NUEVO DIGITAL Internacional - Sarkozy continúa oponiéndose a la entrada de Turquía en la UE pero envía a emisarios secretos a negociar en Ankara y no bloqueará la reanudación de las negociaciones
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Sarkozy continúa oponiéndose a la entrada de Turquía en la UE pero envía a emisarios secretos a negociar en Ankara y no bloqueará la reanudación de las negociaciones

Sarkozy continúa oponiéndose a la entrada de Turquía en la UE pero envía a emisarios secretos a negociar en Ankara y no bloqueará la reanudación de las negociaciones

01.06.07 • 04:08 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Hay quienes siguen insistiendo en que la ‘real politik’ va a terminar imponiéndose en las rocosas posiciones de Sarkozy como ha terminando haciéndolo en la otrora vanguardia europea antiturca de Angela Merkel. En cualquier caso, desde la Unión Europea hasta el Vaticano, las presiones para que Europa trague la áspera píldora turca continúan tan cerrados como la intransigencia de Erdogan a aceptar los caramelos alternativos de una relación ‘privilegiada’ con la UE, según la propuesta austríaca, o la Unión Mediterránea ofrecida como opción por el propio presidente francés. Ante tal soledad, y en medio de unas advertencias de Bruselas que siguen imponiendo sobrecogedoras responsabilidades históricas en quien se oponga al ‘proceso’ turco, Sarkozy se ha visto obligado a salir a respirar para buscar aire. Y lo ha buscado precisamente en Turquía con la mediación de un emisario secreto.

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Poco o nada se sabe de lo que habló el enviado francés en Ankara. De hecho, el embajador en la sombra de Sarkozy viajó en secreto a Turquía y fue la prensa francesa quien tuvo que desvelar por su cuenta el inesperado y oscuro pero significativo movimiento diplomático. El hecho es que el nuevo presidente francés envió a Jean-David Levitte, su consejero en asuntos internacionales y antiguo representante oficial de París en Washington. Según destaca la prensa turca del encuentro a puerta cerrada, se sabe que Levitte se reunió con representantes del primer ministro y del ministro de asuntos exteriores. Pero no se sabe mucho más. Fuentes del ministerio de exteriores en la capital turca filtraban tan sólo que se había discutido la candidatura de Turquía a la Unión Europea como un asunto importante en las relaciones bilaterales. Cada cual puede entender estas observaciones como desee pero parece claro que Sarkozy intenta mantener controlado el incendio provocado en Ankara mientras echa leña en París.

Sarkozy no bloqueará las negociaciones

En París, y también en Bruselas. Dicho de otra manera, el presidente francés podría estar saliendo a respirar en Turquía precisamente para evitar ahogarse en Bruselas, donde pocas horas después de salir elegido en la segunda vuelta de las presidenciales francesas, el comisario para la ampliación, Olli Rehn, ya advertía de forma harto áspera que “si uno o varios estados miembros quieren cambiar el mandato negociador (con Turquía), les corresponde a ellos tomar la iniciativa y también asumir la responsabilidad por las posibles consecuencias”. Con el paso de los pocos días transcurridos desde entonces, esa aspereza se trasladaba en parecidas palabras al mensaje del propio presidente de la Comisión, José Manuel Duro Barroso, quien delante del propio Sarkozy, reiteraba el mismo e intimidante enfoque: quien bloquee la adhesión turca deberá asumir la responsabilidad de hacerlo.

¿Y la ‘real politik’? Sarkozy no sólo ha enviado un embajador personal a Ankara sino que también ha soltado aun más carrete al anunciar de paso su intención de no bloquear las negociaciones entre Bruselas y Ankara que deben retomarse a finales de junio, conversaciones, por otra parte, que tampoco están en sus mejores momentos después del carpetazo de la Comisión al interrumpir la negociaciones en varios capítulos clave tras la negativa turva a reconocer los puertos chipriotas. Chipre es precisamente el nombre de la píldora amarga que le corresponde a Turquía en el pulso, píldora que, como un gato, se niega a tragar y escupe una y otra vez mientras Olli Rehn sigue presionando para que lo haga, al menos, y como primer paso, en el afamado tema de la violación de los derechos humanos en la isla y que procede de la condena del Tribunal Europeo de hace ya seis años. Y después ya se hablará de puertos y de todo lo demás.

Pidiendo árnica en Ankara

Es muy difícil saber si Turquía tragará (con) Chipre y hasta cuándo mantendrá tal baza negociadora, un asunto muy envenenado también en política interna por el constante runrún del creciente y desbocado nacionalismo turco -asesinatos de periodistas por medio- y su vigilante ejército en la retaguardia, que tanto odia al islamismo que amenaza la laicidad del estado de Atatürk como a las, para los generales, inadmisibles cesiones de poder que, no ya la adhesión, sino el proceso de negociación, están provocando. Pero mientras Erdogan gestiona la baza chipriota, en lo que ya ha demostrado claramente que no transigirá es en las alternativas propuestas por Sarkozy, como esa fantasmal Unión Mediterránea con que París intenta torear el toro turco ni menos con la "relación privilegiada" con que Angela Merkel aún pretende burlar las aspariaciones de Ankara, a pesar de que, sobre las alfombras de Bruselas, es una campeona del apoyo a las negociaciones, al menos durante su turno de presidencia rotaria a punto de finalizar y a pesar de los graves roces -y hasta desplantes- del semestre que tanto han ofendido a Erdogan.

Con un Vaticano que no sólo reabre oficina de diálogo con el islam sino que apoya sin fisuras la incorporación de Turquía a la Unión, Sarkozy corre el peligro de que comiencen a sonar huecas y fuera de lugar sus declaraciones periodísticas -las últimas, al semanario alemán Cicero- en las que insiste en que no será suficiente con que Ankara cumpla las condiciones de la adhesión puesto que tal cumplimiento no alterará el hecho de que Turquía no es un país europeo. En este sentido, el problema de Sarkozy no es la enemistad turca sino la de Bruselas y la de la más o menos monolítica Europa pro turca en todas sus gradaciones. Por ello, y ante la destemplada acritud de Bruselas con el nuevo inquilino del Elíseo, Sarkozy pasa la mano por el lomo de la Turquía oficial -que flota como puede sobre las bandas del poder ultranacionalista clandestino y los tempestuosos ríos de 'dinero verde'- queriendo evitar ser devorado en el propio continente cuya integridad se propone defender.



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