Líbano: España pide ayuda a Irán, el principal acusado de suministrar recursos para las mortíferas bombas de carretera en Irak, y sirve de coartada al expansionismo de Teherán en la zona
X- NUEVO DIGITAL (15/03/06) - CEXC, la célula 'Sexy' contra las bombas de carretera detonadas por móvil: El ejército aliado se enfrenta a su peor pesadilla en la 'guerra asimétrica' de Irak
La muerte en el Medio Oriente espera al borde de una carretera. Las insurgencias en Irak, Afganistán y, ahora Líbano, han convertido en método habitual el ataque mediante lo que la inteligencia militar estadounidense denomina como IED, Improvised Explosive Devices. Los hay de tres tipos principales: ‘Suicide Bomb IED’, ‘Package Type IED’ y ‘Vehicle-Borne IED’ o VBIED. Del último ha sido el utilizado en Líbano contra las tropas españolas pero cuya efectividad se está demostrando cada día en Irak, en explosiones a gran escala de devastadoras consecuencias. Sin embargo, más allá del siniestro filón encontrado por las distintas insurgencias, desde Irak hasta el Mediterráneo, en el artero asesinato de carretera, España pide ayuda a un Irán que ya no tendrá que esconderse tras Hezbollah para seguir incrementando su penetración en la zona, sino que ahora ya cuenta con la petición expresa de un gobierno aliado para meter la nariz donde le plazca con tal pretexto. En eso, España también está sirviendo de comparsa. Para Teherán, es la jugada perfecta.
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Los think tanks estadounidenses que siguen el desarrollo de los IEDs, ya han adoptado la clasificación realizada por el Bureau of Alcohol, Tobacco and Firearms (ATF) en la descripción de los distintos tipos de vehículos y su potencial poder destructor en atentados o emboscadas. Entre 2004 y 2006, Estados Unidos se gastó más de 6.100 millones de dólares en proyectos militares defensivos contra los IEDs, el principal riesgo para el futuro de Irak, según dijo a principios del año pasado un desolado Bush, impotente ante la traicionera y constante dentellada de bajas que llega desde los arcenes y las caceras al borde de las carreteras.
No es sólo Estados Unidos el que sufre el ataque de la muerte de carretera, ni Irak, el único lugar donde se utiliza a gran escala. Otros países que forman las distintas coaliciones en la región ya conocen en sus partes de bajas del constante goteo de muerte que llega por ese concepto, la más mortal y artera de las estrategias en una guerra asimétrica que ya ataca a las tropas occidentales desde Irak al propio Mediterráneo libanés.
Irán, entusiasmado con la petición de ayuda de España
Por ejemplo, los canadienses que operan en Afganistán admiten que un tercio de sus 57 soldados muertos en la zona han caído por los IEDs. Y que de poco están sirviendo sus esfuerzos para mitigar el efecto de estos “crude explosive devices”. Y, por supuesto, Irak, donde la semana pasada “la mayor parte” de los catorce soldados muertos lo habían sido por las bombas de carretera, en un panorama que se complementaba entonces y cada día con las devastadoras explosiones suicidas de camiones que se ceban en lugares públicos frecuentados por los iraquíes.
En este contexto, España acaba de pedir ayuda a Irán en el esclarecimiento de la autoría del atentado contra las tropas españolas en Líbano, dado el ascendiente de Teherán -por utilizar un eufemismo- con los distintos grupos, grupúsculos, bandas y bandadas que operan en la zona bajo el manto político y logístico de los ayatolas, y la adscripción sectaria chiíta. Por supuesto, Iran se ha apresurado, a través de todos sus medios oficiales y semioficiales, a recoger con entusiasmo el encargo español de investigación, que no hace sino reforzar la penetración táctica y estratégica de Teherán en la región.
Sin embargo, al menos en Irak, las pruebas de los restos recogidos de los IEDs demostraban la procedencia iraní de la tecnología utilizada en el diezmado de las tropas estadounidenses y su no menor letal efecto sobre la moral de unos hombres preparados para el combate tradicional, pero no para una guerrilla que pasa de la bomba de carretera al hostigamiento entre los escudos humanos de mujeres y niños, cuyas bajas se vuelven contra las propias tropas como una nueva derrota, bien recubierta de agrias acusaciones y recriminaciones desde casa.
Irán, tras los 'IEDs' en Irak
El pasado mes de febrero, altos mandos militares estadounidenses comenzaron a mostrar, primero ante los congresistas de su país, y, después, ante la prensa internacional, fotografías e informes con los restos del armamento que la insurgencia chiíta utilizaba en Irak contra las tropas estadounidenses, bombas de carretera incluidas.
En aquella ocasión, la mera cuestión técnica del armamento guerrillero y su conexión directa con Teherán quedó enmascarada en los cada vez más contundentes ultimátum sobre el enriquecimiento de uranio en Irán, por lo que muchos vieron ese despliegue de inteligencia militar que apuntaba a la logística subversiva de Irán como un nuevo pretexto que fundamentara un ataque contra los ayatolas y sus ambiciones nucleares. Pero, el hecho es que los iraníes suministraban y suministran material técnico y teórico a gran escala, como los restos de los explosivos en Irak demuestran, y como la propia agencia oficial iraní IRNA manifestaba al reconocer que el ejército del país se prepara para “varias clases de tácticas militares, incluyendo las relacionadas con la guerra asimétrica”.
Todas las miradas apuntan, de momento, a Ansar al Islam como responsable del ataque contra las tropas españolas, en un papel desestabilizador de consecuencias incalculables para la región, empezando por el hecho de que, finalmente, el pacifismo de intervención internacional de margarita en el cañón deberá conceder de una vez que ‘eso’ es una guerra. En cualquier caso, Irán vuelve a situarse en el centro del Próximo Oriente, esta vez, ya por petición expresa de un desconcertado gobierno español que esperaba un paisaje de niños sonrientes y agradecidos, mujeres de colorido tipismo local y encendidas alabanzas de la población en general mientras repartían unos cartones de leche sin reconocer la torva mirada de los ojos de la guerra.
