NUEVO DIGITAL Internacional - La iglesia anglicana de Zimbabwe acusa a los obispos católicos del país de ser "Tíos Tom" al servicio de los "blancos" por sus críticas al régimen de Mugabe
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La iglesia anglicana de Zimbabwe acusa a los obispos católicos del país de ser "Tíos Tom" al servicio de los "blancos" por sus críticas al régimen de Mugabe

La iglesia anglicana de Zimbabwe acusa a los obispos católicos del país de ser "Tíos Tom" al servicio de los "blancos" por sus críticas al régimen de Mugabe

25.04.07 • 03:48 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • THE HERALD (HARARE, ZIMBABWE) - Western propaganda now absurd - "The upsurge on the media demonisation campaign against Zimbabwe has reached laughable proportions with some of the articles being published by the willing dogs of the regime change agenda bordering on lunacy".

El propio arzobispo de Canterbury, Rowan Williams -muy activo también en el 'frente musulmán' doméstico- se vio obligado a viajar a Zimbabwe en marzo ante el escandaloso apoyo del arzobispo de Harare al presidente, Robert Mugabe. Al final del encuentro se consensuó un comunicado en el que se animaba a la iglesia anglicana del país africano a desarrollar una “voz independiente” en torno a los derechos humanos, comprometiéndola, por tanto, con su defensa pero manteniéndola 'independiente' de escrutinios y estándares 'occidentales'. Sin embargo, inmediatamente después, en Semana Santa, llegaron las virulentas denuncias de la iglesia católica del país en contra del “racismo y la corrupción” de las élites en el poder así como contra “la intimidación, las palizas y la tortura” sufridas por la oposición. La contrarreacción de la jerarquía anglicana no se hizo esperar.

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Siempre en cerrado apoyo a Mugabe, la Iglesia Anglicana de la Provincia del África Central -a la que pertenecen Zimbabwe, Botswana, Malawi y Zambia- exigía que se levantaran las sanciones occidentales contra Harare y acusaba a los países occidentales de ser los responsables de la devastadora crisis que asola el país, con una inflación oficial del 1.700 por ciento que analistas independientes consideran muy superior y que hace prever una inminente situación de catástrofe humanitaria generalizada.

Expropiación de tierras a los cultivadores blancos

En su comunicado del 19 de abril, los obispos anglicanos del África Central decían que las sanciones contra el gobierno del país africano por parte del países occidentales y, en especial, por el Reino Unido, “han afectado a los pobres, que se han llevado la peor parte. Por tanto, nosotros, hacemos un llamamiento a los países occidentales para que levanten las sanciones económicas y también al gobierno británico para que cumpla con su obligación de pagar compensaciones a los granjeros blancos”.

Los obispos anglicanos, entre ellos, el de Zimbabwe, Nolbert Kunonga, volvían así a exigir que Londres compense a los miles de cultivadores y propietarios blancos que fueron expulsados del país después de que hace siete años Mugabe decidiera expropiar sus tierras. En esa acción de "redistribución agrícola" se encuentra el origen de la devastadora crisis del país, después de que, tras la salida de los granjeros blancos, se hundieran las plantaciones de tabaco y Zimbabwe perdiera su principal fuente de divisas, ante la incapacidad del gobierno de que los ocupantes negros volvieran a rentabilizar el negocio.

En este contexto, el gobierno de Zimbabwe considera que es el Reino Unido el que debe pagar a los “blancos” las compensaciones puesto que los considera herederos del régimen colonial, a pesar de ser familias que, en muchos casos, llevaban generaciones viviendo en el país. La iglesia anglicana de la zona comparte esa posición. Durante el proceso de ocupación de las tierras, varios granjeros blancos y algunos miembros de sus familias fueron asesinados por los ‘milicianos’ que, tras arrasar las propiedades, se declaraban sus propietarios en medio de estrafalarias corruptelas de caciques tribales.

