NUEVO DIGITAL Internacional - 'Bitches', 'hos' y 'niggas': La tempestad en el caso Imus deriva en acusaciones contra los "dobles estándares" y la "burda hipocresía" de los medios de comunicación
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'Bitches', 'hos' y 'niggas': La tempestad en el caso Imus deriva en acusaciones contra los "dobles estándares" y la "burda hipocresía" de los medios de comunicación

'Bitches', 'hos' y 'niggas': La tempestad en el caso Imus deriva en acusaciones contra los "dobles estándares" y la "burda hipocresía" de los medios de comunicación

12.04.07 • 04:43 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

“Nappy-headed hos”. Organizaciones feministas y afroamericanas han temblado de ira ante una expresión que, en su demoledora brutalidad de argot de inglés americano, mezcla dos explosivas alusiones despectivas: una racial y otra sexista. Lejos de las absurdas traducciones que han corrido en los medios de comunicación españoles -“mujerzuelas de cabello sucio y espeso”- para la expresión utilizada por el incendiario locutor de radio, Don Imus, en relación a un equipo de jugadoras de baloncesto -la mayor parte de ellas, negras-, la última polémica en la inflamable sensibilidad racial de los Estados Unidos ha derivado en las primeras voces de autocrítica, incluso dentro de algunas organizaciones negras. Más allá de la furia de los reverendos Al Sharpton o Jesse Jackson, o de las tonantes diatribas de las organizaciones feministas -“feminazis”, según Rush Limbaugh, otro de los locutores de ‘destrucción masiva’ en la órbita más dura (e influyente) del conservadurismo-, el sustantivo “hos” aplicado a mujeres negras es constante, en especial en el rap, cuyas letras, si las entendieran, helarían el baile de forma instantánea a los ‘progresistas’ para quienes son una manifestación de ‘rebeldía’ y ‘cultura popular’.

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A diferencia de Limbaugh, Imus nunca se ha alineado con una posición partidista, y ha repartido ácidos calificativos a ‘diestro y siniestro’ durante sus tres décadas de exitosa carrera radiofónica, calificativos mucho más agrios, destemplados y, a veces, insultantes que el muy partidista y politizado Limbaugh. En este sentido, Imus se acercaría más a los escarnios -muchas veces ultrajantes- del otro gran ‘host’ estadounidense de ‘talk show’ radiofónico de orientación política, Howard Stern, y sus muy controvertidas arengas -plenas de potentemente coloreados epítetos- contra homosexuales y feministas, entre otros grupos en el punto de mira de las más vitriólicas personalidades de la radio estadounidense, todas en el ámbito conservador y/o republicano, a pesar de los hasta ahora no muy exitosos intentos de progresistas y/o demócratas por encontrar figuras alternativas de contrapeso.

¿Es la hija de Sharpton una 'ho'?

Sin embargo, que nadie se engañe. Imus no es un apestado de masiva audiencia sino un locutor que, además, ha contado y cuenta en su estudio con las más relevantes personalidades de la cultura, la sociedad y la política estadounidense, muy alejado de un Howard Stern caracterizado en un famoso episodio de Los Simpsons como un bebedor de café en una taza con forma de váter y cuyas cortinillas radiofónicas sonaban como ventosidades.

A principios de semana, Imus ofrecía de nuevo sus humildes disculpas en el propio programa semanal radiofónico del reverendo Al Sharpton, a quien no dejaba de llamar “sir” en una espectacular demostración de respeto y acatamiento por el compungido autor de la expresión maldita, tanto más llamativa cuanto venenosas habían sido sus anteriores referencias a los 'líderes afroamericanos'. Sin embargo, a pesar de las reiteradas disculpas, el reverendo no estaba dispuesto a soltar una presa con tan formidable y elitista poder de convocatoria.

Sharpton se llevaba a su programa de radio a su propia hija, estudiante ella misma como las insultadas jugadoras del equipo de baloncesto, y, delante de la joven preguntaba, conteniendo la ira, a Imus: “Usted tiene a presentadores de informativos, a senadores, a candidatos presidenciales que van a su programa. ¿Estamos diciendo que es aceptable, en medio de esa clase de candidatos y conductores de noticias, llamar a mi hija una ‘ho’?”. E Imus volvía a responder, cabizbajo: “No, sir”.

