Ahora también en el punto de mira conservador: La constructora de autopistas Cintra, del grupo español Ferrovial, en el centro de la ofensiva republicana contra Giuliani
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El destacado lugar de Giuliani en las encuestas sobre la nominación republicana no sólo ha provocado tensión en el bando ‘progresista’ estadounidense de afinidad demócrata sino también en el conservador de querencia republicana. El apoyo de Giuliani al “derecho de las mujeres a decidir” en torno al aborto, su oposición a la construcción de la valla fronteriza con México o su aval a una posible “amnistía” para los emigrantes ilegales ya en territorio de Estados Unidos le ha situado también en el punto de mira de los sectores más duros del republicanismo que, de esta forma, se convierten en compañeros de viaje de unos demócratas que le ven como un incómodo competidor demasiado próximo a sus planteamientos. La frenética labor llevada a cabo por la compañía de consultoría fundada por Giuliani tras dejar la alcaldía de Nueva York se ha convertido en una mina de sospechas sobre potenciales conflictos de intereses, tanto más graves por cuanto ni el presidente ni el vicepresidente de Estados Unidos responden de este tipo de limitaciones al no ser considerados como ‘funcionarios’ y, por tanto, no estar sometidos a las normas que los regulan.
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Los nodos conservadores se han unido al gran festín abierto en la caza de los negocios de Giuliani en una ofensiva que mezcla información de negocios con ajustes de cuentas por las anteriores tomas de posición de un ‘maldito’ a ambos lados del espectro político como Giuliani, demasiado blando y cercano a muchas tesis demócratas, demasiado duro y autoritario para el partido de sus oponentes demócratas pero también un competidor directo en otro partido. En este entorno, el nombre de la constructora de autopistas y aparcamientos Cintra, perteneciente al grupo español Ferrovial, suena cada vez más como un ejemplo de clamoroso conflicto de intereses que va más allá del negocio en sí mismo para adentrarse en el mismo núcleo de las grandes líneas del republicanismo en su concepción del estado y la política.
Giuliani, Cintra y Texas
El problema tiene un nombre, y ese nombre es I-35 NAFTA Superhighway. El bufete Bracewell & Giuliani ha sido presentado por el Departamento de Transporte de Texas como la única firma que representa a Cintra en el proyecto de construcción de la Superautopista NAFTA I-35, proyecto en el que la compañía española está unida a la estadounidense Zachry Construction. Además, el bufete de Giuliani también ha asesorado a Cintra en otros proyectos de construcción de autopistas en Texas, como en el caso de la conversión de la estatal 121 en una autopista de peaje a su paso por varios condados texanos.
Además, Cintra consiguió una concesión de 50 años para operar otra vía de peaje, la SH 121, por el que el grupo español pagará un alquiler anual de 700 millones tras dar una entrada de 2.100 millones de dólares. Siempre sin dejar Texas, y según los datos aportados por WorldNet Daily, una agencia de noticias de marcado enfoque conservador, el bufete de Giuliani habría negociado y conseguido para Cintra otra serie de concesiones para la construcción y explotación de autopistas en Texas en contratos que se miden por miles de millones de dólares y que también se extienden a Chicago, siempre de la mano de la asesoría de Bracewell & Giuliani.
La madre de todas las autopistas
Sin embargo, y más allá de las extensas conexiones en la negociación de grandes negocios para un candidato presidencial que, de ser elegido para el Despacho Oval, no respondería de ningún tipo de conflictos de intereses al no ser considerado un ‘funcionario’ del estado, el proyecto que, realmente, pone en posición de disparo al pelotón republicano duro contra Giuliani es la NAFTA I-35, un proyecto cuyo solo nombre levanta la ira en amplios sectores estadounidenses -especialmente en el ámbito conservador- que lo consideran una pura y simple cesión de soberanía nacional.
Se trata de un más que mastodóntico proyecto de vía de comunicación en el que se incluye una autopista de diez carriles, líneas paralelas de ferrocarril para mercancías y pasajeros, conexiones por fibra óptica y un gaseoducto, todo dentro de un corredor con una anchura equivalente a cuatro campos de fútbol. La denominación de NAFTA proviene de que se trata, precisamente, de un proyecto auspiciado por el tratado económico norteamericano, de forma que la reconvertida I-35 sería, a su paso por Texas -y por mitad de Kansas City, donde se instalaría una oficina de aduanas mexicana- sólo una parte de la gigantesca vía de comunicación que uniría a México con Canadá a través de Estados Unidos. Y ahí está, precisamente, el carácter simbólico de este proyecto.
Desde amplios sectores del Partido Republicano se considera el tema de la Superautopista NAFTA no sólo como una liquidación de la ‘independencia’ estadounidense por la vía de los hechos en la apertura de una gigantesca de vía de comunicación con México sino también como una especie de ‘caballo de Troya’ por el que se redoblará la 'invasión' mexicana de Estados Unidos a través de sus incontrolables oleadas inmigratorias. Es más: los ataques republicanos más furibundos no sólo resucitan ahora los antecedentes de Giuliani durante su época de alcalde como opositor a las políticas de represión de la inmigración ilegal -cuando muchas voces ya clamaban que ésta había servido de camuflaje a los terroristas del 11-S- sino con un supuesto interés en rentabilizar la superautopista NAFTA con México por la que tanto peleó el bufete del ahora candidato presidencial y que terminó consiguiendo para la española Cintra, su cliente.
El 'caballo de Troya' de la NAFTA I-35
En Texas precisamente ya hay algunos congresistas republicanos que han tomado la voz cantante contra la NAFTA I-35, como el miembro de la Cámara de Representantes por el estado sureño, Ron Paul, quien tampoco evita relacionar a la ‘superautopista’ con un encubierto proyecto de “integración” norteamericana de México, Estados Unidos y Canadá por la puerta de atrás y sin control parlamentario ni apenas periodístico. Es este punto el que ha lanzado al activismo opositor a un ‘independestista’ bando republicano y su nacionalismo a ultranza que ahora actuará contra Giuliani en un proyecto presentado no sólo como una traición a la soberanía y seguridad estadounidenses sino también como un envenenado ejemplo de las demasiadas y comprometedoras conexiones de negocio del candidato, y todo ello mezclado con las ahora 'sospechosas' tomas de posición del ex alcalde en contra de la represión de la inmigración ilegal, entre ellas, su oposición al muro fronterizo con México.
Todo ello demasiado explosivo para quien aspira a ser el presidente de los Estados Unidos y deberá decidir, desde el máximo cargo federal, en torno a proyectos estatales como el de la Superautopista en el que nacionalismo, política y negocios se mezclan de forma excesivamente incendiaria por mucho que algunos recuerden la recuperación de Nueva York que Giuliani llevó a cabo, eso sí, sin dejar de mencionar, como una especie de tributo al ala dura, su oposición a los grandes proyectos republicanos de reforma del welfare incluso ante los tribunales.
