Congreso internacional contra la 'cultura del miedo y la culpa' en la educación de los hijos: El fracaso de los padres de diseño desencadena la rebelión contra la 'paternidad de la paranoia'
XHubo un tiempo en que los padres educaban a sus hijos según sus criterios y responsabilidades. Los primeros ordenaban y los segundos, obedecían, de la forma más invisible posible. Hoy, las relaciones familiares se han convertido en una guerra abierta de destrucción masiva en la que porfían, entre dramáticas escaramuzas mutuas, agobiadas turbas de padres en plena paranoia y un ejército de hijos sumidos en distintos pero inquietantes grados de psicopatía física y psíquica, ambos sometidos a falanges de atosigantes psicólogos y ‘expertos’ en esto y aquello, y todos bajo la tutela de un estado niñera que aconseja, regula y hasta ordena no sólo las relaciones intrafamiliares sino también la educación de los hijos para la ‘ciudadanía’ vía Boletín Oficial del Estado. Sin embargo, en los mismos países donde se urdió la ‘revolución’ de la ‘nueva paternidad para los nuevos valores’ es ahora donde también ha comenzado la contrarrevolución. El Mayo del 68 agoniza en medio de una vuelta a valores tradicionales que intentan recuperar las relaciones naturales entre padres e hijos, lejos, muy lejos de la industria que se enriquece con el generalizado fracaso a gran escala de los padres de diseño.
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¿Son los padres y la sociedad en general los responsables de la creación de generaciones de adolescentes y jóvenes no sólo incapaces de autovalerse sino a las que también es necesario salvar de ellas mismas? ¿Qué brutales traumas han imbuido en las tiernas e inocentes criaturas que flotan como pueden en los insondables océanos de orín del botellón la irresponsabilidad de unos padres que no leyeron los necesarios libros sobre paternidad responsable ni escucharon a suficientes autocalificados gurús de las relaciones entre padres e hijos ni tampoco hicieron caso al apabullante tropel de severas admoniciones de psicólogos de salón reconvertidos en monaguillos de programa basura televisivo? ¿Cómo escapar al círculo maldito y vicioso de la culpa echada como pesadas losas sobre unos padres en pleno pánico obedientes a una turbamulta de expertos que, a su vez, intentaban liberar de horrendos traumas a las mentes de unas nuevas generaciones que, de hecho, consideraban al parecer incapaces de madurar como lo habían hecho ellos mismos?
"Los padres, tratados como idiotas"
“Los expertos sobre paternidad están arruinando la vida familiar”, se acaba de clamar en un congreso celebrado en la Universidad de Kent. Destinado a destrozar a las legiones de psicólogos, sociólogos y expertos de diverso pelaje que “arruinan la vida familiar” con sus infinitas e incansables intromisiones en la relaciones entre padres e hijos, el congreso fue abierto por el gurú de quienes exigen la destrucción total de los gurús sobre la familia, Frank Furedi, profesor de sociología de la Universidad donde se celebra el encuentro, pero autor también del libro convertido en la biblia de la revuelta: “Paternidad paranoica y la cultura del miedo”. “El congreso trata la forma en que la paternidad se ha convertido en una industria. Ya no se habla de las relaciones con tus hijos sino sobre cómo los políticos y los profesionales tienen una opinión sobre ella y su irrupción en la vida familiar”, afirma Furedi, de sesenta años, y padre él mismo de un hijo de once.
“La tiranía de los gurús sobre hijos: No tienes por qué se un padre paranoico”, titulaba el Independent, antes de recordar cómo “nunca antes, el proceso de criar hijos ha estado sometido a tantas restricciones por autodeclarados expertos” y de constatar cómo “la reacción ha comenzado”. Temas como la “sacralización de las vinculaciones afectivas”, la “intensificación de la paternidad” o las intromisiones de políticos y ‘expertos’ en las relaciones entre padres e hijos son algunos de los temas que se tratan en un congreso abierto por Furedi de forma contundente: “Hemos llegado a un punto en el que estamos tratando a los padres como idiotas, llevándoles la idea de que sólo hay una forma de hacer bien las cosas (pero) lo que ha crecido es una floreciente industria sobre la paternidad cebada por los políticos”. La brutal presión sobre los progenitores incluye a madres coaccionadas desde los poderes públicos para dar o no dar el pecho a sus hijos pero también a mujeres dedicadas a “la carrera por crear el hijo más inteligente” en la que intervienen batallones de expertos al servicio de una industria que ya fabrica tarjetas de memoria flash para niños de seis meses y que inciden una y otra vez en el mensaje de que “si no lo compras, alguna madre comprará ese juguete, y entonces habrá un niño educado, pero no será el tuyo”.
Toneladas de ansiedad para las madres
¿Y los poderes públicos? “El estado niñera: Convirtiendo a las madres modernas en monstruos”, resume en otro reportaje el Independent, para quien “parece que hoy por hoy todas y cada una de las mujeres están sometidas a las críticas de un ejército de gurús de sillita infantil, activistas estatales y expertos sanitarios, todos preparados para amonestar con el dedo y repartir culpas”. “Hagas los que hagas como madre primeriza, siempre habrá un experto dispuesto a calificarlo de desastre. ¿Utilizas pañales desechables? Estás arruinando el planeta que tu bebé va a heredar. ¿Le dejas ver la televisión unos pocos minutos? Estás destruyendo su cerebro. ¿Le has acostado una hora y media más tarde de lo normal? Obviamente eres una madre miserable a la que nada le importa y a la que no se debería dejar ni una muñeca”, escribe una irritada periodista al dar cuenta del congreso de la Universidad de Kent. El proyecto del gobierno de Blair de poner una “superniñera” a cada niño británico para intentar llevarle por el buen camino en medio de la desatada oleada de violencia, drogas y asesinatos que asolan a los adolescentes en el Reino Unido es uno de los objetivos favoritos por los nuevos ‘desconstructores’ de la paternidad de diseño.
En estos momentos, el Reino Unido está sometido a “cantidades sin precedentes de psicólogos” que tratan a los niños británicos de un cada vez mayor estrés escolar, sin duda incrementado de forma masiva por los constantes exámenes y tests de los propios psicólogos que les rodean. Las alarmantes informaciones sobre cómo los niños doblan la rodilla apabullados por la presión a que son sometidos, a su vez, angustian también a los padres, y así todos terminan abrumados por cantidades masivas de zozobra, tormento y desesperación para los que, inmediatamente, aparecerá un nuevo experto que, sin duda, añadirá ansiedad al apocalipsis de culpas, miedos y frustraciones en que todos han quedado enredados, sin que aún haya llegado hasta ellos la revuelta de quienes desean regresar a tiempos más sencillos en los que padres e hijos se relacionaban de forma natural y con un sentido común convertido por el ejército de expertos y su industria de la culpa en el, como dice el tópico, menos común de los sentidos.
