NUEVO DIGITAL Internacional - Obispos anglicanos y católicos británicos se alinean con Ahmadinejad: Irán pone de rodillas a Occidente tras la crisis de los marines
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Obispos anglicanos y católicos británicos se alinean con Ahmadinejad: Irán pone de rodillas a Occidente tras la crisis de los marines

Obispos anglicanos y católicos británicos se alinean con Ahmadinejad: Irán pone de rodillas a Occidente tras la crisis de los marines

09.04.07 • 04:36 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • La ferocidad de los columnistas conservadores de Estados Unidos se ceba con los “marmite-eating surrender monkeys” liberados "como un regalo" por Teherán que ahora venden sus historias a la prensa del Reino Unido por cientos de miles de euros

Supongamos que, en efecto, los quince marines y marineros británicos fueron mantenidos aislados en estrechas celdas durante las dos semanas que estuvieron en poder de los iraníes. Supongamos que, en efecto, se les amenazó con varios años de cárcel si no “confesaban” haber traspasado aguas territoriales bajo control de Teherán. Supongamos también que Faye Turney, con su limpio y planchado hiyab cubriendo sus rubios rizos, escribió engañada sus ternísimas cartas de agradecimiento al régimen islámico por el buen trato que se la estaba dispensando. Supongamos todo eso, y nada de ello será absolutamente nada en comparación con Abu Ghraib o con Guantánamo. Ahora, los que cantaron todas las óperas de Mozart una detrás de otra –Idomeneo, incluida- en cuanto vislumbraron un turbante van a hacer caja con su hazaña. “Ellos saben por qué luchan. Nosotros no”, acaba de venir a decir un poderoso obispo anglicano refiriéndose a los iraníes. Justo de lo que, por otra parte, se vanagloria una y otra vez Ahmadinejad.

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En Estados Unidos, la artillería pesada neocon no ha dejado de arrasar con cargas de grueso calibre. Pero, ejem, no a los iraníes, sino bramando contra sus aliados británicos. Como felices criaturas tras una fiesta con globos y serpentinas, los quince liberados saludaban entusiasmados en Teherán con sus trajes civiles recién estrenados y con su prometida bolsa de regalos a buen recaudo: dulces persas, pistachos, discos de música iraní y un jarrón, que algunos de los invasores confesos ya han confirmado que subastarán en Ebay.

“Marmite-eating surrender monkeys”

Pasadas las primeras horas de alivio por el regreso de los cautivos y desarmados, y por la repentina distensión del explosivo y humillante ‘standoff’, el golpe comenzaba a doler ya en frío cuando, primero los foros de los lectores, y, después, las propias crónicas de los medios, comenzaban a hacer presa en lo sucedido. “Irán se carcajea del 'regalo' de Pascua de la humillación”, titulaba el habitualmente templado Times en referencia a la envenenada magnanimidad iraní del “regalo al pueblo británico” de la liberación de los bravos combatientes. Manteniendo la regla dorada de no opinar directamente en una información, el diario londinense soltaba, sin embargo, en forma de cita, todos los perros de presa del mundo, con especial delectación sobre la zona más agria y virulentamente desbocada del conservadurismo estadounidense.

Michael Rubin, columnista habitualmente adjetivado de ‘neocon’ -signifique lo que signifique tal calificación- y miembro del American Enterprise Institute, representaba la revancha contra la “cobarde Europa” y sus permanentes acusaciones edificadas sobre los fragantes campos de rosas de una supuesta moralidad superior. “Marmite-eating surrender monkeys” llamaba el historiador y periodista a los catorce hombres de la brigada del ajedrez y a su compañera tiernamente agradecida y feliz escritora de misivas, una expresión de difícil traducción en su brutalidad pero que vendría a equivaler, en un inevitablemente barroco español, a un “rendidos mamarrachos tragaldabas”. O algo así, quizás, incluso, con el término ‘calzonazos’ en alguna parte de la ecuación. Sin embargo, la misma furia conservadora estadounidense -que también se cebó con la “España caniche” tras el 11-M o las modificaciones de las fiestas de Moros y Cristianos- disponía, así mismo, de aliados en el propio Reino Unido.

220.000 euros por exclusiva

No es sólo que los jarrones regalados por Ahmadinejad vayan a terminar subastados al mejor postor en Ebay sino que las propias autoridades de la defensa imperial británica permitían a marines y marineros la venta de sus historias a los medios británicos, incluyendo a los depredadores tabloides sensacionalistas de chequera en posición de disparo automático. La captura y posterior incontinente cantata de los soldados y marineros les ha hecho ya millonarios, vía venta de exclusivas. Obviamente, la más afortunada será la única mujer del grupo, separada del resto durante su cautividad, y autora de los emocionados agradecimientos a los iraníes y sus no menos trémulas disculpas por haber invadido sus aguas territoriales.

