Ratzinger reabre la guerra interna entre las iglesias cristianas en plena ofensiva islamista contra Occidente
XEn Nigeria, religiosos católicos y protestantes se unen con el fin de denunciar el secuestro de niños para ser convertidos a la fuerza al islam. Es el nigeriano un país donde se produjeron matanzas de cristianos durante la crisis de las viñetas de Mahoma y donde decenas de adolescentes son capaces de matar a golpes a su profesora al entender que “profanó” el Corán cuando se lo retiró a un alumno que lo estaba leyendo en clase a destiempo. Desde la ofensiva terrorista islamista contra Occidente hasta la persecución de cristianos en las zonas de contacto con el orbe musulmán en África y Asia, pasando por el pánico de los conversos del islam al cristianismo que se denuncia desde Alemania -y que les obliga a vivir escondidos en la democrática Europa-, nunca el Pontífice lanzó los furibundos ataques escuchados desde destacados líderes de la iglesia anglicana contra “la persecución de los cristianos” en los países musulmanes y contra los “burócratas” de la “corrección política” y el “multiculturalismo”. Por el contrario, abrumado por las reacciones a una simple cita histórica en una conferencia, Benedicto XVI, el Papa que ondeó la bandera turca como un hincha de fútbol, que defendió la entrada del país asiático en la Unión Europea, que oró -descalzo, mirando hacia La Meca- en la Mezquita Azul, y que “compartió” con Erdogan que el islam “es una religión de paz y tolerancia”, reabre ahora la guerra contra protestantes y ortodoxos dinamitando de golpe esfuerzos ecuménicos de décadas tras siglos de olvidadas guerras de siglos. En horas, el desconcierto se ha extendido por todo el cristianismo. Un desconcierto que une a católicos, protestantes y ortodoxos. Un desconcierto ecuménico.
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Suavidad vaticana con el islam
Muy escasas y de aterciopelada suavidad han sido las voces que se han levantado desde el Vaticano para condenar la persecución de los cristianos en los países musulmanes. Y con ser la situación de estos insostenible y sometidas sus comunidades a diarias y cotidianas tragedias de represión tanto como a esporádicos estallidos de violencia que terminan indefectiblemente en masacres de variada gradación carnicera, nunca se escucharon desde San Pedro no ya las brutales y constantes amenazas de los clérigos islámicos del Medio Oriente contra Occidente -a veces, como en el caso turco, mucho más sutiles, como cuando el máximo líder religioso del país advirtió que “criticar al islam amenaza la paz mundial”- sino ni tan siquiera algún tipo de clara admonición, sin duda atemorizado el Vaticano después de que una simple cita histórica de un olvidado emperador de un más olvidado imperio mostrara la verdadera cara de los líderes oficiales islámicos en sus condenas y exigencias de perdón, tan sólo meses después de que sus masas demostraran en las calles lo que puede suponer dibujar en un periódico europeo una viñeta sobre Mahoma.
Que se recuerde, tan sólo el cardenal Walter Kasper, el hombre del diálogo ecuménico del Vaticano, declaraba el pasado mes de septiembre cómo “el islam sólo es tolerante donde está en minoría” y cómo “se considera superior a la cristiandad”, cosas obvias que, una vez tras otra, no sólo demuestran las realidades de las declaraciones políticas, por un lado, y de los atentados, por el otro, sino las más, en principio, pacíficas opiniones de los conversos del cristianismo al islam, que, abiertamente, consideran su religión “superior”, incluso entre conversos de países tan obviamente occidentales como los propios Estados Unidos, según va mostrando estudio tras estudio, encuesta tras encuesta.
Anglicanos: "Roma, sedienta de poder"
Y, en estas, de pronto, en medio del habitual toma y daca ecuménico diario del que dan cuenta los medios religiosos especializados, en medio de crisis como la muy profunda que vive la iglesia anglicana, y que ha llevado a un sector importante en su seno a declarar cómo preferiría “regresar bajo el Papa antes que convivir con obispos gays”, en esos mismos momentos, Ratzinger retorna a sus tiempos de cardenal de hierro -tras haber sido acusado de "flojo" como Papa en grandes medios internacionales y de haberse "rendido ante el islam"- pero para defender la superioridad del catolicismo frente al resto de coloraciones cristianas, que son “defectuosas” y, en realidad, no son iglesias “auténticas” puesto que Jesucristo construyó una sola iglesia y esta “subsiste” en la católica, a pesar de que reconocer que, fuera de Roma, se encuentran “muchos elementos de santificación y verdad” aunque estos elementos “induzcan hacia la unidad católica”.
La reacción en las iglesias protestantes ha sido inmediata, en especial, en la anglicana. Las zonas más extremas del anglicanismo británico ya han calificado a Roma de estar “sedienta de poder” mientras agradecen la honestidad de un documento que pone las cosas claras, algo que el propio escrito vaticano ya advierte al apuntar que su intención es evitar las potenciales “confusiones” en torno al diálogo ecuménico. De hecho, la potencial labor divisoria de Ratzinger no se produce tan sólo entre cristianos de distinta confesión, sino que muchos observadores han denunciado como su reciente ‘resucitación’ de la misa en latín podría ahondar las divisiones ya existentes entre los propios católicos, en sorda pero constante lucha entre ‘progresistas’ y ‘conservadores’, una más de las fallas internas en que se resquebraja un Occidente cristiano que líderes musulmanes -terroristas declarados y no declarados- se empeñan en asegurar que destruirán tan sólo impulsando y aprovechando su propia autodestrucción interna.
