Las organizaciones islámicas canadienses protestan la decisión de Québec de exigir a las mujeres musulmanas que se descubran la cara al votar para poder ser identificadas
X- Una mujer musulmana entra en un centro deportivo público de Oxford, toma una sauna e, inmediatamente después, un baño en la piscina... y todo ello, sin quitarse el 'niqab' que la cubría de pies a cabeza
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Amplios sectores musulmanes en Occidente han optado por realizar desafiantes gestos de autoafirmación religiosa que llevan a audaces acciones de reto en ‘territorio enemigo’. Así lo han comenzado a ver incluso algunos líderes de esa comunidad en el Reino Unido para quienes tales bravatas son como “dispararse a sí mismo en el pie”. Estas reflexiones del presidente de Centro Educacional Musulmán de Oxford, Taj Hargey, llegaban después de que se difundiera cómo una mujer llegó a un centro deportivo de esa ciudad británica vestida con un 'niqab', tomó una sauna con él y acto seguido se zambulló en la piscina para refrescarse, siempre si haberse cambiado el vestido tradicional islámico que la cubría de pies a cabeza. El personal del gimnasio declaró después que no quiso “ofender” las convicciones religiosas de la particular usuaria, a pesar de las graves cuestiones de seguridad e higiene levantadas en torno al caso. Mientras, en Canadá, las organizaciones musulmanas han puesto el grito en el cielo ante la exigencia de las autoridades de Québec de que las mujeres cubiertas con ‘niqabs’ o ‘burkas’ se descubran para ser identificadas en el momento de votar.
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Aunque habitualmente se asocia la palabra ‘halal’ con lo ‘permisible’ para los musulmanes en torno a la comida, el término es de aplicación mucho más amplia y, en realidad, el concepto que designa alcanza cualquier aspecto de la vida de un musulmán devoto. Por ejemplo, han comenzado a aparecer en el Reino Unido “piscinas halal”, o, más exactamente, “horarios y sesiones halal”, como en la pública de Croydon, en Londres, que cierra los domingos para uso exclusivo de los musulmanes -y, más en concreto, de ‘las’ musulmanas- o como la de Blackbird Leys, en Oxford, donde el recinto también queda reservado en exclusiva, durate determinados días, a las mujeres de esa religión, quienes no sólo no desean ser vistas por hombres sino que tampoco desean compartir espacio con otras mujeres no musulmanas.
Para la monitora de esos cursos, Maryam Ramzy, “en la piscina, tanto el salvavidas como el profesor son mujeres y, además, todas nos bañamos como mujeres musulmanas. Así que no hay hombres, por lo que no tenemos que llevar el pañuelo y, mientras no llevamos nuestros bañadores, podemos llevar camisetas y leotardos”. “Es muy importante para nosotras mantenernos en forma y sanas, y por ello es por lo que hemos iniciado este servicio”, añade la monitora. “Te encuentras una gran cantidad de gente que simplemente no se pueden bañar porque no han tenido la oportunidad de hacerlo en un entorno ‘halal’”.
"Higiene, no derechos religiosos"
Las reflexiones de esta mujer en torno a los problemas planteados por la comunidad musulmana a la hora de compartir espacios de utilización pública se producían después de que se conociera el caso de la usuaria de la sauna y de la piscina en 'niqab', una prenda que cubre a la mujer de pies a cabeza con excepción de la cara, y que sólo se quitó en privado para sustituirlo por uno seco antes de abandonar las instalaciones deportivas. Taj Hargey, del Centro Educacional Musulmán de Oxford se preguntaba cómo una mujer podía haberse bañado en una piscina cubierta con tal cantidad de ropa encima.
“Seamos claros: esto es una cuestión de higiene, no de derechos religiosos”, añadía. Sin embargo, no lo entendió así el propio personal del centro deportivo, perteneciente a la cadena David Lloyd, que aparentemente no quiso ver al centro mezclado con potenciales campañas de denuncia de supuestas discriminaciones religiosas o raciales y, por tanto, decidieron no “ofender” a la cubierta mujer con exigencias de que utilizara un traje de baño como el resto de usuarios, tanto en la sauna como en la piscina, previo paso por las duchas.
Mientras tanto, en Canadá, un colegio electoral puede ser ‘halal’ o no dependiendo de si una mujer musulmana puede votar o no con la cara cubierta. En este caso, son dos las prendas islámicas que plantean problemas de compatibilidad con sistemas occidentales: el ‘niqab’, velo que cubre por completo la cara con excepción de los ojos, y el ‘burka’, que cubre por completo el cuerpo, cabeza incluída, con excepción de la rejilla que permite ver a la mujer.
