Giuliani, líder en las encuestas para la nominación republicana: El New York Times y el Washington Post lanzan consecutivamente sus naves contra el 'alcalde de América'
XUna semana escasa han tardado los dos principales diarios estadounidenses de referencia en responder al, por el momento, imparable ascenso de Giuliani en las encuestas que le presentan como favorito a la nominación republicana. Ambos medios, conocidos por su sesgo ‘progresista’ o ‘izquierdista’ -‘liberal’, según la terminología política estadounidense- han comenzado a golpear en el punto más sólido del anterior alcalde de Nueva York: su figura de líder tras el 11-S que le aupó a una casi indiscutida mitificación entre los ciudadanos del país más allá de sus afinidades ideológicas o partidistas. Hasta ahora. El fuego de la artillería pesada periodística fue abierto el domingo por el diario de la capital política del país y replicado al día siguiente por el de la capital económica. Ambos arrojando tétricas sombras y sospechas sobre la figura del ‘alcalde de América’ y ambos sin realizar ninguna acusación concreta de ilegalidad en el comportamiento personal del candidato republicano.
Seguimiento:
A comienzos de este mes, exactamente el jueves día 3, los candidatos a la nominación republicana celebraban un debate público en California en el que las crónicas, de forma unánime, destacaban cómo todos habían manifestado un cuidado exquisito en evitar relacionarse ellos mismos o a sus políticas con Bush hasta el punto de que el nombre del actual presidente había sido mencionado una sola vez mientras el de Ronald Reagan aparecía en diecinueve ocasiones.
Dos días después, Newsweek publicaba una encuesta en la que Bush alcanzaba un nuevo récord de desaprobación de su mandato con sólo un 28 por ciento de apoyo entre los votantes en general. El último presidente en alcanzar tales cuotas de rechazo había sido Carter. Anteriormente, tan sólo habían caído más bajo Nixon y Truman en sus peores momentos y no por mucho menos. Este mismo sondeo demostraba con un dato contundente el tremendo desgaste de un partido republicano batido por Irak y por la emigración ilegal: prácticamente todos los candidatos demócratas ganaban a todos y cada uno de los republicanos cuando se realizaban enfrentamientos por parejas en las preferencias de los electores.
El mito Giuliani, estrella emergente republicana
“Es difícil decir cuál es la peor noticia para los republicanos: que George W. Bush tiene el peor índice de aprobación para un presidente estadounidense en una generación o que parece estar arrastrando a todos y cada uno de los candidatos con él”, decía Newsweek ese 5 de mayo. Sin embargo, la misma encuesta mostraba la agresiva estrella emergente de Giuliani en las preferencias del electorado republicano frente al senador John McCain y al ex gobernador de Massachusetts, Mitt Romney. La figura del anterior alcalde de Nueva York no sólo estaba sólidamente aposentada en sus méritos por haber convertido a la metrópolis en una ciudad habitable y rejuvenecida tras su agresiva ofensiva contra la delincuencia sino también, y sobre todo, en su figura 'moral' tras su demostración de liderazgo en la gestión de las horas y días posteriores al 11 de Septiembre.
Con el telón de fondo de la división demócrata por la cerrada lucha entre Hillary Clinton y Barack Obama -que ha comenzado a jugar implícitamente la carta racial mediante el desmentido de que ésta vaya a ser significativa en las elecciones-, en el bando republicano las cosas cada vez se estaban definiendo con mayor claridad hacia el ‘alcalde de América’, quien unía demostradas gestión y resolución como sus principales cartas de presentación ante el electorado. Y ahí es, justamente, donde han comenzado a machacar los dos grandes periódicos de la izquierda política y cultural estadounidense.
El hombre del 'secretismo'
Bajo el demoledor titular de "En el sector privado, Giuliani se valió de su fama para conseguir riqueza", el Washington Post arrojaba el domingo sombras sobre la labor realizada por la firma de consultoría fundada por el ex alcalde tras dejar su oficina en el ayuntamiento de Nueva York, firma con la que habría ganado en cinco año unos 100 millones de dólares, "según una fuente de confianza" citada, pero no identificada, por el diario.
A través de las muchas páginas dedicadas al tema, tanto en la edición impresa como en la electrónica, el diario de la capital federal veía “secretismo” en los negocios de Giuliani y nombraba a colaboradores y clientes con inquietantes conexiones o con antecedentes en el entorno de la ilegalidad. Para rematar el retrato del nuevo Dorian Gray, el periodista describía a Giuliani como el hombre que había llevado a sus negocios su personalidad como político: su “confianza en sí mismo y su, a veces, desafiante insistencia en hacer las cosas a su manera”.
No le fue mal con esas “características de un político” a un Giuliani gobernando Nueva York en mandatos consecutivos o resolviendo la brutal crisis provocada por el 11-S. ¿O sí? El New York Times, ayer lunes, y un día después de la carga del Washington Post, pontificaba sobre cómo “el triunfo del liderazgo de Giuliani llegó con un coste humano”. “Un examen de la gesión de Giuliani en la extraordinaria operación de recuperación (de Nueva York tras el 11-S) durante los últimos meses en el cargo muestra cómo se apoderó del control y limitó en gran parte la influencia de experimentados departamentos federales”, afirma el diario neoyorquino.
NYT: El triunfo de Giuliani costó vidas
“Según algunos expertos y según muchos de los que trabajaron en las ruinas del centro de negocios, haciendo esto, Giuliani pudo haber permitido que su sentido de la determinación evitara la precaución en la carrera por probar que la ciudad no había quedado traumatizada por el ataque”, continúa la información del New York Times. Las fuentes consultadas por el diario aseguran que, con su ‘forma de hacer las cosas’, el alcalde habría impedido que se siguieran estándares federales de seguridad en el trabajo de los equipos de salvamento, de forma que su “decisión, determinación y autoconfianza” habrían sido, en realidad, los responsables de la oleada de enfermos como consecuencia de los gases respirados en la Zona Cero, cuyo goteo de fallecimientos salpica de vez en cuando la prensa neoyoquina.
Más allá de lo que salga de la investigación sobre la respuesta de Giuliani al 11-S -probablemente la mayor que ha tenido que padecer una ciudad para un único y fortuito acontecimiento-, los diarios ‘de referencia’ estadounidense han comenzado a centrar las informaciones no en la potencial mala gestión de la crisis o en cómo lleva sus negocios privdados sino en la supuesta personalidad “autoritaria” de un ex alcalde al que ahora se presenta envuelto en el “secretismo” de supuestamente turbios negocios sobre los que no se realiza acusación alguna ni de ilegalidad ni tan siquiera ilegitimidad, limitándose a arrojar unas sombría dudas que se pretenden mucho más tóxicas que los vapores dejados en la Zona Cero por los enojados guerreros de Alá.
