NUEVO DIGITAL Internacional - Der Spiegel: "¿Y si funcionara después de todo?" - El acelerado crecimiento de China provoca un 'revival' del comunismo como sistema de éxito
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Der Spiegel: "¿Y si funcionara después de todo?" - El acelerado crecimiento de China provoca un 'revival' del comunismo como sistema de éxito

Der Spiegel: "¿Y si funcionara después de todo?" - El acelerado crecimiento de China provoca un 'revival' del comunismo como sistema de éxito

22.03.07 • 04:25 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Justo cuando los países capitalistas occidentales se tensan por los proteccionismos económicos reforzados por las constantes intervenciones de los gobiernos en las grandes compañías, en la comunista China se aprueban las primeras leyes de propiedad privada. En lo que parece un mundo al revés, hay, sin embargo, quien ha visto en estas últimas “el último aliento del comunismo”, con unos dirigentes chinos que debieron maniobrar en silencio para lograr que las reformas traspasaran el ‘cierra-la-muralla’ de la vieja guardia maoísta. Sin embargo, hay otra forma de ver la supuesta apertura china, que tanto y tan apresurado repiqueteo obtiene en Occidente a la menor de cambio. Porque también hay quien ve estas tímidas protecciones privadas como una especie de decorativo ‘florero’ en un rígido Partido Comunista Chino que, sin abandonar sus estrategias de sanedrín de Ciudad Prohibida ni relajar un ápice sus pétreas caras de Politburó -ni, muchos menos, las represivas intransigencias internas hacia las libertades de sus ciudadanos-, han convertido al país en la madre de todos los crecimientos hasta su actual puesto de cuarta economía del mundo.

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De continuar con el actual crecimiento, con una progresión que sorprende por la agresividad de su escalada en los rankings económicos y financieros mundiales, China desbancará en menos de dos años a Alemania como tercera mayor economía del planeta mientras ya muchos ven un horizonte no tan lejano en que comience a codearse de igual a igual con Estados Unidos, de quien, por cierto, es ya el segundo suministrador de bienes y servicios tras Japón. Además, no sólo acosa a los poderosos sino a quienes hasta hace quienes poco eran sus compañeros de viaje en la marcha hacia el desarrollo, pero que ahora han quedado convertidos en simples pero masivos clientes hasta sólo ser superados como tales por los propios Estados Unidos, como en el caso de México, donde ya sólo Estados Unidos vende más que la propia China.

"¿Y si el comunismo funcionara después de todo?"

Además, Pekín ha comenzado a extender su diplomacia, con creciente agresividad, hacia los espacios políticos internacionales no cubiertos por Estados Unidos, con quien, a diferencia de lo que sucedía en los años de la posguerra mundial, y, sobre todo, a partir de los sesenta y setenta, ni tan siquiera se plantea el más mínimo roce, por no hablar de la competencia directa por el Tercer Mundo en una ya remota lucha de sistemas por zonas de influencia. De cara para adentro, mientras todos los días surgen chispazos por la represión de las libertades básicas -con Internet, como símbolo máximo del control post maoísta-, sin embargo, los dirigentes chinos anunciaban oficialmente hace ya un año cómo la política, a partir de ahora, iba a centrarse en revertir en los ciudadanos “los beneficios” del crecimiento para llevar al país, en florido y descriptivo lenguaje de farolillo de papel, “hacia una sociedad socialista armoniosa”.

“¿Y si el comunismo funciona después de todo?”, se preguntaba hace unos días Der Spiegel desde una Alemania a punto de ser sobrepasada por el desmesurado panda chino que dejó de parecer un juguete de peluche. “El rápido ascenso de China para convertirse en un superpoder económico está preocupando a muchos: a las naciones industrializadas de Occidente porque temen por sus puestos de trabajo; a los políticos, porque el equilibrio de poderes está cambiando; y, ‘last but no least’, a los economistas porque les está desconcertando”, resumía, con precisión, el semanario alemán, nada sospechoso desde hace años de sus anteriores veleidades izquierdistas pre y post sesentayochistas.

Ecologistas: los "nuevos comunistas"

De hecho, la palabra “comunismo” no ha desaparecido ni con mucho del lenguaje político internacional y continúa siendo referencia -activa o pasiva, positiva o negativa- de los análisis internacionales mucho más allá de su uso por algún cubano con el pie en el estribo o por ‘frikis’ al norte de Seúl. Para empezar, el islam ha rellenado con rapidez el espacio dejado por el comunismo en todas las repúblicas ex soviéticas de la Asia central y allí está para quedarse, plenamente identificado con las tradiciones y las identidades étnicas del explosivo mosaico regional, aprovechando el fracaso de los herederos de Lenin y Stalin en la extirpación del tumor de la religión como el opio del pueblo, ahora no sólo reconvertido en creciente y expansivo islamismo radical -como denuncia con precisión el último libro de Adeeb Khalid- sino hasta en opio del de verdad, en plena inundación de Occidente desde los reinos talibanes del frente afgano, también post soviético, dicho sea de paso.

¿Y Europa, la dulce, siempre tan confiada? Unos primeros años de desconcierto tras la caída del Muro y ahora de vuelta al inicio, con el Che como gran ídolo revolucionario entre los jóvenes de Hungría, que ven al argentino mucho más allá del icono consumista que mostrar por encima de las Nike desde un refundado Partido Comunista que ahora se llama Socialista, pero que hereda ideologías y estructuras que tan efectivas se demostraron antes y después de 1956. Y es que la Europa Oriental no se libra de sus fantasmas, con una Polonia en plena caza de brujas y una República Checa que ha pasado demasiado rápido del comunismo al consumismo -a pesar de que los alrededores de Praga siempre fueron el escaparate más presentable de aquel lado del Telón de Acero- lo que está provocando, entre otras cosas, el auge de unas tensiones ambientalistas anticonsumistas que han llevado al presidente del país a declarar a los ecologistas como los “nuevos comunistas”, herederos, en su opinión, de la "indiscutible verdad" que antes llegaba desde las estepas del socialismo real y ahora sopla desde la "histeria" del fundamentalismo verde.



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