Por lo que se sabe hasta el momento, el Sun y la cadena de televisión ITV ya habrían pagado a Faye Turney no menos del equivalente a unos 220.000 euros por contarles a ellos, en primer lugar, los detalles de su "terror" bajo la modestia del hiyab, el mismo hiyab que coge como un pingajo en la entrevista de hoy del diario sensacionalista donde, probablemente, como parte del acuerdo, se la describe en otro lugar como la "valiente Faye", la "marinero líder" que se defiende de "las críticas furiosas" de quienes afirman que "una madre como ella no debería servir en el Golfo".

Inmediatamente, el laborista Guardian hablaba de “cólera” por la decisión del ministerio de defensa de autorizar la venta de exclusivas con la hazaña. El diario utilizaba la expresión "hacer caja" en un entorno en el que las autoridades de defensa justificaban en unas supuestas “circunstancias excepcionales” la autorización del mercadeo en torno al caso, circunstancias que, sin embargo, aún no han sido especificadas, probablemente dada, precisamente, su 'excepcionalidad'.

Por su parte, el Telegraph prefería abandonarse a la “consternación” por el circo de ventas con marchamo oficial erigido en torno a las consecuencias de la mezcla de arrojo y propagandística ‘clemencia’ desarrolladas por Irán. En paralelo, el Independent optaba por anunciar la próxima publicación de un no menos tóxico libro sobre Irán y Afganistán en el que un oficial británico -ya depurado por sus críticas- mete bisturí y cizaña en el “proyecto sentenciado al fracaso” aliado en la zona. Sin embargo, las palabras más duras vendrían de la propia iglesia anglicana y de alguno de sus representantes más contundentes y dotados de una claridad expositiva equivalente a sus corrosivos análisis a tumba abierta. Por ejemplo, del obispo de Rochester, el hombre de apellidos musulmanes que, desde la Iglesia de Inglaterra y en casi brutal contraste con la tibieza católica (cuando no, con el colaboracionismo ortoxo), con mayor agresividad ha denunciado la mezcla de victimismo y voluntad de dominio de los musulmanes.

"Ellos tienen valores; nosotros, no"

Michael Nazir-Ali comparaba la solidez de la postura iraní con las actitudes “en flotación libre” de las británicas, en una capciosa y mordaz expresión utilizada para la cotización de las empresas en las bolsas, aquí metafóricamente refiriendo la indefinición occidental de las ideas que, por el contrario, tan monolítico frente presentan desde Teherán, cotizadas como están desde el poder de las mezquitas. “Por una parte veía lo que estaba haciendo Irán, y lo que su presidente decía tenía mucho que ver con la tradición moral y espiritual de su país”, destacaba el obispo de Rochester. “El presidente (de Irán) hablaba sobre el pasado religioso, con referencias al cumpleaños del Profeta y a la Pasión de Cristo. Lo que me impresionó fue que no había ningún tipo de valores en el lado británico; estaban en flotación libre y no anclados a una tradición moral y espiritual”.

El obispo anglicano, voz tonante e influyente en su país, concluía que “a menos que nos volvamos a enraizar en una tradición moral y espiritual, no sabremos por qué seguimos en pie y no seremos capaces de enfrentarnos a otros pueblos, países y movimientos ideológicos que tienen muy claro en qué se apoyan”. Por si fuera poco, las palabras de Nazir-Ali eran seguidas también en solitario desde la jerarquía católica británica cuando el obispo castrense romano constataba que los iraníes “habían puesto su fe dentro de la acción para resolver la situación”.

En una abrumadora demostración de alianza de puntos de vista con la estrategia de Teherán -que ya ha provocado furiosas reacciones en el país-, el obispo católico Thomas Burns concluía: “Los iraníes ofrecieron liberar a los marineros y a los marines no sólo como resultado de la diplomacia sino también como un acto de clemencia de acuerdo con su religión”. La derrota británica y, por extensión, occidental era firmada por estos hombres de iglesia, tan alejados de la aun mayor virulencia de los foros de los lectores, al rojo vivo, como de las deshonrosas ventas de exclusivas sobre una humillación o la subasta en Ebay de los jarrones de la vergüenza.



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