Insurgencia adolescente en el 'bagdad' de las escuelas: Decenas de padres británicos blindan ya a sus hijos con chalecos antibalas para ir al colegio tras los recientes casos de asesinatos entre quinceañeros
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Tres asesinatos de adolescentes en Londres en quince días. Incluyendo uno acribillado a tiros en su propia cama. Las bandas de jóvenes, formadas principalmente por segundas o terceras generaciones de emigrantes africanos, no es el único problema de una sociedad que algunos ven ya por completo fuera de control. La Cámara de los Comunes acaba de exigir una investigación a fondo del acoso escolar, donde raza, sexo o condición sexual pueden dibujar una diana. Incluso desde la alta política, cada vez más voces exigen a los padres que retomen el control de sus hijos, tras décadas de propaganda sobre la permisividad paternal, los traumas de la disciplina y el ‘buen rollito’ intergeneracional. Estudios y testimonios apuntan a que las chicas son tan agresivas ahora como sus compañeros aunque, por el momento, no tan violentas. Decenas de ellas y de ellos acuden ya a los colegios protegidos con chalecos blindados contra agresiones armadas.
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Cuestan entre 450 y 650 euros pero las madres afirman que, a pesar de su precio, nunca se perdonarían no haber hecho todo lo posible por la seguridad de sus hijos. Chicos y chicas acuden ya por decenas al colegio embutidos en chalecos que, en el peor de los casos, sólo pueden repeler una agresión con arma blanca, pero que, en otras ocasiones, van preparados para proteger del cañonazo de una Magnum del 45. Una firma especializada en la fabricación de este tipo de vestuario de protección reconocía al Times de Londres que su clientela se había extendido desde el ejército, los cuerpos especiales de la policía y los servicios de protección de la embajada a los padres de chicos y chicas de entre 15 y 16 años, aunque fue una adolescente de 13 años la que se llevó el chaleco más caro, capaz de parar los más potentes disparos, pero también con el peso más ligero, ‘tan sólo’ 800 gramos de blindaje.
Los padres, sin control sobre sus hijos
Decenas de niños británicos en las zonas más tempranas de la adolescencia acuden ya al colegio portando trajes de utilización militar. Y no sólo en Londres, donde se producían los últimos y continuados asesinatos. En Manchester, las autoridades reconocen que ya han localizado a “chicos de 14 y 15 años que van por ahí con chalecos blindados”. La oposición conservadora aprovecha una situación que adopta tintes prebélicos hasta en la vestimenta de los niños para hacer sangre en la capacidad del gobierno laborista para detener los asesinatos. Reclama más policía y más política social pero su líder, James Cameron, exigía también a los padres que “retomen’ el control y la autoridad sobre sus hijos, y que tengan el suficiente arrojo como para decirles “no”.
En todo este ambiente se mezclaba el reciente informe de Unicef que declaraba a los niños y adolescentes británicos como los más “infelices” del mundo desarrollado pero también con el demoledor estudio de la Asociación de Psicólogos de Estados Unidos que denunciaba una infancia dominada desde el principio por patrones adultos, entre ellos, el del sexo, omnipresente tanto en los medios de comunicación en programas dirigidos a los más pequeños como en los propios juguetes, sometidos a una obsesiva “sexualización” que provoca graves desarreglos en los equilibrios del crecimiento psíquico y emocional, en especial, de las niñas.
Niña, once años, chaleco blindado
Algunos de los testimonios recogidos por el Times apuntan a que son muchas las chicas que también acuden ya a los colegios protegidas con vestuario de protección de policía de élite. En el mismo colegio donde un chaval fue asesinado a tiros hace días, una madre reconoce que su hija de 13 años ya estudia en el centro dentro de un chaleco antibalas y que ahora otro adecuado para su otra hija, de 11 años. Ambas han sido atacadas ya por bandas. Por bandas de chicas. Sin ser mencionados de forma clara, los problemas relacionados con la raza laten por detrás de una gran parte de la tensión en los colegios. Los jóvenes negros ponen los asesinos pero también las víctimas, a veces chavales estudiosos y activos que nunca quisieron meterse en problemas y que eso precisamente les condenó como objetivos.
Sin embargo, más allá de las graves tensiones intra o interétnicas en los colegios, otros factores también pueden desencadenar primero el acoso, después el maltrato, y después una violencia más agresiva. El informe de los Comunes en el que se reclama una investigación a fondo del problema del acoso en los centros educativos de niños y adolescentes señalaba con el dedo a “colegios católicos”, a los que exigía cumplimiento de las líneas gubernamentales en el establecimiento de políticas contra el acoso contra chicos o chicas homosexuales.
Vuelta a los "valores familiares"
Centros privados de todo tipo se estarían negando a facilitar datos sobre el acoso en sus aulas por miedo a ver dañada su reputación. Ofsted, la agencia británica encargada de la educación, no sólo se está replanteando a fondo todas las políticas ‘progresistas’ sobre la educación, llegando a pedir la restauración de la separación por sexos en los colegios, sino que ya amenaza con incrementar las inspecciones contra un acoso en los colegios que ya todos prácticamente ven relacionado con las primeras generaciones crecidas con el desplome de los conceptos de autoridad y disciplina entre padres y profesores.
La política británica se encuentra inmersa en un agrio debate sobre la restauración de los “valores familiares”, un enfoque que ha sido arrebatada por el laborismo a sus tradicionales valedores de la derecha conservadora y que ahora se encuentra en el centro de un agrio cruce de acusaciones por la pesadilla de un ‘bagdad’ doméstico y cotidiano sometido al asedio de una insurgencia familiar y adolescente.