Votar con bolsas de basura en la cabeza
El choque con las normativas canadienses se ha producido en torno a las elecciones que se celebran en Québec hoy lunes. Las autoridades de la provincia decidieron cambiar de forma abrupta la legislación para exigir al votante, sea quien sea, que porte un documento de identificación con fotografía. Este documento podrá ser utilizado para identificar al ciudadano que desa votar, lo que implica que las mujeres con ‘niqab’ o ‘burka’ se descubran la cara.
Hasta ahora, y según la ley electoral provincial de 1999, no se habían considerado necesarias tales medidas y las mujeres musulmanas cubiertas podían votar sin identificación facial. Sin embargo, después de la publicación de un reportaje en un periódico popular en el que se destacaba cómo las musulmanas cubiertas podrían votar sin que nadie las exigiera contrastar su identificación documental con su cara, comenzaron a extenderse campañas en Internet que animaban a votantes no musulmanes a acudir a los centros electorales cubiertos con máscaras de Darth Vader o con bolsas de basura.
El argumento era simple y provocador: si una musulmana podría votar con la cabeza cubierta o con el rostro oculto, los demás, también. Una bolsa de basura de papel de las utilizadas generalmente en Estados Unidos o Canadá en los supermercados serviría para el acto de protesta. Las máscaras de personajes de 'Star Wars' añadirían provocación a la protesta por los privilegios de la 'diferencia'.
Musulmanas "atemorizadas"
Tras consultar con los principales candidatos en liza, el máximo responsable del proceso electoral, Marcel Blanchet, utilizó entonces sus poderes discrecionales para modificar la ley electoral en un momento en que la polémica amenazaba ya con enturbiar y hasta con invalidar la consulta. De hecho, tras modificar la ley electoral, las tensiones han degenerado en amenazas contra el funcionario, ahora bajo constante custodia policial.
Y es que los dirigentes musulmanes canadienses no sólo han rechazado con furia la inesperada modificación de la normativa sino que han denunciado cómo la comunidad musulmana se encuentra “atemorizada” a la hora de ejercer su derecho al voto. “Si yo llevara el velo, probablemente no iría a votar”, declaraba Sarah Elgazzar, del Consejo de Relaciones Islamo-Americanas en Canadá.
'Hiyab' en competición oficial de fútbol
Según Elgazzar, el velo nunca fue un problema para las mujeres islámicas a la hora de utilizar aeropuertos o bancos, mientras que la nueva normativa ha provocado que “algunas personas tengan la impresión de que las musulmanas no están preparadas para cumplir (con la ley) y que ellos (los ciudadanos de Québec) han conseguido una especie de victoria”. Las autoridades provinciales no quisieron caer en la exigencia de emplear a mujeres en los colegios electorales para que fueran ellas quienes identificaran en privado a las musulmanas cubiertas con el velo o con el ‘burka’.
Precisamente, hace un par de semanas se planteaba otro problema con el 'hiyab' cuando una jugadora de fútbol de once años fue expulsada de un partido oficial después de que el árbitro -también musulmán- exigiera que respetara las normas internacionales de ese deporte sobre el vestuario aceptable en competición. La FIFA amparó la decisión del colegiado aunque, tanto la niña como su equipo, mantienen un boicot sobre el torneo para exigir el reconocimiento del derecho a portar el pañuelo musulmán también en competición oficial.
Asesinos con 'burka'
En el Reino Unido ya se planteó recientemente el problema del ‘derecho’ de las mujeres musulmanas con la cara cubierta a pasar incluso controles aeroportuarios sin necesidad de descubrirse para ser identificadas. Las autoridades de fronteras del país se replantearon el asunto después de que Mustaf Jama, un peligroso asesino somalí, escapara del país por un aeropuerto al cruzar los controles cubierto con el ‘burka’ de su hermana, prenda que ningún policía exigió ser levantada con el fin de no ofender las convicciones religiosas de la supuesta portadora.
Sin embargo, quien iba bien a cubierto de la prenda y de la suicida corrección política británica era Jama, quien, en un caso famoso en el Reino Unido por la mezcla de hiperprotección a delincuentes y correción política llevada hasta peligrosísimos límites, era buscado después de que hubiera matado a sangre fría a una policía durante un robo, justo después de que se le concediera el estatus de refugiado político -incluso tras haber sido detenido en otras ocasiones por delitos armados- debido a que la situación política en Somalia “amenazaba su vida”.
