NUEVO DIGITAL Internacional - Desconcierto occidental sobre la infiltración doméstica: Al Qaeda, el comodín propagandístico que oculta el cambio desde la yihad global al quintacolumnismo de barrio
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Desconcierto occidental sobre la infiltración doméstica: Al Qaeda, el comodín propagandístico que oculta el cambio desde la yihad global al quintacolumnismo de barrio

Desconcierto occidental sobre la infiltración doméstica: Al Qaeda, el comodín propagandístico que oculta el cambio desde la yihad global al quintacolumnismo de barrio

10.07.07 • 04:14 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Si a usted se le ha estropeado el televisor, es muy probable que Al Qaeda tenga alguna responsabilidad. Al Qaeda por aquí. Al Qaeda por allá. Hasta el ‘defensor del lector’ del New York Times se permite abroncar a su periódico por sus sumisas y reiterativas responsabilizaciones propagandísticas oficialistas en torno a Al Qaeda. Todas sin confirmación. Incluso cuando se desvela que Washington abortó en 2005, por demasiado peligrosa, una operación para detener a los popes de la organización. Al Qaeda es el enemigo con nombre. Y con rostro. Además, sus líderes dan periódicos sermones. Con lo que también tiene voz. ¿Y voto? El caos sobre constantes atribuciones a Al Qaeda sobre esto o aquello, de Indonesia a Gaza, y de ‘Algeciras a Estambul’, lleva a los gobernantes occidentales a salvar su desconcierto buscando un exótico enemigo externo y desviando la mirada sobre las 'quintacolumnas' locales durmientes -aunque, de vez en cuando, se desperecen- en todos y cada uno de los países occidentales tomados como objetivo de la yihad, España incluida, uno de los primeros objetivos en la lista y, desde luego, la mejor pieza a cobrar, la simbólica, terreno para la Reconquista 2.0.

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Pueden ser vendedores de teléfonos móviles, como los de Madrid, o médicos especializados de élite, como los de Londres y Glasgow. En una nueva intentona que pasa por las cortes británicas, uno de los ayer declarados culpables de intentar superar, dos semanas después, la carnicería del 7 de julio en el Reino Unido, llevaba orgulloso una sudadera con la inscripción 'New York', pero pensaba en licuar a cuanto infiel pudiera en el metro londinense, aún no repuesto de los cincuenta y tantos muertos de unos días antes. Ninguno llevaba largas barbas de Medio Oriente ni iba por la calle predicando el exterminio de los infieles. En los propios países musulmanes, amplias capas sociales hace ya mucho que buscan líderes alternativos a Bin Laden.

La infiltración del quintacolumnismo

El último fue Nasrallah, en las semanas en que se hablaba con demasiada ligereza de la victoria de Hezbollah y de la impotencia israelí, sin prever que el castigo iba a terminar por ser reconocido como contundente escarmiento por la organización libanesa, y por sus irritados y polvorientos clérigos chiítas alrededor. Pero el hecho es que las fotos del líder de la sucursal iraní en la frontera norte de Israel comenzaron a sustituir en miles de casas árabes a la de un Bin Laden desaparecido en el fatal combate perdido del silencio. Hoy quizás son los líderes de Hamas los que han sustituido en los marcos fotográficos musulmanes a otros mujaidines caídos en la desgracia del olvido. Los de Al Qaeda, los primeros.

Al Qaeda se ha convertido para la administración Bush en el gran comodín en la fracasada partida de Irak. En Washington se lo pueden permitir puesto que su comunidad musulmana, más allá de algunos esperpénticos complots como el del aeropuerto de JFK, no plantea una amenaza inmediata o directa, ni sus mezquitas tienen nada que ver con las brutales descargas de odio del Reino Unido o las permanentes llamadas a la ‘reconquista’ de Al Ándalus de Al Zawahiri. Observadores españoles, como Fernando Reinares, del Instituto Elcano, cuantifica –“siendo conservadores en la estimación”- en un mínimo de un 10 a un 15 por ciento la población musulmana residente en países europeos que apoya a Bin Laden. Es decir, la quinta columna directamente potencial, cada vez más consumada a juzgar por la escalada en las detenciones policiales.

Yihadistas desenmascarados en la propia policía británica

Las encuestas realizadas en el Reino Unido superan con creces esas cifras aunque un reciente estudio australiano sitúa en torno a ellas el porcentaje de jóvenes musulmanes en “células durmientes ideológicas” dispuestos a pasar a la acción contra el infiel. Incluso organizaciones islámicas españolas, a pesar de que la emigración haya barrido cualquier rastro de su representatividad anterior y no dejan de proclamar su adscripción a la democracia -y tal- ya admiten abiertamente que sueñan con una Córdoba convertida en La Meca de Occidente. La infiltración es enorme, con los servicios secretos advirtiendo sobre cómo incluso ya han sido identificados hasta diez yihadistas camuflados como probos agentes dentro de la propia policía británica.

