NUEVO DIGITAL Internacional - Consejo Musulmán del Reino Unido - 3 de julio: "Condena sin reservas de toda forma de terrorismo"; 22 de junio: La condecoración a Rushdie, una "deliberada provocación" del gobierno británico
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Consejo Musulmán del Reino Unido - 3 de julio: "Condena sin reservas de toda forma de terrorismo"; 22 de junio: La condecoración a Rushdie, una "deliberada provocación" del gobierno británico

Consejo Musulmán del Reino Unido - 3 de julio: "Condena sin reservas de toda forma de terrorismo"; 22 de junio: La condecoración a Rushdie, una "deliberada provocación" del gobierno británico

04.07.07 • 04:59 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

No falla. Cada vez que se produce un atentado terrorista de inspiración musulmana, la atención se vuelve de forma inmediata hacia las posibles “represalias” que la comunidad islámica pueda sufrir. Ahora, los "temores" se extienden, incluso, a los "médicos musulmanes". Sin que hasta ahora se haya producido nunca ninguna "represalia", la estrategia de las organizaciones musulmanas no tarda ni horas en revertir el horror de la potencial o consumada carnicería en estricta vigilancia y pública denuncia de una mirada torva a una mujer con pañuelo o a un cristal roto en uno de sus 'centros culturales'. Pero el mismo Consejo Musulmán del Reino Unido que, en nota de prensa, llama a la colaboración con la policía para capturar a los autores de los atentados y “condena sin reservas todas las formas de terrorismo” cometida por "personas equivocadas, organizaciones o estados" -en inevitable culpabilización de las políticas exteriores occidentales de lo que sucede o pueda suceder- no hacía ni una semana que calificaba de “deliberada provocación” el nombramiento como ‘sir’ de Salman Rushdie, en medio de un largo historial de furibundas reacciones a los débiles y tímidos intentos de Blair y de su gobierno de comenzar a “reequilibrar” la relación del estado con las organizaciones islámicas, siempre tan furiosas y ofendidas como ávidas de fondos públicos para sus acciones “culturales y sociales”, entre las que no se encontraban la denuncia de las masivas descargas de odio lanzadas en el interior de las mezquitas que sólo las cámaras ocultas de alguna cadena de televisión independiente -no, desde luego, la BBC- se encargaban de sacar a la luz.

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Los medios destacan un amplio sentimiento de "alivio" por el hecho de que, esta vez, los organizadores de los atentados de Londres y Glasgow “no son británicos”. Es más, en horas, líderes políticos de toda condición comenzaban a alabar con encendidas frases de elogio a la comunidad musulmana británica, aparentemente sin recordar no sólo que los responsables de todos los atentados consumados y fracasados anteriores salieron de ella -de la nacida ya en el país- sino tampoco las conclusiones de los estudios que muestran una y otra vez el extremadamente inquietante perfil ciudadano de esa "modélica comunidad", con datos que describen con frialdad cómo uno de cada tres musulmanes desearía que el Reino Unido fuera un país islámico y vivir bajo la sharia antes que bajo las leyes civiles del país o cómo uno de cada ocho jóvenes islámicos admira a Al Qaeda porque "está preparada para luchar contra Occidente".

El mismo Consejo Musulmán del Reino Unido que ahora “condena al terrorismo dentro del fórum de las Tres Religiones” -otra reiterada constante de buscar amparo en cristianos y judíos en carnicerías islámicas consumadas o fracasadas- acusaba hace meses directamente a Estados Unidos y al propio Reino Unido de ser “complices” de los bombardeos israelíes en el sur del Líbano, paseando las bien manipuladas imágenes de la niña muerta y el hombre del casco verde en Qana como símbolo de la complicidad de su país “en tales atrocidades”. Tampoco encontraban demasiado amparo en el diálogo interreligioso las encendidas reacciones de ese mismo Consejo Musulmán británico a las cada vez menos políticamente correctas quejas de varios virulentos obispos y arzobispos anglicanos -alguno de ellos, con apellido musulmán- en la denuncia de una comunidad islámica mundial que quiere ser a la vez “víctima y dominadora”.

En los ámbitos políticos, las reacciones también se repiten con sorprendente similitud -y dudosa efectividad- en la pacificación de las tensiones entre las comunidades. El primer ministro escocés, Alex Salmond, se proclamaba exultantemente “orgulloso de nuestra comunidad musulmana” mientras, desde Londres, el nuevo gobierno laborista se apresuraba a dejar claro que no iba a endurecer la legislación antiterrorista como consecuencia de los acontecimientos de Londres y Glasgow. Con santa ira, otros líderes musulmanes, como el portavoz escocés de la Asociación Musulmana Británica, se declaraba “furioso” por los atentados, pero dejaba caer, de paso, que los musulmanes “están hartos de ser definidos como una comunidad terrorista” y animaba a que se “informe de cualquier actividad sospechosa”, sin recordar, probablemente, cómo -también de forma sistemática-, las denuncias sobre “actividades sospechosas” han sido furiosamente calificadas de “islamófobas criminalizaciones” de la comunidad musulmana, como en el caso de la petición de vigilancia de "indicios sospechosos" en la universidad, también coléricamente contestados como "caza de brujas" no sólo por estas organizaciones musulmanas sino por algunos sindicatos universitarios de clase, los mismos, dicho sea de paso, que promocionan un boicot mundial a los profesores israelíes.

Por cierto, esta ha sido una estrategia idéntica a la mantenida por el todavía más virulento y siempre ofendido CAIR estadounidense, quien también anima a denunciar cualquier actividad dudosa, pero lleva a los tribunales incluso a los pasajeros que pusieron en conocimiento de la policía el caso de los denominados “imanes voladores”, unos tipos autocalificados de sabios islámicos que, en plena sala de embarque y después ya dentro del avión, representaron, uno por uno, todos los comportamientos esperables de un islamista radical a punto de reclamar sus 72 vírgenes, y entre ellos, varios de los efectuados por los terroristas del 11 de Septiembre. El escándalo montado por estos 'vigilantes de la dignididad musulmana' sobre los aterrorizados pasajeros estadounidenses llevó a que los abogados de los imanes voladores intentaran prohibir el paso de la prensa a los juzgados, veto que fue rechazado por el juez, de forma que los medios tendrán acceso a la sala donde los ciudadanos a quienes se pide colaboración antiterrorista serán juzgados por ofrecerla, en una bien conocida y utilizada estrategia por la que siempre tiene la culpa el otro, tolere o intolere, hable o calle, viva o muera.



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