros de referencia, como Bill Cosby y su permanente enfrentamiento con su propia comunidad, a la que no dudó en describir como plagada de “cabezas de chorlito” ante el estruendoso clamor victimista que siguió al Katrina.

Islam antiimperialista en Cuba

Si bien es muy conocida la alianza entre la izquierda latinoamericana -la populista y la no tan populista- con el islam más agresivo, vía Irán por el lado 'diplomático', y con la Triple Frontera y la rama sudamericana de Hezbollah, como centros logísticos y brazo ejecutor, respectivamente de los designios divinos islámicos, son bastante menos comentadas las incursiones de la Nación del Islam en el subcontinente, donde las “enérgicas condenas” de la atea Cuba ante la Liga Árabe por la “intolerancia hacia el islam” eran bien sostenidas por Farrakhan, quien, en visita oficial en La Habana hace unos meses, apoyaba la “lucha imperialista” cubana y animaba a los cubanos a “perseverar contra quienes les oprimen”, en obvia referencia al propio país de origen de Farrakhan que le concede derechos inimaginables en el 'antiimperialismo' castrista.

Ahora, las extrañas alianzas islámicas se cierran y, aunque no se prevé ni remotamente cualquier tipo de acercamiento doctrinal entre el islam negro americano y el islam tradicional de los emigrantes en Estados Unidos -en su mayoría, árabes, y por tanto, tampoco pertenecientes a la raza negra divina original- sí se está formando con lentitud una cierta unidad de acción basada en una alianza de intereses, a pesar de la forma extraordinariamente diferente con que ambos grupos ven al país que les acoge.

Afroamericanos: “Los palestinos de Estados Unidos”

Una significativa anécdota resume los diferentes puntos de vista. Durante las elecciones del año 2000, una organización de musulmanes emigrantes apoyó la candidatura de Bush por las promesas del candidato de detener el “profiling” de los musulmanes. La violenta reacción de los musulmanes negros llevó a preguntar al líder de los musulmanes inmigrantes “por qué todos los musulmanes afroamericanos están siempre tan furiosos contra todo”. La respuesta llegó de Iman Talib, un líder islámico negro: “Los afroamericanos somos como los palestinos en esta tierra. No somos sólo negros furiosos. Estamos legítimamente indignados y furiosos”.

“Para muchos afroamericanos conversos, el islam es una experiencia, tanto espiritual como política, una forma de conseguir poder en un país que ellos ven dominado por una élite blanca; para muchos inmigrantes musulmanes, el islam es una identidad heredada, y Estados Unidos, un lugar de asimilación y prosperidad”, resumía recientemente, con extraordinaria perspicacia, el New York Times. Para unos, Estados Unidos es tierra de opresión gobernada por opresores. Para los otros, una tierra de oportunidades donde son más libres que en sus propios países de origen.

Unos reniegan del país; los otros, no

Hay otra forma de verlo: unos reniegan de sus nombres anglosajones y se colocan nombres musulmanes como signo de rebeldía. Los otros hacen justo lo contrario: ‘americanizan’ sus ‘exóticos’ nombres y no les importa que un Mohammed quede convertido para los amigos en un “Moe”. Sin embargo, ambos lados tienen mucho que ganar en una alianza que cualquier sabio musulmán del Medio Oriente consideraría ‘contra natura’.

Los inmigrantes islámicos ven en sus heréticos primos de la Nación del Islam un agresivo e institucionalizado movimiento de reclamación con el que pueden aliarse para defenderse de la “islamofobia” y la “falta de derechos”. Por su parte, los conversos negros islámicos organizados en torno a la Nación del Islam ven un regalo divino en muchos de los enriquecidos inmigrantes del Medio Oriente que compense el generalmente más bajo estatus socioeconómico de los afroamericanos que constituyen su parroquia habitual. Unos consiguen influencia y reclamaciones en primera línea; los otros, mayor potencia de fuego reivindicatoria y mucha riqueza ‘oriental’ para sus fines.

Ciertamente, en las últimas décadas la agresividad racista de los orígenes de la Nación del Islam se vio muy atemperada con los intentos de Warith Deen Mohammed de llevar a los musulmanes estadounidenses negros hacia zonas más próximas al sunismo tradicional. Sin embargo, basta escuchar muchos de los raps cantados por (enriquecidos) raperos musulmanes a base de explotar la afrenta rimada para comprender cómo, en una gran parte, el enemigo común es la argamasa que une, por encima incluso de algunas buenas intenciones, a musulmanes negros y no tan negros contra los “demonios de ojos azules”... y no tan azules.



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