NUEVO DIGITAL Internacional - El Reino Unido, bajo ofensiva islamista: Blair ataca los "absurdos" sentimientos de "agravios" musulmanes mientras el MI5 reconoce que el enemigo está "dentro" y "off the radar"
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El Reino Unido, bajo ofensiva islamista: Blair ataca los "absurdos" sentimientos de "agravios" musulmanes mientras el MI5 reconoce que el enemigo está "dentro" y "off the radar"

El Reino Unido, bajo ofensiva islamista: Blair ataca los "absurdos" sentimientos de "agravios" musulmanes mientras el MI5 reconoce que el enemigo está "dentro" y "off the radar"

02.07.07 • 03:48 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Uno de los tipos salió del vehículo que acaba de estrellar contra la terminal del aeropuerto de Glasgow. Los testigos afirman que iba farfullando algo sobre Alá y rociándose de más gasolina mientras se reía. ¿Qué hay detrás de los payasos criminales de la yihad islámica en Europa? Los investigadores insisten una y otra vez. Son de casa. Crecieron o nacieron aquí. Unos escaparon de la cárcel amparándose en los garantistas sistemas legales occidentales y sus infinitos legalismos que desatan una y otra vez a los perros de la guerra santa islámica. Estos son los conocidos, pero preocupan más incluso los que esperan, los ocultos, los domésticos, los liberados al servicio de una orden. De los dos tipos de soldados de Alá han encontrado indicios los investigadores en los nuevos intentos carniceros coránicos. Blair, liberado ya de la corbata de la ‘realpolitik’, ataca ahora a los “absurdos” musulmanes y su permanente sentimiento de “ofensa”, amparado en las “boberías” de los activistas que les corean los supuestos “agravios”. Todo demasiado tarde. Están aquí. Viven aquí y aquí se camuflan entre la quinta columna de colaboradores, colaboracionistas y unos "caballos de Troya acogidos por los tontos útiles en el parque temático del multiculturalismo". Antiguos yihadistas se parten de risa con las autoflagelaciones occidentales. Literalmente. Blanco sobre negro. Son también los más radicales en la denuncia del peligro de sus antiguos compañeros.

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“Cuando yo todavía pertenecía a lo que se podría denominar como la Red Yihadista Británica, una serie de grupos terroristas musulmanes británicos semiautónomos ligados por una única ideología, recuerdo cómo solíamos reírnos siempre que la gente en la televisión proclamaba que la única causa para los actos islámicos de terrorismo como los del 11 de Septiembre, y los atentados de Madrid y de Londres, era la política extranjera internacional”, admitía ayer en el Observer -la edición dominical del Guardian- alguien que sabe mucho de radicalismo musulmán, Hassan Butt, antiguo yihadista perteneciente al grupo radical Al-Muhajiroun y hoy reputado conferenciante y columnista. “Echando la culpa al gobierno de nuestros actos, quienes favorecían la línea de ‘las bombas de Blair’ hacían la propaganda por nosotros. Y más importante: también colaboraban en alejar cualquier examen crítico del auténtico motor de nuestra violencia: la teología islámica”.

Blair: Las "boberías" de los activistas

En un reportaje que emitirá mañana Channel 4 -el canal británico que más ha investigado y denunciado el desbocado -e impune- crecimiento islamista en el Reino Unido frente a las autoflagelaciones e inculpaciones de la BBC a la ‘perfidia occidental’- Tony Blair, ya despojado de la mitra de ‘premier’, parece iniciar parecido proceso de liberación expresiva seguida por otros primeros ministros o presidentes de gobierno al abandonar sus cargos. En la entrevista, grabada con anterioridad a los atentados fallidos del fin de semana pasado, Blair califica de “absurdos” a los islamistas británicos que han alimentado un falso “sentimiento de agravio” en el sentido de que están siendo oprimidos por el Reino Unido o por los Estados Unidos.

