Los soldados británicos heridos en Irak y Afganistán piden protección ante el acoso y las amenazas a que son sometidos en los hospitales del Reino Unido por ciudadanos musulmanes
XEn el Reino Unido, la oposición conservadora no para de exigir el inmediato traslado de los veteranos heridos a hospitales militares. Pero las autoridades de defensa insisten en que se ha reforzado la seguridad armada en los centros civiles donde son tratados los recién llegados de Irak o Afganistán ante la falta de camas en la sanidad militar. Sin embargo, el hecho es que se siguen produciendo incidentes cuando ciudadanos procedentes de países musulmanes o descendientes de ellos acosan, insultan y amenazan a los combatientes ingresados en los centros civiles. El último caso se producía la semana pasada, cuando un sargento herido era rodeado e insultado por tres mujeres jóvenes “con ropa tradicional asiática”, en el Reino Unido, un eufemismo políticamente correcto para denotar a pakistaníes. Los pacientes militares están tan gravemente heridos que son y serían incapaces de defenderse por sí mismos. El pasado mes de enero, la policía desbarató un plan urdido por jóvenes británicos de ascendencia paquistaní que pretendían secuestrar a un veterano de la guerra de Afganistán para torturarle y decapitarle, y difundir por Internet la grabación en vídeo de la nueva acción de la ‘quinta columna’ yihadista británica.
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Más que ‘Londonistán’, y a pesar de la espectacularidad de los gravísimos enfrentamientos de hace casi seis años entre británicos blancos y la comunidad descendiente de pakistaníes en Oldham, en la zona metropolitana de Manchester, -cuyo odio y resentimiento mutuos aún siguen hoy tan vivos como entonces-, es Bimingham el epicentro de una gran mayoría de los constantes terremotos de baja intensidad con que chocan permanentemente las comunidades británica nativa y emigrante musulmana, principalmente de origen pakistaní.
Silencio para "no minar la moral"
Fue en Birmingham donde se descubrió el complot de jóvenes pakistaníes para secuestrar a un joven militar recién llegado de Afganistán y retransmitir por Internet su tortura y decapitación. Ya entonces las autoridades de defensa debieron admitir que en las fuerzas armadas británicas servían unos 330 musulmanes, ante las crecientes voces que cuestionaban no sólo su lealtad sino la potencial peligrosidad que representan para el resto de compañeros, en un caso similar al ya abierto recelo deslizado en España con la expulsión de soldados de religión islámica, acusados de proselitismo fundamentalista.
Sin embargo, la guerra de baja intensidad a la que están sometidos los veteranos británicos en su propio país -con varios casos registrados en el Hospital de Selly Oak, en Birmingham- ha comenzado a alarmar ya abiertamente a las autoridades británicas que, de cara a la opinión pública, intentan dar una imagen de normalidad. Mandos militares reconocen que no airean demasiado los incidentes con el fin de “no minar la moral” de los soldados, en especial, la de los heridos que reciben tratamiento en grandes hospitales civiles del servicio sanitario público.
Veteranos heridos, entre pacientes mentales y ancianos incontinentes
Pero la moral ya está suficientemente minada no sólo por los insultos y amenazas de pacientes o visitantes musulmanes sino por el hecho de estar siendo tratados en hospitales civiles en unas condiciones de atención tan deplorables que ya causaron una primera erupción escandalosa con las primeras denuncias hace tres meses. Un oficial recién llegado de Afganistán reconocía que “no aporta mucho a la moral el saber que, dieciocho horas después de haber sido herido, te despertarás en un hospital de la Seguridad Social con un paciente mental en un lado y un anciano incontinente en el otro”.
Sin embargo, lo que ya preocupa en mayor medida no es el bienestar de los heridos sino su propia seguridad en los hospitales británicos. Las autoridades de defensa del país insisten en que no pueden tratar a todos los heridos que llegan de los dos grandes conflictos en el Oriente Medio en hospitales militares sencillamente porque no tienen ni camas ni personal médico suficiente. Denuncias periodísticas en el sentido de que soldados con heridas de bala y miembros amputados compartían pasillos con pacientes mentales y ancianos en el hospital de Selly Oak ya han dejado prácticamente de llamar la atención.
La amenaza doméstica musulmana sobre los heridos de guerra
Lo que ahora obsesiona a las autoridades es garantizar la seguridad de los heridos tratados en los centros civiles, incluyendo al gran hospital de Birmingham, donde también el fin de semana pasado se conocía el acoso de mujeres musulmanas a heridos tan graves que, a pesar de tener preparación militar y paramilitar, no podrían defenderse por sí mismos del ataque violento de una mujer. Se trata de un nuevo incidente que no hace sino repetir las constantes de otros anteriores en el mismo hospital de Selly Oak, donde pacientes y visitantes musulmanes insultan y acosan a los heridos y al personal que los atiende. Y ello sin mencionar la posibilidad de una incursión de ‘comando’, cuyos componentes simplemente deberían mezclarse con los visitantes del centro para llegar a las camas donde reposan los soldados heridos.
El diputado conservador, Patrick Mercer, ya exige “una extrema cautela en torno a la seguridad de los soldados heridos británicos y de quienes les tratan”. Heridos en territorio enemigo, a los mutilados y abrasados que regresan les aguarda lo peor en una cama de hospital de la seguridad social británica, donde, según dejan ver, sólo esperan que los insultos y los escupitajos de los hermanos de fe de quienes supuestamente están defendiendo del fanatismo y la opresión no pasen a más, inmovilizados y acosados en la camilla de un hospital público de su propio país.
