Sudamérica desarrolla la yihad tropical: Musulmanes caribeños, en el punto de mira tras el nuevo plan de atentado masivo contra el aeropuerto neoyorquino de JFK
X- Russell Defreitas, musulmán nacido en Guyana, nacionalizado estadounidense, ex empleado en la zona de mercancias del aeropuerto JFK y detenido en la operación antiterrorista: "Aman a John F. Kennedy. Si das un golpe contra eso, el país entero estará de luto. Es como matar al hombre dos veces"
- NUEVO DIGITAL (24/08/06) - 'Profiling': Políticos y expertos en seguridad exigen abiertamente que los pasajeros de las líneas aéreas sean investigados de acuerdo a su potencial peligrosidad
- NUEVO DIGITAL (03/11/06) - Los gobiernos de París y Londres lanzan un contundente mensaje que confirman con hechos: Los musulmanes que trabajan en los transportes públicos son y serán estrechamente vigilados
Los propios investigadores reconocen que no son “terroristas de Clase A”. Ni contaban con el dinero necesario ni disponían de los explosivos imprescindibles para volar las conducciones de combustible en las proximidades del aeropuerto John Fitzgerald Kennedy de Nueva York. Pero sí tenían la intención, y el que consiguieran los medios podía ser cuestión de tiempo. Descrita como un asunto de meros aficionados en comparación con el plan descubierto hace un par de semanas para masacrar Fort Dix, la nueva intriga vuelve a reforzar los puntos principales de la nueva y mucho más inquietante yihad contra Occidente: son musulmanes, pero ni árabes ni relacionados en lo más mínimo con Al Qaeda. El nuevo terrorismo islámico de bricolaje yihadista se nutre de musulmanes americanos tropicales, repescados en los caladeros menos tensos de la geopolítica internacional, y de inmigrantes no sólo legales sino, en ocasiones, -como en esta- generosamente nacionalizados por el país que odian y al que deseaban, con todas sus fuerzas, causar el mayor dolor posible.
Seguimiento:
¿Marginados sociales? ¿Tipos misérrimos? ¿Nacidos en países con graves conflictos con Estados Unidos o con Israel? En absoluto. Nada de sarracenos. Ahora la cosa va ya de americanos tropicales. Entre los detenidos se encuentran un trabajador del JFK nacionalizado estadounidense y un ex parlamentario del principal partido de la oposición de Guyana. ¿El Caribe? En efecto. Los detenidos no sólo estaban recolectando información mediante la toma de fotografías y vídeos del aeropuerto, y bajando imágenes de la zona objetivo desde Google Earth, sino que habían viajado repetidamente a Guyana y Trinidad, donde habían intentado conseguir apoyo y dinero del grupo extremista musulmán Yamaat-al-Muslimin, que ya intentó un golpe de estado en Trinidad en 1990, según informaron el fin de semana los investigadores del FBI, y cuyo fundador se encuentra en muchos de los extremismos islámicos que han terminado en baños de sangre occidental, 11 de Marzo español, incluído.
Relamiéndose con la destrucción que iban a causar, los autores del plan contaron al informante del FBI -un delincuente relacionado con el tráfico de drogas al que se ofreció reducción de condena a cambio de colaboración- cómo “lo de las Torres Gemelas ni tan siquiera se iba a acercar” a lo que preveían como una explosión en las conducciones de combustible que se extendería en cadena por toda la red de tuberías que atraviesa barrios neoyorquinos completos. “Una parte de Queens explotaría” y, además, sería “la destrucción de todo el Kennedy”, fantaseaba Russell Defreitas, de 63 años, nacido en Guyana pero nacionalizado estadounidense y antiguo trabajador del JFK, en un nuevo episodio que vuelve a resucitar el agrio tema de los musulmanes trabajando en zonas sensibles de los aeropuertos y cuya manifestación más espectacular se produjo en el Charles De Gaulle de París, que ya vivió la extremadamente polémica revocación de las tarjetas de acceso a trabajadores musulmanes, algunos de ellos con inquietantes conexiones extremistas, pero todos apoyados a muerte por los sindicatos franceses.
Matar dos veces a Kennedy
Los expertos destacan que la red de distribución de combustible dispone de suficientes compuertas de seguridad como para evitar que una explosión en un tramo se comunique al resto de la red pero tampoco descartan la capacidad de destrucción que un “wacko” (un “pirado”) podría provocar. Se trata de la primera gran amenaza contra la Buckeye Pipe Line, que distribuye combustible en 18 estados y que, en sus instalaciones de Linden, en New Jersey, dispone de 45 enormes depósitos de queroseno, gasolina, diesel y otros combustibles con terminales que incluyen a los aeropuertos de JFK y LaGuardia. En total, y tan sólo en la ciudad neoyorquina, una red de casi sesenta kilómetros de distribución de combustible que atraviesa varios de los barrios más densamente poblados de la Gran Manzana. La prensa de Trinidad destaca cómo los vecinos de uno de los detenidos no podían creerse que Kareem Ibrahim, ese venerable “old man” al que llamaban “Pops”, albergara delirantes sueños de “castigo” contra Estados Unidos por su apoyo a Israel.
Sin embargo, Russell Defreitas, el antiguo mozo de equipajes del JFK, también era consciente de la enorme dimensión simbólica de un atentado, no sólo contra un aeropuerto, sino contra un aeropuerto con, precisamente, ‘ese’ nombre. “Aman a John F. Kennedy. Si das un golpe contra eso, el país entero estará de luto. Es como matar al hombre dos veces”, decía Defreitas en una de las decenas de conversaciones grabadas durante un seguimiento que duró 18 meses y en relación con un magnicidio que continúa perturbando la conciencia colectiva de los estadounidenses así como alimentando nuevos y polémicos libros, incluso cuando, como en el último, escrito por un ex fiscal de Los Angeles, simplemente vuelve a apoyar la versión oficial en contra de las teorías de la conspiración. Por su parte, el presidente de Guyana no sólo ha garantizado la extradición del ex parlamentario Abdul Kadir sino la plena colaboración del país en las investigación. “Estamos por completo del lado de Estados Unidos”, decía el presidente Bharath Jagdeo al Trinidad Guardian, radicado en Port-of-Spain, una ciudad asolada por el crimen y la delincuencia. (El Trinidad Guardian renueva diariamente sus enlaces y no conserva las noticias de pasadas ediciones por lo que los contenidos enlazados en esta información podrían no estar relacionados con los disponibles en la versión online del diario caribeño).
La conexión afgana en Guyana
La religión islámica fue introducida en Guyana por afganos asentados en la India y expulsados a la entonces también colonia caribeña británica, junto con musulmanes indios, tras protagonizar rebeliones contra el poder colonial. Como en el caso de los penados enviados a Australia por la metrópolis, los registros conservan los listados de los remitidos desde India a Guyana por las autoridades coloniales británicas desde mediados del siglo XIX hasta el primer tercio del XX. Se estima que un diez por ciento de la población de Guyana, unos 800.000 habitantes en total, es musulmana. Las autoridades del país insisten en que, por el momento, no se han descubierto ramificaciones terroristas en la antigua colonia holandesa, después transferida a dominio británico. Sin embargo, más allá de las diferencias de procedencias o de colores de piel, la 'guerra santa' islámica ya dispone de una nueva sucursal en el Caribe, probablemente el último lugar virgen hasta ahora de los más exaltados guerreros de Alá que así conquistan un nuevo territorio para la yihad contra el Gran Satán opresor del que, sin embargo, todos vivían y que les concedió la nacionalización para que residieran como unos ciudadanos más del país al que deseaban causar todo el dolor posible.