"Perros que ladran a un elefante"

El desplome del país fue casi inmediato. A pesar de que Mugabe le dio enseguida a la máquina de hacer dinero, el banco central se quedó sin fondos suficientes ni tan siquiera para comprar papel y tinta con que emitir más papel moneda. En este contexto, China vio camino abierto para realizar una agresiva penetración política y comercial en el país hasta convertirse, según los últimos datos publicados por el Diario del Pueblo desde Pekín, en la nación que mayor número de empresas gestiona en Zimbabwe.

El arzobispo anglicano Kunonga ha sido el hombre que ha calificado a los opositores a Mugabe como “perros que ladran a un elefante”. El máximo responsable de la Iglesia de Inglaterra en el país es frecuentemente alabado por los medios oficiales por sus “sentimientos progresistas” y ha calificado a algunos miembros de la iglesia católica en el país -todos ellos negros- de ser “Tíos Tom” y “marionetas” al servicio de los “blancos” y de los países occidentales por sus críticas a Mugabe. Especialmente tras las torturas inflingidas al líder de la oposición, Morgan Tsvangirai, la iglesia católica recrudeció sus ataques al régimen de Mugabe y no sólo acusó a sus dirigentes de “racistas” y “corruptos” sino que exigió su inmediato abandono del poder.

Negros católicos, acusados de colaboracionistas con los 'blancos'

La alusión al popular personaje de la novela de Harriet Beecher Stowe -pero hoy de una extremada incorrección política en círculos 'progresistas'- es un término común muy peyorativo utilizado entre sectores negros -tanto africanos como estadounidenses- para denotar el 'colaboracionismo' y la 'sumisión' hacia los blancos que habría terminado siendo simbolizado por el comportamiento del 'Uncle Tom' de la ficción.

En medio de encendidos artículos en la prensa semioficial del país responsabilizando a Occidente de una “campaña” contra Zimbabwe, los economistas acusan del desastre a la escandalosa corrupción de las élites del país así como al apocalipsis de gestión que siguió a la incautación de las propiedades de los blancos.

Por su parte, desde la Unión Europea se recuerda que las sanciones van dirigidas sólo contra los líderes y, de hecho, la organización internacional acaba de extender la prohibición de viajar a territorio europeo a más autoridades del país africano. En estos momentos, unos cien políticos del régimen de Mugabe tienen vetada la entrada en la Unión, incluyendo al propio presidente. En el país africano se califican estas acciones como una “campaña terrorista”.

Una pelea matrimonial de 400.000 euros

La corrupción en Zimbabwe no sólo alcanza los niveles trágicos que han llevado al país a una situación de prealerta de catástrofe humanitaria generalizada sino que, a veces, toman caracteres abiertamente grotescos, como en el caso del reciente viaje “privado” de Mugabe a Malasia. La prensa británica había publicado que el presidente del país se había gastado casi 400.000 euros en un fastuoso viaje para que él y su familia pudieran contemplar el Gran Premio de Fórmula 1 que se disputó en ese país. Sin embargo, otras versiones de ‘insiders’ en Zimbabwe afirman que fue una pelea matrimonial la que llevó a Mugabe detrás de su temperamental segunda esposa al Lejano Oriente.

Grace Mugabe, antigua secretaria de su marido y cuarenta años más joven que él, se sintió humillada durante una visita a la familia de la fallecida primera esposa del presidente tras ser obligada a esperar en el coche mientras su consorte presidente visitaba a su anterior familia política. Herida en su amor propio, Grace cogió primero a los dos hijos del matrimonio y, después, los tres, un vuelo a Malasia. Mugabe la habría seguido allí en un extremadamente caro viaje de intento de reconciliación, por supuesto, sin que faltara en todo el embrollo ni séquitos en toda su extensión ni los habituales lujos con que los gestores del país más arruinado de África permanentemente se rodean entre acusaciones al "colonialismo" por la situación creada.



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