NUEVO DIGITAL Internacional - Erdogan pone a Turquía como garante de la 'alianza de civilizaciones' en Europa horas antes del degollamiento de tres cristianos en su país, uno de ellos alemán
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Erdogan pone a Turquía como garante de la 'alianza de civilizaciones' en Europa horas antes del degollamiento de tres cristianos en su país, uno de ellos alemán

Erdogan pone a Turquía como garante de la 'alianza de civilizaciones' en Europa horas antes del degollamiento de tres cristianos en su país, uno de ellos alemán

19.04.07 • 04:09 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

“Si la Unión Europea no nos quiere, debería decirlo ahora de forma clara. Si no somos queridos, entonces ninguna de las dos partes necesita gastar el tiempo con negociaciones. ¿Es Europa el hogar para una alianza de civilizaciones o es un club cristiano? Si es lo primero, entonces Turquía debería ser parte de ella”. Son palabras del primer ministro turco en declaraciones a Der Spiegel. Prácticamente horas después de que apareciera la entrevista a Erdogan y sus apelaciones a la 'alianza de civilizaciones', un ataque a una librería cristiana en la localidad turca de Malatya dejaba tres muertos, todos por degollamiento, atados de pies y manos. La doble tenaza islamista y nacionalista amenaza a una Turquía que ya provoca un silencio estupefacto incluso entre los más entusiastas defensores de su potencial papel como puente entre Occidente y el islam, pero también un indisimulado espanto entre quienes consideran que la entrada del país en la Unión no supondría más que abrir la puerta a un explosivo caballo de Troya a punto ya de desbocarse.

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En un tono de extraordinaria irritación para los usos diplomáticos, Recep Tayyip Erdogan desgrana reproches a diestro y siniestro en un tono claramente abierto a los rencores públicos, como cuando, en su entrevista con el semanario alemán, se confiesa “dolido” por el hecho de que su país no haya sido invitado a las celebraciones en Berlín del 50 aniversario de la Unión Europea. Sin embargo, como demostraron las manifestaciones del pasado fin de semana en Turquía, es una significativa parte de la opinión pública de su propio país la que no se fía de las intenciones últimas de su primer ministro, a quien ven como el hombre que guarda bajo la manga una “agenda islámica” en lo que sería la última y más importante de sus ocultas intenciones de poder.

Erdogan, "dolido"

Cualquier observador medianamente avisado habría descubierto casi desde el principio de la gestación de la Alianza de las Civilizaciones que un proyecto como ese no era para Turquía más que una coartada diplomática para situarse como mediadora en el centro de un conflicto planetario pero que, en realidad, escondía la intención de ser utilizada en el asalto a la Unión Europea. Hasta ahora, Erdogan siempre había hablado de la necesidad de una ‘alianza de civilizaciones’ en un entorno de geopolítica internacional estratégica, es decir, en encendida oratoria de de grandes palabras. Sin embargo, conforme la irritación crece en Ankara debido a los ínfimos pero crecientes problemas en que se parapeta una Unión Europea que cada vez tiene menos claro lo de la ampliación a Asia, Erdogan abandona los llamamientos ‘civiliza-alianzatorios’ de concordia universal para utilizarlos ya de forma descarada a su objetivo más concreto de ‘real politik’: la Unión Europea.

En este crispado ambiente, el primer ministro turco se despacha con su ‘archienemiga’ Angela Merkel a través de las páginas de Der Spiegel. “Sinceramente, esperaba más de Alemania. Nos gustaría una idea más clara sobre una fecha, un hoja de ruta y un calendario para las negociaciones. De esa forma, los europeos podrían demostrar a nuestra gente que van en serio”. Sin embargo, malos, muy malos, son los signos que llegan desde Berlín y de su turno de presidencia de la Unión. Turquía ni tan siquiera ha sido invitada a las conmemoraciones del medio siglo de existencia de la organización europea. “Me siento dolido por ello. Realmente, no habría sido necesario. Personalmente, creo que ha sido un gran error. Oscurece la presidencia alemana de la Unión Europea”.

