Ceuta y Melilla, ahora; el califato, después: La policía española, en máxima alerta por la ‘quinta columna’ de yihadistas "españoles, hijos de emigrantes, con estudios"
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La inteligencia europea ya manifiesta una abierta obsesión con la ‘quinta columna’ yihadista que aprovecha la autorización coránica de la ‘taqiyya’ para aparentar su integración en los valores democráticos occidentales. Aunque en Europa la inquietud es ya antigua -según, ha venido informando NUEVO DIGITAL desde hace más de un año-, en España, los servicios secretos del país, abrumados por su catastrófico fracaso en la evitación de los atentados terroristas de Madrid, no dejan de alertar ahora sobre la “segunda generación” de guerreros de Alá dispuestos no sólo a castigar a un país infiel con tropas en Afganistán -una vez retiradas las presentes en Irak en un conflicto al que la izquierda achacó la responsabilidad del 11-M- sino a seguir las directrices de movimientos musulmanes más o menos radicales en la recuperación de Al Ándalus, el mito que también la izquierda 'laica' no deja de alimentar con un enfoque de superioridad sobre la civilización cristiana a la que, según ella, ni tan siquiera entonces invadió por la fuerza.
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Sin embargo, lo que algunos ven como colaboracionismo intelectual con la yihad que vuela estaciones o torres de oficinas -antes de que comenzaran los conflictos en Irak o Afganistán- se extiende a los propios mandos policiales europeos. Estos altos responsables de los servicios de seguridad se abonan a la teoría de que la participación europea en esos conflictos es la causa de la amenaza terrorista sobre el continente, no formada ya por barbudos del Medio Oriente -con quienes desean marcar distancias las organizaciones representativas musulmanas en España- sino por, como dice un reciente informe policial español, “españoles, hijos de emigrantes, con estudios y vistiendo ropa occidental” que “beben alcohol, comen cerdo, van con chicas y bailan en discotecas”. Esta "segunda generación" de yihadistas representa, según los datos de la inteligencia europea, una amenaza mucho más grave y radicalizada que la de los yihadistas del Medio Oriente, pero que comparte con ella algunas obsesiones, en el caso de España, la reinstauración del califato de Al Ándalus que debería comenzar por la “recuperación” de Ceuta y Melilla, territorios que son calificados de ciudades “ocupadas” incluso por grandes portales islámicos que declaran ampulosas profesiones de fe en los valores de la "tolerancia".
Europol: la amenaza, justificada por Irak y Afganistán
Sin embargo, no sólo las organizaciones musulmanas europeas -con las mismas y ampulosas declaraciones en el "respeto" a los valores occidentales- toman como rehenes las políticas exteriores de los países europeos al relacionarlas con el terrorismo, sino los propios mandos policiales del continente suscriben la maniobra y, en vez de acusar al terrorismo en sí mismo y a quienes lo practican y lo apoyan, responsabilizan a los gobiernos democráticos -que, por otra parte, les nombraron y pagan- de los peligros que los países arrostran por los conflictos en el Oriente Medio. Esta vinculación de acción-reacción -permanente en las organizaciones musulmanas que se autocalifican de ‘moderadas’- era reforzada la semana pasada por el propio director de Europol para quien la participación europea en Afganistán o Irak convierte a la amenaza terrorista en “más grave que nunca”. Según Max-Peter Ratzel, en un informe que acaba de publicarse, “la percepción sobre la opresión del islam o la presencia de la tropas ‘extranjeras’ en tierras islámicas es, a menudo, invocada como justificación de los actos terroristas en varias partes del mundo”.
Este enfoque no sólo ha sido asumido -si no originado- por las organizaciones islámicas en Europa y los sectores políticos izquierdistas que las apoyan. Ahora, esas mismas organizaciones musulmanas ya han decidido ir más allá en su afán por descargar la responsabilidad de la guerra santa islámica en las propias acciones de los gobiernos y países democráticos que las albergan en sus regímenes de libertad. En este sentido, el presidente del Council on American-Islamic Relations condenaba que Occidente no reconociera la victoria de Hamás en los territorios palestinos mientras relacionaba esa falta de reconocimiento con la violencia yihadista. En declaraciones a Al Jazeera, Parvez Ahmed acusaba a Estados Unidos de "no comprometerse con los regímenes democráticos” en la zona, empezando por el de Hamás. “Hablamos de democratización en el Medio Este, pero Estados Unidos no se compromete con el gobierno más libre y justamente elegido en el Medio Este, que es el gobierno palestino”.
ONU: Occidente "conculca los derechos humanos de los musulmanes"
Las palabras de Ahmed se producían en una entrevista a finales de abril, antes del golpe de mano de Hamás para hacerse por la fuerza con el control de Gaza, pero también cuando ya se sabe que el propio CAIR ha sido relacionado en un caso, junto otras grandes organizaciones islámicas estadounidenses, en la financiación del terrorismo islamista en los territorios palestinos. La acción culpabilizadora hacia Occidente se completaba por el propio presidente pakistaní, Pervez Musharraf, quien exigía de Estados Unidos que se comprometa con mayor premura y con más fondos en el desarrollo de las zonas tribales de su país donde arraiga el terrorismo islámico, inyección de fondos no suficiente ni para contrarrestar el odio musulmán hacia el país norteamericano -como reconocía el presidente del CAIR en la entrevista para Al Jazeera- ni mucho menos para calmar las ansias depredadoras de dinero occidental por parte de varios países árabes y musulmanes.
Pero no sólo desde organizaciones y naciones islámicas, partidos de la izquierda occidental o mandos policiales europeos se responsabiliza del terrorismos yihadista a los países que tan sólo quieren defenderse de él. Las Naciones Unidas también aportan su sanción moral a quienes ven las acciones defensivas occidentales como una intolerable agresión a los “derechos de los musulmanes”. La propia delegada de las Naciones Unidas para la libertad de religión acusaba desde Suiza a los servicios secretos británicos de conculcar los derechos humanos de los musulmanes del país debido al “’profiling’ religioso” y a la “aplicación discriminatoria de los poderes de petición de documentación” en su labor de combatir el terrorismo islámico. Asma Jahangir, una pakistaní muy activa en la investigación por las Naciones Unidas y por su propio país de los ‘asesinatos por honor’, revolvía la responsabilidad terrorista en los propios servicios policiales que intentan combatirla, dejando el estatus de víctimas no a quienes se encuentran amenazados en sus propios países por lejanos mitos medievales admirados bobaliconamente por una parte de la población local occidental, sino a quienes a fueron acogidos por las mismas sociedades que, muchos de ellos de entre su comunidad, intentan destruir, incluyendo a quienes les protegen y dan cobertura civil y política.