Sin embargo, más allá de la gradación del quintacolumnismo, desde “el Caballo de Troya del multiculturalismo” parademocrático al declarado yihadismo violento terrorista sobre el que alerta una y otra vez la escarmentada inteligencia española, el riesgo es permanentemente desviado en la atención de la gran política hacia un confuso y etéreo reinado de Al Qaeda que, si bien tiene rostro y voz, carece por completo de la infraestructura organizativa mundial necesaria para una yihad global y coordinada a pesar de la sensación de que 'se acerca' y ya rodea de caos el Mediterráneo, desde los trenes de Atocha a las carreteras del Líbano.

En el mismo día, Al Qaeda ya tiene medio controlada la Franja de Gaza vía Hamás, o los líderes de la organización sunita amenazan a Irán por su apoyo a los carniceros chiítas operativos en Irak -por otra parte, asunto antiguo ya en Washington- mientras, en otras partes, es Irán quien estaría cerrando los ojos a que su territorio se haya convertido en una base encubierta para los de Bin Laden y en un nexo de unión entre el holocausto iraquí y el cada vez más desatado incendio de Pakistán, base tribal y seguro puerto alqaedista, donde, por otra parte, el ‘asuntillo’ de la Mezquita Roja también habría sido organizado por el archienemigo mundial.

Un banco de datos del terror islámico

Una y otra vez, los servicios secretos insisten en que el problema no es una gran organización sino la capilaridad de la quinta columna local mientras exigen abiertamente la organización de una red de espías que se infiltre en el desatado odio islámico que, por el momento, sólo se ha manifestado muy parcialmente en atentados. El MI5 asegura que, únicamente en las Midlands occidentales británicas, ya se están controlando unas ochenta redes terroristas que, seguramente, habrán visto a Bin Laden tanto como a Bush. Es la radicalización de las segundas y terceras generaciones de emigrantes la que se ha convertido en un verdadero semillero para el ‘celulismo local espontáneo’, que, no por no carecer de mando organizado y centralizado, deja de representar el paso necesario para atentados a gran escala, nucleares incluidos como acaba de advertir la anterior responsable del espionaje británico.

En este sentido, y viendo el tremendo y capilar caos de la yihad mundial contra Occidente -y contra el propio mundo árabe y musulmán, por ahora el que más muertos aporta a los bravos soldados de Alá-, Gordon Brown acaba de solicitar la formación de un registro mundial de yihadistas para mejor detección y seguimiento de sus movimientos. Cosas de políticos puesto que, al mismo tiempo, el jefe de Interpol realizaba un durísimo e inédito ataque sobre el gobierno británico al que acusaba de no consultar las bases de datos ya existentes para chequear el potencial pasado terrorista de los inmigrantes. Cosas de policías.

De la yihad global a la ocultación del barrio

Mientras, la Seguridad Social británica afirma ahora que vigilará con lupa qué médicos extranjeros son contratados. ¿Y los informáticos? ¿O los fontaneros? ¿O los profesores de gimnasia? Todos sospechosos. La taqiyya sigue funcionando a pleno rendimiento. La ocultación coránica lleva a la desesperada sospecha de un Occidente por completo a la defensiva, sometido al amargo trance derrotista de demostrar inocencias y no culpabilidades.

El ‘piensa mundial, actúa local’ es la forma de ínfula geoestratégica de Choque de Civilizaciones cuando tal colisión se produce entre grandes continentes y regiones culturales. Sin embargo, el Choque de Civilizaciones se produce ya dentro de los países occidentales, en sus ciudades, con zonas francas para el yihadismo -oculto o explícito- por muchos conocidas y reconocidas. ¿Y si fuera más lógico el ‘piensa local, actúa mundial’? Puesto que las grandes guerras están perdidas, el conflicto se dirimirá en las pequeñas escaramuzas de las calles occidentales, en el pulso de conquistas y reconquistas con nombres de barrios y pueblos, lejos de los grandes fantasmas mundiales que dan cobertura al esterilizante miedo del enemigo difuso quintacolumnista, con plenos derechos, vecino, incluso, amigable. Por el momento. Sólo por el momento, en el ámbito de la yihad local, la de la ciudad, la del barrio.



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