De las revueltas contra los padres a la dependencia absoluta de ellos: Los grandes países occidentales se enfrentan a un 'crash' generacional de hijos que vivirán peor que sus progenitores
X- En Alemania, alguien con 30 años ganaba en 1970 un 15 por ciento menos que alguien de 50 años; ahora, la diferencia es de un 40 por ciento
- En el Reino Unido, un 65 por ciento de los padres británicos admiten ya que sus hijos vivirán peor que ellos
- En Italia, un 45 por ciento de los jóvenes-maduros de entre 30 y 34 años vive aún con sus padres
- NUEVO DIGITAL (28/05/07) - Estados Unidos, en recesión generacional: Los treintañeros estadounidenses, la primera generación en ganar menos que sus padres a su misma edad
La cultura del hedonismo y del consumismo desaforado ha causado una inflación de precios y recursos que ahora provoca la imposibilidad de acceso de los jóvenes a bienes básicos como el trabajo o la vivienda, situación que se agravará en el futuro cuando las pensiones de la gran masa de longevos y acomodados ‘baby-boomers’ deba ser mantenida por estos mismos jóvenes. Esta es, en pocas palabras, la sensación que van dejando traslucir cada vez más estudios sobre un futuro también cada vez más oscuro para una sociedades abrumadas por la superabundancia. La nueva ‘famélica legión’ está ahora compuesta por jóvenes occidentales con el último grito de teléfonos celulares pero sin acceso a puestos de trabajo dignos, a viviendas propias o a un futuro esperanzador que quizás ya ha comenzado a desplomarse encima de esta nueva y desafortunada Generación de los Becarios, la del ‘boomerang’ del superdesarrollo que sufre unos cada vez más esquizofrénicos diferenciales respecto a sus mayores pasados y presentes.
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Según recogía Nuevo Digital el pasado lunes sobre un estudio de varios ‘think tanks’ de Estados Unidos, un treintañero de ese país gana ahora, de media, un doce por ciento menos que la generación de sus padres a su misma edad, a comienzos de los años setenta. De hecho, el incremento en los niveles de desarrollo y los fuertes crecimientos económicos no se están trasladando a las nuevas generaciones.
La Generación de los Becarios: la escasez dentro de la superabundancia
“Regresando a los años veinte del siglo XIX, el producto bruto per cápita en los Estados Unidos ha crecido una media de un 52 por ciento en cada generación. Sin embargo, desde 1973, el ingreso medio familiar ha crecido sólo un 0,6 por ciento al año, una tasa que significa un incremento de un 17 por ciento en los ingresos medios de cada familia por cada generación. De esta forma, a menos de que suba la tasa de crecimiento, la próxima generación experimentará una mejora en sus estándares de vida que será sólo de un tercio respecto a la media histórica de anteriores generaciones”, afirmaba el estudio de Pew Charitable Trusts en torno al Economic Mobility Project para Estados Unidos.
Es más, en ocasiones, como sucede en España, lo que ganan los hijos no sólo puede ser inferior a lo que ganaron sus padres a su misma edad en términos relativos con los ajustes inflacionarios de por medio sino que también lo puede ser en términos absolutos. Pero, además, no sólo se están produciendo enormes diferenciales intergeneracionales, comparando de forma diacrónica a jóvenes de ahora con jóvenes de antes, sino que, incluso, las catas sincrónicas también arrojan datos inquietantes. Según Jorg Tremmel, de la alemana Fundación para los Derechos de las Generaciones Futuras, “debido al mercado laboral en Alemania, los jóvenes de hoy son conocidos como la Generación de los Becarios debido a que no pueden conseguir trabajos remunerados. En 1970, alguien con 30 años ganaba un 15 por ciento menos que alguien de 50 años. Ahora, la diferencia es de un 40 por ciento”.
Los hijos heredan las 'migajas del banquete' de los padres
Falta de trabajo junto con los demoledores precios de la vivienda provocan que en todos los países occidentales, incluso los jóvenes ya en el camino de la madurez se vean obligados a vivir con sus padres, con cifras significativas como las italianas, donde un 45 por ciento de quienes se encuentran entre los 30 y los 34 años de edad viven aún con mamá y con papá. Independientemente del probable cambio cultural en las acomodadas sociedades occidentales que ha provocado una mentalidad cada vez más acomodaticia entre sus nuevas generaciones -Sarkozy construyó su triunfo electoral con incómodas denuncias de este tipo-, las grandes cifras de la macroeconomía también apuntan al desplome de las perspectivas 'microeconómicas' de cada joven que intenta fabricarse su independencia, y con ella, su vida.
