La sharia se impone en Minnesota: Cajeras y taxistas musulmanes se niegan a tocar alimentos "impuros" para su religión o a subir a pasajeros que transporten bebidas alcohólicas
X- Los seis imanes que fueron desembarcados de un avión en el aeropuerto de Minneapolis no sólo demandarán a la compañía aérea sino a los pasajeros que se alarmaron ante su comportamiento
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Minnesota siempre fue un estado 'progresista'. De hecho, las mayorías demócratas han sido constantes desde los años setenta y más abultadas que las de cualquier otro estado. Sin embargo, sus habitantes se enfrentan cada día a exigencias y vetos medievales por parte de la masiva emigración musulmana somalí asentada dentro de sus fronteras. Por ejemplo, los ciudadanos de Minneapolis son rechazados por los taxistas de esa religión -dominantes en el sector-, los cuales se niegan a subir a pasajeros que porten bebidas alcohólicas o que viajen con perros, lazarillos de los invidentes incluídos. Mientras, clientes de grandes centros comerciales se han llegado a ver obligados a pasar ellos mismos por los lectores láser de las cajas los productos que contengan cerdo ya que las cajeras se negarán incluso a tocar los envases. De hecho, una cadena nacional de hipermercados ya se ha visto forzada a recolocar a sus empleados musulmanes para evitar los permanentes conflictos en las cajas con el beicon o con los perritos calientes. Bienvenidos a Minnesota, el primer estado ‘islámico’ de los Estados Unidos de América.
Seguimiento:
Para empezar, si usted desembarca en el aeropuerto internacional de Minneapolis-St. Paul, tenga mucho cuidado con recriminar cualquier cosa a un musulmán. Relájese incluso si, dados los precedentes, se pone de los nervios cuando le escuche gritar a voz en cuello y en plena sala de embarque 'Alá es grande'. Algunos pasajeros que se disponían a finales del año pasado a embarcar en un vuelo hacia Phoenix alertaron a los empleados de la línea aérea US Aiways de que varias personas con atuendos ‘musulmanes’ mantenían un comportamiento “sospechoso”. Para colmo de tensión entre los atribulados viajeros, quienes resultaron ser seis imanes comenzaron a rezar en la propia sala de embarque, genuflexiones incluidas, para seguir con conversaciones a gritos en las que los profanos sólo entendían palabras como ‘Alá’, ‘Irak’ y otras no menos inquietantes, especialmente cuando son pronunciadas en un aeropuerto.
Compensación económica por "angustia emocional"
La situación se agravó después de que, ya en el avión, los llamados desde entonces en la prensa "flying imams" ("imanes voladores") exigieran ser cambiados de plaza -como habían hecho, antes que ellos, sus famosos hermanos de fe del 11-S- o que se les facilitaran extensiones de los cinturones de seguridad, que pueden ser utilizadas como armas, a pesar de que ninguno parecía necesitarlas, salvo que pensaran ocultar algo en sus cuerpos. Tras ser desembarcados del avión -esposados, ante la actitud desafiante que estaban mostrando- organizaron un enorme revuelo, incluyendo un masivo ‘show’ destinado a los informativos de televisión durante el que, días más tarde, intentaron comprar un nuevo billete en la compañía que les había “humillado”, convenientemente rodeados de un enjambre de cámaras previamente convocadas para la ‘performance’.
Ahora, tanto la compañía como los propios pasajeros que advirtieron del comportamiento de los imanes deberán responder ante los tribunales. Asistidos por el virulento Council on America-Islamic Relations, (CAIR) y sus permanentes acusaciones de "islamofobia" contra la sociedad estadonidense -incluyendo al FBI, empeñado en "distorisonar la fe islámica"-, los líderes religiosos han presentado una demanda (texto original - pdf) en la que buscan compensaciones, incluso económicas, tras la “conspiración” para ser “discriminados” en virtud de su "raza y religión", comportamiento que les ha producido “angustia emocional” y “pérdidas económicas” ante la necesidad de encontrar otras compañías aéreas que les admitan y rutas alternativas de vuelo.
'El vino no monta en el taxi'
Sin embargo, y continuando con el viaje imaginario por Minnesotanistán, y pasada la prueba del aeropuerto, si usted sale de sus instalaciones y pretende coger un taxi piense que es muy posible que ninguno le quiera llevar si se le ha ocurrido comprar una botella de vino en la 'duty-free' o viaja con su perro, animal considerado impuro por el islam, y reglas que los miles de taxistas somalíes de la principal ciudad del estado ejecutan a rajatabla, sin importar si el ‘impuro’ perro hace de lazarillo para un ciego o, incluso, si descubre que la medicina o el cosmético que pueda portar tienen el más mínimo contenido alcohólico.
Si, en cualquier caso, ha conseguido llegar a la ciudad y pretende adquirir algo de comida para tomar con el no-vino que seguramente habrá debido abandonar para coger el taxi islámico, mejor que lea bien las etiquetas con el fin de no seleccionar ningún producto que contenga, siquiera remotamente, algo relacionado con el cerdo. Y, mucho menos, unas chuletas o el socorrido paquete de beicon.
Islam, cajeras y beicon
Decenas de cajeras de origen somalí se niegan ni tan siquiera a tocar los envases, a pesar de que grandes cadenas de distribución, como Target, les ofrecen guantes para que no exista contacto directo con los productos ‘impuros’. Ni por esas. Aunque ahora las cosas puede que cambien tras el escándalo surgido después de que algunos clientes se quejaran de que ellos mismos se veían obligados a pasar por los lectores láser los productos ‘malignos’ ante la cerrada negativa de hacerlo por parte de los devotos empleados musulmanes.
Al final, la dirección de Target en el estado acaba de decir la transferencia de las cajeras islámicas a otros puestos en las tiendas ante el mal aspecto que estaba tomando el asunto, con una especie de yihad de cajas caídas en el interior de los centros entre el proletariado musulmán y una amenaza de boicot entre la clientela infiel, que se negaba a pasar por el diario valle de lágrimas de buscar alguien, igualmente infiel, que les cobrara su impura cesta de la compra si es que no se veían forzados a seleccionar sus innobles alimentos escogidos, reunirlos todos juntos en abominable montón, y pasarlos ellos mismos por el lector de código de barras que, seguramente, después deberá ser purificado ante la más mínima señal de contacto.
"Derechos civiles", sólo para los creyentes
Aunque el problema con los cajeros fue ‘levantado’ el domingo pasado por el principal diario de Minneapolis, el Star Tribune, los graves conflictos con los taxistas ya vienen de lejos, como desvelaba Nuevo Digital hace meses. Ahora parece que las autoridades de la ciudad han decidido contraatacar y anuncian para abril una nueva reglamentación sobre transporte público en la que contemplan suspensiones en el uso de la licencia para los taxistas que se nieguen a transportar a viajeros "sin una razón justificada".
Puesto que entre las ‘razones justificadas’ se puede encontrar la de la colisión con derechos religiosos resumidos en el omnipresente en Minnesota “mi religión me lo prohíbe”, es difícil saber si la normativa sobrevivirá al presumible embate de las organizaciones musulmanas en Estados Unidos, ahora ya en plena ofensiva en la consecución de sus “derechos civiles” -entre los que no se encuentra el de los infieles a montar en un taxi con una botella de vino o con un perro lazarillo-, con el fin de salvaguardar el 'reservado el derecho de admisión' en los taxis o la excitante incertidumbre diaria de qué compuestos alimentarios serán considerados 'impuros' ese día, y, por tanto, intocables por las cajeras que fiscalizan las cestas de la compra infiel.