"Nappy-headed hos"

'Nappy' designa, de forma peyorativa, el pelo rizado de los negros, con deslizamientos semánticos ocasionales hacia el vello púbico. Por su parte, la palabra ‘ho’ pertenece al argot negro estadounidense y equivale a ‘puta’ pero con unas connotaciones incluso mucho menos formales, de forma que sería más apropiado traducirla como “guarra”. Con ‘ho’ sucede como con ‘nigger’ (o ‘nigga’, según la pronunciación ‘de guetto’ forzada dentro de la subcultura afroamericana): son palabras utilizadas habitualmente en un entorno informal ‘pandillero’ afroamericano como autoafirmación e, incluso, como saludo, pero se consideran extremadamente insultantes si son pronunciadas -ni hablar, si son 'dirigidas'- por alguien fuera de ‘la comunidad de hermanos’, en especial, si ese alguien tiene la piel blanca.

Si fuera necesario encontrar una equivalencia en español y en otra subcultura distinta a la inexistente afroamericana en España, vendría a equivaler a términos como 'maricón' o 'maricona', utilizados habitualmente como autoafirmación y guiño de complicidad entre homosexuales pero extraordinariamente ofensivos -y legalmente punibles- fuera de tal contexto. De hecho, el rap estadounidense es un auténtico muestrario de los más gruesos vocablos en donde las mujeres ‘glosadas’ son calificadas constantemente de ‘hos’, entre permanentes alusiones al 'pussy' de la interfecta como único objetivo de la canción rimada o al deseo del rapsoda de llenarla de 'cream'.

Algunos grupos formados por raperas blancas han intentado un hip-hop más elegante e, incluso, 'culto', en el que su primera y no tan sorprendente marca de identidad para tal entorno se basa en afirmar que no se consideran ni 'bitches', ni 'hos', amalgamando las dos palabras más utilizadas entre blancos y negros para el mismo significado. Como ha dicho una y otra vez Imus, él sólo quería hacer un comentario gracioso en un programa de humor, pero que el comentario se le fue de las manos. O de la boca. Tanto CBS Radio como MSNBC -que retransmite el programa de radio por televisión- han suspendido durante dos semanas de empleo y sueldo a Imus. Sin embargo, ni Sharpton ni el resto del coro afroamericano y feminista ha dejado de exigir su despido fulminante. Varios anunciantes han retirado ya su publicidad del programa ante la algarabía montada de protestas y reproches.

El "Circo Sharpton", el rap de las 'cos' y la "hipocresía" de los medios

En este contexto, la también muy corrosiva columnista Michelle Malkin repasaba los primeros puestos de la lista de raps más vendidos en Estados Unidos y transcribía, blanco sobre negro, unas letras donde estalla en toda su brutalidad el, por otra parte, celebrado machismo negro del rap, que lleva a que estas canciones se mantengan como iconos musicales durante semanas o meses. En los primeros puestos absolutos de la lista, “epítetos raciales” como “nigga” o sexistas como “bitch” son permanentemente utilizados en medio de una feroz y violenta ‘cosificación’ de las mujeres, un peldaño por debajo de los tapacubos de las ruedas en la estima de los raperos. “¿Está realmente comprometido el Circo Shapton & Jackson con limpiar la polución cultural que degrada a la mujer y perpetúa los epítetos raciales?”, se pregunta Malkin ante el silencio de los ‘reverendos’ negros ante el holocausto de insultos y ofensas del rap negro.

Algunas organizaciones de defensa de los derechos civiles, con especial incidencia en los de los negros, han comenzado a alinearse con esta posición, hasta no hace mucho sostenida en voz alta tan sólo por las zonas más virulentas del conservadurismo estadounidense, como la ocupada con autoridad por la propia Malkin. Niger Innis, portavoz del Congreso para la Igualdad Racial, lamentaba en el programa de Paula Zahn, en la CNN, cómo “la hipocresía de estos imperios de medios de comunicación, llenos de asociaciones con la más grosera de las industrias, la industria del hip-hop, que bombea los más pervertidos estereotipos sobre los afroamericanos... esta hipocresía es, simplemente, burda”.

Innis se preguntaba si los mismos grupos empresariales que se lucran en sus discográficas con el “grosero rap” negro iba a despedir a Imus de sus medios de comunicación. La misma opinión manifestaba Michael Harrison, director de una publicación dedicada a la radio, quien denunciaba cómo, cada cierto tiempo, alguien es “crucificado” por pronunciar una palabra “comúnmente utilizada en nuestros medios, en los programas de humor, en las películas, en la televisión, en la radio”. “Culpamos (a esa persona) pero no a las empresas estadounidenses, ni tampoco a nuestros gustos. Y, entonces, el ciclo comienza de nuevo”.



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