Bajo el irónico título tomado, a su vez, del famoso eslógan publicitario de una compañía de cosméticos, el Times titulaba un gran reportaje con un provocativo “Porque nosotros lo valemos”, en relación a unos ‘baby-boomers’ -en el Reino Unido, los nacidos desde el fin de la Segunda Guerra Mundial hasta los años sesenta- cuya “cultura del consumismo hedonista ha dejado a su prole con las migajas del banquete” y la descorazonadora sensación que lleva a que un 65 por ciento de los padres reconozcan ya que “las vidas de sus hijos serán peor que las suyas propias”. Los abuelos pelearon en el cataclismo de la posguerra y sus durísimas carencias; los hijos se desfogaron en los “coloridos años sesenta” manifestándose alegremente contra la guerra, el gobierno, la libertad de expresión, lo establecido y todo eso. ¿Y los jóvenes de ahora? ¿Qué desean? Una casa y un trabajo. Algo así como salir de la pobreza dentro de la abundancia.
Los 'baby-boomers' van a seguir mandando
Es más, el panorama podría ir empeorando progresivamente para esta generación de jóvenes y las siguientes que no sólo tendrán que lidiar con su propio y difícil mantenimiento sino con el de la longeva, extensa y acomodada generación de sus padres. Y, lo que es peor aun, en un entorno de progresiva degradación donde los apocalípticos añaden al cóctel un caos de inmigración descontrolada, cambio climático, globalización, envejecimiento, agotamiento energético e, incluso, “guerra nuclear”, como, lúgubremente, profetiza Avner Offer, profesor de Historia Económica en Oxford. ¿Se desploman los pilares de la Tierra? Hay otros profesores de otras prestigiosas universidades que opinan lo contrario. Los baby-boomers estadounidenses están comenzando a liquidar masivamente sus pensiones. “¿Y qué?”, se preguntan, de forma también desafiante, algunos expertos en el New York Times.
Mientras tiene lugar todo este debate, los grandes grupos de consumo siguen explotando insospechadas vetas en los baby-boomers, ya en su última madurez. ¿Cosméticos? ¿Quién dijo que eso es cosa de jóvenes o de quienes aún razonablemente pretenden serlo en su primera madurez? Unilever (Rexona, Axe, Sunsilk y muchas otras marcas) reconoce abiertamente que se lanza a la explotación de unos baby-boomers que ya no están interesados lo más mínimo en combatir el paso de la edad a base de cremas pero que “van a seguir siendo influyentes según envejecen, y tienen el dinero para gastar”. ¿Y los que vienen detrás? El Times se pregunta de forma amarga si los actuales y asentados baby-boomers estarían dispuestos a renunciar a una parte de su bienestar por facilitar el de de las generaciones más jóvenes. Y se responde a sí mismo de forma inmediata que una política de masiva construcción de viviendas que provocara un desplome natural de precios es algo que ningún partido político ha propuesto, con una ciudadanía madura que, precisamente, tiene en sus casas el seguro de vida de su propio retiro.
San Precario y la Generación Boomerang
Mientras, la Fundación por los Derechos de las Generaciones Futuras ha instituido el Premio sobre la Justicia Intergeneracional para estudios sobre temas que afecten a lo que denomina como “Generación Boomerang”, la que ahora regresa como rebotada, cerrando un círculo que se inició con un artero impulso, una generación que los acuñadores de términos también denominan ya como “Generación P”, con ‘P’ de Precaria, y bajo la advocación de ‘San Precario’, así, en español en el original de la web en inglés, como un símbolo de las tierras desde donde llegarán muchos fieles a los nuevos reinos del infierno de la escasez, en una nueva y más retorcida maldición bíblica donde los condenados no son expulsados del edén de la superabundancia sino que residen y residirán de pleno derecho en un paraíso del que apenas podrán disfrutar sus casi infinitos goces.