Nuevo toque de atención del ejército

Sin embargo, por el momento, la candidatura que más le debe estar preocupando a Erdogan es la suya propia a la presidencia de su propio país, y las sombras más oscuras, las que sobre él mismo se ciernen, no las inciertas de la Unión sino las arrojadas por una significativa parte de sus propios conciudadanos, precisamente la constituida por los más avanzados y laicistas, que le siguen viendo como un tapado del islamismo, incompatible con las estructuras seculares de la moderna Turquía. Más de trescientos mil de estos ciudadanos turcos se manifestaron el fin de semana pasado en Ankara para rechazar la candidatura de Erdogan a la presidencia del país y, de paso, para demostrar que el choque de civilizaciones dispone también de su propia sucursal turca, la formada por quienes, fuera de la insolidaria Europa del club cristiano, también ven al islamismo como un cáncer capaz de corroer cualquier estructura liberal y democrática en que se asiente.

El actual primer ministro no parece haberse amilanado por la oposición interna y externa a su persona, de forma que, aunque sigue jugando con la ambigüedad, está dejando caer indicios de que sí incluirá su nombre en el proceso formal de presentación de candidaturas que comienza el próximo lunes. A pesar de sus reiterados desmentidos sobre una ‘agenda islamista’ oculta, el hombre que intentó criminalizar el adulterio o eliminar las restricciones en su propio país a que las mujeres lleven el velo en instituciones públicas –llevándolo su propia esposa en público como un voluntario acto de afirmación-, o el hombre que ya estuvo preso por sedición entre abiertas afirmaciones de encendido belicismo islamista, ese hombre provoca no sólo ya los recelos de su población más comprometida con el secularismo estatal sino, además, los del ejército, cada vez más nervioso en su papel de garante de la Turquía laica de Atatürk.

El jefe del estado mayor turco, el general Yasar Buyukanit, daba un severo y público toque de atención al declarar: “Nosotros (en el ejército) esperamos que resulte elegido presidente alguien que sea leal a los principios de la república”. Las palabras del general se pronunciaban cuando aún no se habían acabado los ecos de las dichas por el presidente saliente, el militantemente laicista Ahmet Necdet Sezer, quien el pasado fin de semana alertaba sobre el grave riesgo del integrismo islámico para el país, una advertencia que en países como España suena muy diferente a como lo hace en Turquía, donde esa referencia se produce, inequívocamente, en envenenada referencia al actual primer ministro.

La vida sigue igual

Mientras tanto, la vida sigue y el gobierno turco juega también la carta de la normalidad al afirmar que las reformas en Turquía continuarán con o sin Unión Europea mientras, en paralelo, el 'establishment' político del país sigue utilizando la coartada de las grandes palabras sobre la necesidad de una alianza de civilizaciones. No hay acto internacional celebrado en Turquía en el que no broten encendidas referencias a tan grandioso proyecto, el último, una magra reunión de unos pocos alcaldes en Estambul, la ciudad símbolo que encabezó tres imperios, y cuyo nombre es permanentemente manoseado por las autoridades como punto de encuentro intercivilizatorio.

Sin embargo, el mensaje que sale de Turquia al exterior es muy distinto. Cristianos con el cuello degollado por islamistas, periodistas asesinados por nacionalistas, mafias ocultas en el estado o premios Nobel autoexiliados no forman el mejor porfolio negociador ni tan siquiera ante los mejor intencionados de quienes aún apoyan a Ankara en Bruselas y que, en efecto, ya no sólo comienzan a ver un caballo de Troya en Turquía sino un caballo de Troya que ni tan siquiera controlan quienes se encuentran en su interior, luchando entre ellos mismos por el control de los revueltos intestinos del estado candidato.



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