NUEVO DIGITAL Internacional - La reina de Inglaterra convierte en Caballero del Imperio Británico a Salman Rushdie mientras Juan Carlos de España entrega al rey de Arabia Saudí el Toisón de Oro, la mítica condecoración de la caballería europea cristiana
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La reina de Inglaterra convierte en Caballero del Imperio Británico a Salman Rushdie mientras Juan Carlos de España entrega al rey de Arabia Saudí el Toisón de Oro, la mítica condecoración de la caballería europea cristiana

La reina de Inglaterra convierte en Caballero del Imperio Británico a Salman Rushdie mientras Juan Carlos de España entrega al rey de Arabia Saudí el Toisón de Oro, la mítica condecoración de la caballería europea cristiana

19.06.07 • 03:58 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • España otorga una alta condecoración de origen cristiano al monarca del integrismo wahhabista musulmán. En paralelo, el Reino Unido concede honores a Rushdie, símbolo de la clandestinidad por el terror islámico en Occidente
  • Irán califica la distinción concedida al "odiado apóstata" de "planeado insulto occidental" a "los musulmanes"; el ministro Pakistaní de asuntos exteriores cree que el honor concedido a Rushdie justifica "ataques suicidas"

El terrorismo islámico en Occidente ha conseguido transmutar el significado de la clandestinidad. Antes, un huido clandestino era quien se ocultaba de las autoridades; ahora lo es quien permanentemente debe estar protegido por ellas. Rushdie abrió el camino en la internacional islámica de la amenaza, pero al autor angloindio le han seguido muchos. Unos, escondidos en las peticiones al periodista de que no publique sus nombres o, incluso, en el ruego de que retire una información después de que el temor les exigiera borrar de la memoria publicada lo que declararon o escribieron. Otros, como Robert Redeker, convertidos en símbolos mundiales de los nuevos clandestinos en su propia tierra, permanentemente ocultos y protegidos tras las condenas de los iluminados de Alá a las que sólo se enfrentó la timorata movilización de una mínima parte de la sociedad civil, pero superior, en todo caso, a la casi completa pasividad de la clase política.

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En España, el Consejo de Ministros aprobaba la semana pasada un real decreto para conceder al rey saudí, Abudulá bin Abdelaziz, el Collar del Toisón de Oro, la condecoración nacida a finales de la Edad Media francesa como símbolo de la defensa de la religión católica. Mientras, en el Reino Unido, la reina de Inglaterra convertía a Salman Rushdie en heredero simbólico de esa misma caballería cristiana medieval, una personalidad de muy distinta significación, tanto pública como, quizás, también privada en la relación entre condecorados y ‘condecorantes’. El monarca saudí inicia estos días su primera visita oficial a España, y lo hace representando tanto al país del integrismo wahhabí que financia la extensión de grandes mezquitas por toda Europa -España, incluida- como a una familia real de infinitos príncipes enriquecidos hasta el delirio y con la que se ha relacionado al rey español en negocios privados de todo tipo, pero todos bajo la etiqueta de ‘privados’.

Pakistán: "Los ataques suicidas están justificados"

A diferencia de lo sucedido con Robert Redeker, Salman Rushdie, pasada una primera época de ostracismo, nunca dejó de ser una figura pública y respetada, invitada a los actos de la gran sociedad civil y cultural a pesar de la renovada fatua de muerte de los ayatolas iraníes. El viernes se conocía el nombramiento del escritor como cabellero británico y Teherán no tardaba ni horas en convertir la distinción al “odiado apóstata” en una declaración de hostilidad occidental “contra los musulmanes”, con iracundos ecos en todo el orbe islámico.

Y, con la condena iraní, las habituales amenazas: “Conceder honores a un apóstata y a una figura odiada pondrá definitivamente a las autoridades británicas en confrontación con las sociedades islámicas”, decía el portavoz del gobierno iraní antes de extender a “Occidente” la tonante condena. “Este acto demuestra que insultar los sagrados valores islámicos no es accidental. Es algo planeado, organizado, guiado y apoyado por algunos países occidentales”, concluía el portavoz iraní. Más claro ha sido Mohammed Ijaz ul-Haq, ministro de asuntos religiosos del supuestamente moderado Pakistán. "Occidente acusa a los musulmanes de extremismo y terrorismo. Si alguien les explota una bomba (colocada) en su cuerpo, tendrá razón a menos de que el gobierno británci se disculpe y retire el título de 'sir' (a Rushdie)", declaraba ul-Haq, perteneciente a un gobierno a cuyo presidente el rey de España agradecía recientemente su condición de "promotor" de un "islam moderado y abierto".

