Reino Unido: Un tribunal declara culpables al padre y al tío de la joven kurda Banaz Mahmod tras desvelar la triste y sórdida historia de su 'condena' a muerte por "deshonrar el honor de la famila"
X- SKY NEWS: Banaz Mahmod - She warned police that she was in danger - (en turco, subtitulos en inglés)
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Hasta cuatro veces advirtió a la policía de que iban a matarla y hasta cuatro veces la policía la ignoró. Banaz Mahmod, turca kurda residente en el Reino Unido, tenía veinte años cuando fue estrangulada. Un tribunal acaba de condenar a su propio padre y a uno de sus tíos como los hombres que ordenaron la ejecución de la sentencia a muerte a la que había llegado un siniestro tribunal familiar. Tras un primer intento de asesinato, Banaz fue encontrada sangrando y aterrorizada, pero la agente que la atendió, Angela Corners, no sólo la ignoró, sino que pensó en acusarla por daños tras romper una ventana en su huida. “Por lo que pueda pasarme”, Banaz escribió después en un papel el nombre de quienes habían jurado matarla por deshonrar el ‘honor’ de la familia al abandonar al marido acordado para ella -con quien la casaron a los diecisiete años, y que le pegaba y violaba- y relacionarse en su lugar con otro joven del que estaba enamorada. Conocidos grabaron a la pareja besándose y pasaron el vídeo a la familia. Banaz también pidió a su novio que la grabara con un teléfono móvil en el que contó el intento de asesinato, el anterior al que iba a ser el definitivo, el consumado que terminó con ella asfixiada por un cordón y enterrada en un jardín dentro de una maleta. Tampoco sirvió de nada. Responsables de la fiscalía británica admiten ya abiertamente que la situación en el Reino Unido es "mucho peor de lo que habían imaginado" puesto que los asesinatos "son sólo la punta del iceberg".
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Ciertamente, la serena y delicada belleza de Banaz ha ayudado a que su caso haya incrementado la fama que ya le tenían destinado tanto el horror de su asesinato como la indiferencia y crueldad que le precedió. Pero ni tan siquiera Rahmat Sulemani, de 29 años, se había tomado muy en serio las desesperadas peticiones de ayuda de Banaz. Dice que la familia de su novia mostraba, de cara al exterior, una imagen muy distinta a cómo era en realidad, en la intimidad de los tribunales familiares a puerta cerrada. Rahmat vive ahora bajo un nuevo nombre, escondido, comprendiendo demasiado tarde que la cosa iba en serio, que la sentencia de la familia de su amada contra ambos no era una fantasía de Banaz, sino una sólida determinación que sólo por azar se llevó por delante primero a la hija y sobrina de quienes llegaron a la conclusión de que sólo así podía ser lavado el deshonrado honor de la familia.
La policía lo ignoró, la comunidad kurda lo escondió
Cinco policías se encuentran ahora bajo investigación interna para determinar por qué no prestaron credibilidad a las repetidas y desesperadas peticiones de auxilio de la joven, hasta cuatro tan sólo dos meses antes de que fuera asesinada. Banaz fue enterrada en una maleta en el jardín de un socio de su tío, ahora en busca y captura. Mucha gente en la comunidad kurda conocía de sobra lo sucedido pero, cuando la policía comenzó a investigar la ausencia de Banaz, esa misma comunidad kurda encubrió a la familia afirmando que se trataba de personas tolerantes y que la chica no había desaparecido. Tres meses después del asesinato, el cuerpo de Banaz era encontrado, y su propia hermana accedía a prestar declaración contra sus familiares más directos, su padre incluido.
La hermana de Banaz se llama Bekhal, tiene veintidós años, y ya había huido de la casa familiar hace cinco tras recibir palizas de su padre, quien la acusaba de también haber traído la vergüenza a la familia por sus costumbres occidentalizadas. Ahora vive igualmente escondida porque sabe que las amenazas de muerte sólo se eliminan con su cumplimiento, en especial, cuando la justicia infiel ha metido sus infieles narices en un asunto privado entre la familia y Alá. Cada vez que sale a la calle, Bekhal se cubre con un niqab que sólo permite ver sus ojos, y así ha aparecido en público, tan sólo retratadas sus pupilas en los periódicos, lo único que de ella autoriza a ser visto el lúgubre manto que la cubre de pies a cabeza.
Delitos "por honor", cometidos "a cientos" en el Reino Unido
Bekhal dice que nunca perdonará a su familia pero que, en todo caso, siempre se mantiene vigilante porque cualquiera de su comunidad puede dar el aviso de dónde se encuentra con el fin de que alguien ejecute la amenaza pendiente. Su tío Ari, el mismo que terminó matando a su hermana, le dijo que merecía “ser convertida en cenizas” por llevar la vergüenza a la familia. Además, el rencor contra ella se puede haber visto agravado tras la acción de la justicia externa civil, una justicia civil odiada por una gran parte de la comunidad islámica británica hasta el punto de que, según las encuestas, cuatro de cada diez jóvenes musulmanes del país reconocen que preferirían vivir bajo la sharia antes que bajo las leyes británicas.
Los expertos consideran que delitos relacionados con los crímenes por honor se comenten a “cientos” en el Reino Unido, aunque sólo unos pocos terminen en asesinatos conocidos y juzgados por la justicia británica. Activistas de organizaciones iraníes y kurdas de defensa de los derechos de la mujer insisten en que muchos suicidios de mujeres musulmanas no son más que otra forma de los crímenes por honor, donde la mujer es forzada a quitarse ella misma la vida para que la familia no vea manchadas sus manos de sangre. No por el hecho de mancharse de sangre, sino por las consecuencias legales con que los sistemas legales infieles condenan unas prácticas muy extendidas y socialmente aceptadas bajo la mesa en varios países musulmanes, y contra las que luchan otros varios de entre ellos, especialmente, los regímenes semilaicos de Turquía y Pakistán, de donde proceden la mayoría de las mujeres que en Europa caen bajo el peso de la especial ley islámica de los 'tribunales familiares', importados con la emigración desde la Asia de Mahoma.
"Llamamiento a los imanes y a las mezquitas"
Una denominada Ramadhan Foundation ha insistido en el mismo mensaje de siempre ante los mismos asesinatos de siempre. “Queremos dejar claro que la práctica ilegal de los matrimonios forzados y los asesinatos por honor no son ordenados por el islam, y el islam específicamente los condena y prohíbe”, ha afirmado uno de sus responsables, antes de realizar un llamamiento a “todas las mezquitas, imanes y organizaciones musulmanas” para enfrentarse a unas 'costumbres' que a toda costa quieren separar de la religión islámica, a pesar de la extremada contundencia de algunos de sus preceptos, nunca cuestionados ni cuestionables al ser palabra revelada directamente por Alá o pertenecer a la tradición del profeta o sus seguidores.
Como siempre, de cara al exterior, mezquitas, imanes y organizacioens condenarán la ejecución de la sentencia familiar sobre Banaz. Otra cosa es lo que se dice en el interior de muchas de las mezquitas, las mismas que hablarán en favor de la tolerancia y de los derechos humanos y de la mujer frente a las cámaras de televisión. Sólo cuando esas cámaras se convierten en ocultas, y graban lo que se clama y proclama dentro -como en el estremecedor reportaje de hace unos meses en Channel 4-, se comprenden por qué terminan algunas mujeres enterradas en una maleta en un jardín trasero en una fría tarde de invierno mientras todos sonríen y se pronuncian a favor de un islam que, en su opinión, no hace sino defender a las mujeres desde la misma palabra revelada a Mahoma.
