NUEVO DIGITAL Internacional - Informe oficial: Los colegios británicos, una "bomba de relojería" por la "huída blanca" de los centros educativos 'étnicos'
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Informe oficial: Los colegios británicos, una "bomba de relojería" por la "huída blanca" de los centros educativos 'étnicos'

Informe oficial: Los colegios británicos, una "bomba de relojería" por la "huída blanca" de los centros educativos 'étnicos'

30.04.07 • 04:30 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

De cada ocho niños que estudian en los colegios británicos, uno pertenece ya a una minoría étnica y habla en casa un idioma distinto al inglés. Los graves problemas de convivencia cuando no la imparable escalada de asesinatos y crímenes violentos cometidos por adolescentes que han alarmado en las últimas semanas al Reino Unido han terminado por hacer ver con mayor claridad no sólo la extremada división de comunidades en el país sino también las graves tensiones entre ellas. En una manifestación más de la “white flight” o “huída blanca” que se dio en Estados Unidos y que ahora alcanza a la multiétnica Europa Occidental, las familias de clase media blanca concentran a sus hijos en escuelas blancas y de clase media, en abierta estampida de los centros ‘multiculturales’. La Comisión para la Igualdad Racial del país ha calificado esta tendencia como “una bomba de relojería” que provocará el estallido de la segregación racial y cultural, con la comunidad musulmana, una vez más, en el centro de las premoniciones del abismo.

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“Si un niño musulmán es educado en un colegio donde la gran mayoría de los otros niños son también musulmanes, ¿cómo vamos a esperar de él que trabaje, que viva y que interactúe con personas de otras culturas cuando deje el colegio?”. Es la pregunta que se hacía Nick Johnson, director de la Comisión para la Igualdad Racial del Reino Unido. “Esto es una bomba de relojería en marcha esperando explotar”, concluía el atribulado responsable del ‘watchdog’ del cóctel étnico británico. La propia BBC que ofrecía la noticia, entre otros medios, ilustraba la información con una la foto de una mujer musulmana llevando de la mano a un niño y cubierta de pies a cabeza con el negro ‘niqab’ que sólo permite verle los ojos. Sin embargo, la presión de la culpa es situada en una clase media nativa que prefiere ‘otro’ entorno cultural para sus hijos en su propio país.

Como en cualquier otro lugar, la clase media británica nativa no entiende de grandes problemas etnicosociales y sólo parece dejarse llevar por una máxima universal: con los hijos de uno no se juega. Ni sirven como piezas para revertir tensiones raciales o culturales. Y menos, se experimenta con ellos. Consciente de este problema, el organismo de presión multicultural británico ha propuesto algunas medidas para intentar revertir la tendencia de ‘huída blanca’ hacia centros culturalmente más homogéneos. Entre estas medidas se propone la entrega de dinero a los colegios que más alumnos de minorías étnicas admitan. Poco deben conocer estos expertos los resultados que esa política ha dado en Estados Unidos, un país que, precisamente, es situado por ellos mismos como una referencia negativa de segregación racial en los centros educativos. En este sentido, Johnson confesaba el miedo de su organismo a que el Reino Unido se convierta en una "mini-América con colegios racialmente determinados".

Subvenciones para la integración étnica

Cualquiera que conozca mínimamente el sistema estadounidense de incentivos étnicos en ‘cash’ sabe que degeneró, casi desde su mismo inicio, en una especie de incontrolada admisión de alumnos por colores de piel y procedencias más o menos exóticas con el fin de aprovechar unas subvenciones concedidas, en principio, para fomentar las ‘diversidad’. En voz baja, directivos de institutos y universidades norteamericanos reconocen que la entrega de dinero de fomento racial causó un desplome en las exigencias educativas para los alumnos de las minorías étnicas, cuyos cupos son ávidamente cubiertos con el fin de no perder los ansiados y muy necesitados subsidios de la diversidad. Sin embargo, los responsables de la Comisión para la Igualdad Racial no parecen entender ni este fenómenos ni las perspectivas de las familias para sus propios hijos.

En una demostración de la ‘integración con sangre entra’, Johnson afirmaba: “Si los colegios son juzgados exclusivamente por los resultados académicos de los alumnos, no nos puede sorprender demasiado que estén seleccionando a alumnos blancos de clase media, que tienen más oportunidades y más probabilidades de tener éxito”. El pequeño problema es que las familias, cuando llevan a sus hijos a un colegio, sí juzgan a un centro por los “resultados académicos de los alumnos” y no por sus etéreas políticas de laboratorio de ‘alianza de civilizaciones’. Las propuestas sobre cómo las distintas comunidades viven “vidas paralelas” aun residiendo en la misma calle y cómo esto se solucionaría con “loterías” de niños para la escuelas donde el azar mezclara religiones y colores de piel no provocan más que nuevas y abrasivas recriminaciones en los foros de los lectores, donde se rechaza la existencia de racismo pero sí se admite que unos padres, si pueden, no van a mezclar a sus hijos con “elementos perturbadores”, tengan el color de piel que tengan.



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