El ya cesante lider laborista recuerda cómo esas quejas suelen centrarse en casos como la expulsión de los talibanes en Afganistán, criticada como un ejemplo de la ‘mano dura’ occidental contra los musulmanes. Blair se pregunta cómo es posible afirmar que los musulmanes de Afganistán están siendo oprimidos, cuando “solían ejecutar a los profesores por enseñar a las niñas en los colegios”. Pero peor parados salen los ‘activistas’ que apoyan las críticas del islamismo y las refuerzan con un supuesto intento de minar las libertades civiles. “Cuando estoy intentando cambiar la ley para facilitar la deportación de personas que se relacionan con el terrorismo, la idea de que eso es un ataque a cientos de años de libertades civiles británicas es completamente absurda. Algunas cosas de las que se escriben sobre esto son boberías en su extremismo”.

Coches bomba contra las "depravadas zorras" occidentales

En el caso de los atentados fallidos contra los clubs nocturnos londinenses, los comentaristas recuerdan la visión que los muchos musulmanes tienen de las mujeres occidentales como “zorras sexualmente depravadas”, en comparación con la “pureza del islam”. Han sido varios los atentados contra centros de diversión occidentales, empezando por los de Bali, pero cuyos ecos se encuentran también en las masivas violaciones por emigrantes musulmanes o segundas generaciones de ellos hacia mujeres occidentales que se dan, con notable alarma pública e ineficacia políticamente correcta de las autoridades- en los países nórdicos o en Australia, país este último donde ya han provocado graves enfrentamientos entre las comunidades ‘anglo’ y ‘musulmana’, incluso antes del sermón del muftí australiano y su denuncia de las mujeres que no van recatadamente cubiertas son como “carne” invitada a ser comida por los animales.

Sin embargo, más allá de la fijación islámica por la “depravación” occidental o por la “opresión” de Occidente sobre los musulmanes, los investigadores se muestran mucho más preocupados por el imparable crecimiento de la yihad doméstica, la formada por ‘ciudadanos’ de pleno derecho que encuentran la vía rápida hacia el paraíso en el intento de devastar un aeropuerto o en la fracasa explosión de los coches bomba, en un método que se va extendiendo, implacable, como forma favorita de yihad desde Irak, no ya sólo al Mediterráneo, como decíamos el viernes, antes de conocerse los atentados británicos, sino hasta las propias islas británicas, en los confines de la tierra infiel europea puesta en el punto de mira de la guerra santa liberadora. En este sentido, los servicios secretos británicos se encuentran alarmados por quienes, en términos de terrorismo doméstico español, denominarían como los ‘legales’, los no fichados, los que se encuentran “off the radar”, según los denomina el MI5, los que esperaban y decidieron pasar a la acción o recibieron tal orden.

De la luz del paraíso a los fluorescentes de la cárcel

Que tienen un cierto perfil occidental y no provienen de las bien entrenadas células de las abrumadoras y diarias carnicerías diarias iraquíes lo demuestran varios hechos, entre ellos, la inexperiencia en el manejo de los coches bomba -y sus sempiternos teléfonos móviles- pero también que, en el caso londinense, eran dispositivos accionados a distancia, puesto que los yihadistas no parecían estar suficientemente radicalizados como para suicidarse ellos mismos en la acción, en el convencimiento de que las -por otra parte, improbables- vírgenes del paraíso bien pueden esperar aún unos años más. En el caso del siguiente episodio del aeropuerto de Glasgow, ya fueron a amarrar más, y las órdenes ya sí ordenaron suicidas, pero, dado que habían sobrevivido a la rotura de la puerta, ellos mismos se rociaron con gasolina para evitar más enojosos trámites en el camino el paraíso, en un tira y afloja de uno echándose gasolina y otros recibiendo los golpes de quien a toda costa quería partir, pulso que fue solucionado, finalmente, por un enérgico pasajero que, con un contundente mamporro infiel, alejó de la celestial luz brillante al frustrado yihadista, y le acercó a los fluorescentes del hospital penitenciario.

Sin embargo, los investigadores consideran fuera de toda duda que la estrategia de los coches bomba parece haber sido importada directamente de la viril metodología de guerra santa utilizada en el Medio Oriente, desde Indonesia al Reino Unido, pasando ya también por las perdidas carreteras secundarias libanesas que tan caras han resultado también al solidario ejército español que, lejos de provocar en Irak la justa ira islámica, iba a repartir cestas de comida, mientras en el desconcertado gobierno español se preguntan que qué habrá de malo en eso.



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