Muchos han comenzado a plantearse si la concesión de la condecoración al escritor no lleva aparejada, junto con el reconocimiento de su figura -y una evidente declaración de intenciones frente a quienes la ‘condenan’-, una no buscada pero obvia ‘recondena’ de muerte al volverle a situar en el centro del panorama internacional. Pero mientras Teherán devolvía el guante con nuevas y monolíticas amenazas, algunos artículos de opinión publicados incluso en medios moderados de países islámicos oficialmente comprometidos con ciertos valores occidentales dejaban traslucir el entorno de debate para un Rushdie que sigue causando explícito “odio” en el orbe musulmán que le vio nacer.

Rushdie, "odiado apóstata" por sus llamadas a un "islam reformado"

Muy claro era, en este sentido, el artículo aparecido en el principal diario pakistaní en lengua inglesa condenando la condecoración a un Rushdie no visto como el pasado autor de los Versos Satánicos sino como el presente defensor de una reforma a fondo del islam. “Salman Rushdie ha continuado manifestando su odio al islam con sus continuas llamadas para que sea reformado. Afirma que lo que (el islam) necesita es ‘no menos que una movimiento de reforma que traiga los conceptos centrales del islam a los tiempos modernos’”, escribía un articulista en el PakTribune. “Términos como ‘reforma’, ‘secularismo’ y ‘moderación ilustrada’ tienen en común que el islam no debería ser visto como una forma completa de vida”, añadía el articulista antes de sentenciar que, sin embargo, “el islam es una forma completa de vida que se manifiesta a sí mismo en la sociedad a través de la puesta en funcionamiento del islam a través del estado califal”.

En este sentido, y aunque la vasta mayor parte de la población occidental aun le recuerde como el autor de los ‘condenados’ Versos Satánicos, en los países musulmanes son las constantes llamadas de Rushdie a un ‘islam reformado’, en la estela de la Reforma que afinó hacia la modernidad al cristianismo occidental, las que causan una mayor irritación, transformada en contundentes condenas de odio y llamamientos de aniquilación. La necesidad de este ‘islam protestante’ es muy clara en muchos de los escritores reformistas musulmanes que intentan -literalmente- sobrevivir, envueltos en permanentes amenazas y procesos judiciales, en muchos de los países árabes y musulmanes, entre ellos, Arabia Saudí, uno de los que con mayor saña los persigue.

Del "totalitarismo islámico" a las fatuas ridículas

Desde Londres, otro articulista se preguntaba en el Asharq Alawsat, el principal periódico árabe en Occidente, por la legitimidad de todas las estrambóticas fatuas que cada vez más estrambóticos imanes emiten a través de libros, Internet y televisiones vía satélite, la última en relación a la santidad de la orina y el sudor de Mahoma, tema que ha causado una enorme polvareda en Egipto, de donde ha salido y donde aún continúan discutiendo -también entre amenazas contra los ‘apóstatas’ que dudan sobre la santidad de las excrecencias del profeta- si los primeros seguidores de Mahoma se bendecían a sí mismos bebiendo la orina de Mahoma, y ello a pesar de que el autor de la fatua se ha retractado públicamente de su fatua, jurando que retirará todos los libros distribuidos que la defendían.

Hay quienes, como el articulista del Asharq Alawsat -diario, por cierto, dirigido por un príncipe saudí-, piden un control de los inflamables predicadores de las televisiones egipcias, cuyas tonantes condenas y edictos religiosos compiten en estupidez mientras expanden “la ignorancia, la intolerancia y el odio”. Otros, como Rushdie, van más allá, y exigen una reforma a fondo del islam, un islam 'protestante' preparado para vivir en sociedades democráticas que se aleje de su actual "totalitarismo religioso". Y, otros, como el rey de España, y el gobierno que firma los reales decretos, quizás piensa que no le vendrá mal a la Alianza de Civilizaciones y a la tradicional-amistad-de-España-con-los-países-árabes, un Toisón de Oro en la pechera de los férreos guardianes de La Meca.



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