Obispos católicos y pastores protestantes denuncian el secuestro de niños nigerianos cristianos para ser convertidos por la fuerza al islam
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Victor Udo Usen, de trece años y cuya familia pertenece a la Iglesia Apostólica de Cristo, desapareció en noviembre del año pasado. A finales de febrero fue visto por una niña en la casa de una familia musulmana. Su madre, Esther, corrió a buscarle y tuvo el tiempo justo de saber que su hijo había estado incomunicado durante todo ese tiempo antes de que comenzara a escuchar gritos de “¡Allahu Akbar, Allahu Akbar!” y se echara encima de ambos una multitud. En segundos, Victor fue arrancado de nuevo de los brazos de su madre mientras se la informaba de que el niño ya no la pertenecía.
Seguimiento:
En medio de la indiferencia de las autoridades del estado de Sokoto, de mayoría musulmana, el matrimonio Udo ya sabe que su hijo Victor ha sido 'rebautizado' con un nombre musulmán: Abdulkarim. Líderes religiosos cristianos de todas las confesiones se han unido para denunciar los raptos de niñas y niños cristianos por parte de familias musulmanas. La situación de los cristianos en la zona ante el acoso de la población islámica se parece mucho a una persecución sistemática que, en ocasiones, termina en linchamientos en medio de un permanente clima de intimidación donde no son raras las quemas de iglesias o capillas cristianas, a veces tras acabar de ser reconstruidas de otro ataque anterior.
Al oeste de la extremadamente salvaje limpieza étnica sobre los cristianos de Darfur, el islam también hace proselitismo en Nigeria con métodos de implacable ‘anschluss’ religioso. Sokoto es uno de los estados nigerianos donde rige la sharia que, si bien sólo se aplica a los musulmanes, ha terminado afectando al resto de la población, que ve el alcohol o los cines prohibidos por imposición de la ley islámica. Sokoto es la tierra de las condenas a muerte a mujeres por adulterio o donde un devoto musulmán pedía la pena de muerte para sí mismo por haber "blasfemado" contra Mahoma.
'Okupación' de tierra cristiana
De hecho, Sokoto es un califato y está gobernado por un sultán. Como el resto de estados nigerianos de mayoría musulmana, se encuentra al norte del país, en el turbulento Sahel donde el islam más radical se expande en la ‘tierra de nadie’ dejada a su control en conexión con las redes terroristas musulmanas internacionales. Sin embargo, más allá del expansionismo religioso-terrorista islámico en la región, e, incluso, sobre los esporádicos estallidos de violencia que terminan en linchamientos por supuestas ‘profanaciones’ del Corán, cuyas noticias se extienden en medio de las inevitables explosiones de histeria colectiva, las organizaciones misioneras que trabajan en apoyo de las comunidades cristianas de la zona denuncian el creciente clima de acoso a que se ven sometidas todas las iglesias en Sokoto.
Compass Direct, una agencia cristiana especializada en “noticias desde las líneas de frente de la persecución”, recogía el testimonio de un pastor de una de las principales iglesias pentecostales del país quien denunciaba el acoso de una secta islámica de la zona en sus intentos de apropiarse por la vía de los hechos consumados del terreno donde planeaban levantar un templo. El pastor Abisona Michael explicaba cómo sus vecinos islámicos han decidido ocupar por la fuerza la parcela para construir una mezquita. Michael ha recurrido a los tribunales pero ya conoce de antemano el veredicto en una justicia tomada abrumadoramente por jueces musulmanes. El problema es muy común en una zona donde se llega a prohibir vender tierra a cristianos para la construcción de templos.
Primero los hijos, y después la mujer
Sin embargo, lo que ha levantado las alarmas en organizaciones internacionales de apoyo a comunidades cristianas perseguidas -casi sin excepción, por el islam- es el secuestro de niñas y niños cristianos por parte de familias musulmanas. Mission Network News, una agencia también especializada en recoger las noticias de los misioneros repartidos por el mundo, relataba recientemente el caso de Victor Udo Usen pero también el de otros menores raptados para ser convertidos por la fuerza a la ‘fe verdadera’.
Entre ellos, los pastores cuentan el caso de una mujer musulmana convertida al cristianismo y que terminó casándose con otro cristiano aunque sin el consentimiento de la familia de la conversa. Primero fueron raptados sus dos hijos y después ella misma. Los niños ya estudian en una escuela islámica aunque de la madre nada se sabe. El panorama lo completan las niñas cristianas secuestradas para servir de esposas a musulmanes.
"Los vivos somos las víctimas"
Kevin Aje, obispo católico de Sokoto, confirma los casos: "A veces, los musulmanes fuerzan a nuestros chicos y chicas a convertirse al islam. Estos son algunos de los problemas a los que nos enfrentamos los cristianos aquí, en Sokoto”. A veces, el padre de familia se encuentra en una posición que le permite resolver por las bravas la situación, como el caso de un policía cristiano que pudo rescatar a punta de pistola a su hija. Sin embargo, el progenitor de Victor no cuenta con esa baza y afirma que prefiere no intentar el rescate por la fuerza de su hijo para no poner en riesgo la vida del niño o la de otros cristianos que pudieran sufrir represalias. Todo lo confían en que regrese de un largo viaje el sultán de Sokoto.
Sin embargo, mientras el propio gobierno de Nigeria conoce el problema, nadie ha movido un dedo para proteger a los cristianos. En ese entorno, siguen cobrando sentido las declaraciones de los supervivientes durante la ‘caza del cristiano’ que se produjo en Nigeria en torno a la ‘cólera santa’ por las viñetas de Mahoma: “Los muertos no son las auténticas víctimas. Nosotros, los vivos, lo somos”.
