Precedidas por la "reapertura" de la oficina para el diálogo con el islam: Las últimas decisiones confesionales del Papa provocan graves descalificaciones entre iglesias cristianas y reabren heridas desde Ulster a Israel
X- NUEVO DIGITAL (12/07/07) - Ratzinger reabre la guerra interna entre las iglesias cristianas en plena ofensiva islamista contra Occidente
De la sorpresa y el desconcierto, a la condena e, incluso, a la ira. El rumor ha ido creciendo con lo que muchos judíos, protestantes, ortodoxos y los propios católicos han comenzado a ver como “soprendentes” decisiones de Joseph Ratzinger que no han hecho más que provocar la resucitación de divisiones enterradas hace décadas si no siglos. En días, Benedicto XVI levanta las restricciones sobre una misa tridentina en latín que en Israel es ya calificada abiertamente de “antisemita”, para, prácticamente horas después, sancionar uno de los complejos y sibilinos documentos vaticanos en el que se descalifica gravemente al resto de iglesias cristianas con argumentos que retrotraen a las guerras de religión europeas renacentistas y barrocas. Sin embargo, estos dos movimientos fueron precedidos un par de semanas antes por otro mucho menos publicitado. A finales de junio, el Papa “reabría” la oficina dedicada al diálogo con los musulmanes. Una oficina que dirige, por cierto, Jean-Louis Tauran, un cardenal francés que se enfrentó abiertamente a Estados Unidos por sus planes de invasión de Irak, y de quien, en relación con el islam, sólo se le recuerdan unas tibias declaraciones afirmando que los cristianos eran tratados como “ciudadanos de segunda clase” en muchos países de mayoría islámica.
Seguimiento:
No son sólo las últimas decisiones del Papa. Primero, la sucesiva hilera de disculpas vaticanas medioencubiertas a las supuestas ofensas vertidas sobre los musulmanes por la cita de un emperador medieval en una conferencia académica, por otra parte, de abierto espíritu conciliador. Después, la avalancha de gestos en su viaje a Turquía, plenamente abandonado a todas y cada una de las exigencias que la dureza diplomática de Ankara se encargó de exigir y hacer cumplir -o, incluso, de recriminar en público, como el rapapolvo de un portavoz de exteriores de Ankara por el apelativo de “ecuménico” que el Papa había deslizado sobre el Patriarca ortodoxo turco.
¿Débil con el islam y fuerte con otros cristianos?
Y, como fin de festejos conciliadores, todo terminó con Papa dirigiendo sus oraciones hacia La Meca en la Mezquita Azul, en unas semanas, meses y años precedidos por masivos atentados terroristas musulmanes en varios países occidentales y no occidentales, en un entorno de contundentes declaraciones de líderes del ámbito islámico, y de graves incidentes provocados en esos mismos países musulmanes por sucesivas crisis que concluyeron en matanzas de cristianos en varias partes del mundo islámico, sin que se levantaran condenas del Vaticano más allá de alguna igualmente sibilina referencia.
Sin embargo, en dos semanas, el Papa ha conseguido elevar a la categoría de escándalo el runrún sobre su aparente debilidad ante el islam, siempre en sordina en ámbitos católicos que, inevitablemente, se amparaban en la supuesta y proverbial finura y ‘maquiavélica’ diplomacia vaticana. Sin embargo, es ya posible escuchar algunas comparaciones sobre las trayectorias estratégicas entre los dos últimos papas, ambos enfrentados a gravísimas tensiones planetarias políticas y sociales.
Renovado antipapismo anglosajón
En este sentido, hay quien recuerda a un Juan Pablo II en un denodado esfuerzo de apoyo ecuménico con el resto de iglesias cristianas -ortodoxa oriental incluida, con mucho la más virulenta en su rivalidad con la católica- mientras se concentraba en lo que parecía ya desde el primer momento su principal objetivo ‘geoestratégico’: garantizar la seguridad del cristianismo en el bloque soviético y, de paso, comenzar su implacable demolición del imperio comunista, en una sucesión de actos, gestos y declaraciones que no dejaron de sorprender, e, incluso, inquietar por su arrojo, claridad y contundencia.
Sin embargo, y para empezar, las descalificaciones del actual Vaticano hacia las iglesias desgajadas de la católica han reabierto el antipapismo latente en varios países anglosajones, muy notablemente en ciertos sectores conservadores protestantes de Estados Unidos. Hay quien, con perspicacia, comienza a situar ya a Benedicto XVI como la coartada perfecta para los incendiarios líderes evangélicos estadounidenses más antipapistas -y, con evidente contaminación, más anticatólicos-, en una situación que dinamita la unión de católicos y protestantes en Estados Unidos y desvía la atención de lo que, al menos hasta ahora, era percibido por esos sectores como los grandes peligros de la civilización occidental: el relativismo moral y la agresividad del islam.
Reforzada división interna católica
En esos mismos Estados Unidos, el documento vaticano ya ha calado, en cuestión de un par de días, hasta los líderes locales y regionales de las iglesias protestantes, donde pastores, ministros y reverendos de variada condición, en diarios locales y regionales que indican la desbocada capilaridad del potencial conflicto, ya comienzan a comparar el “espíritu ecuménico” de Juan Pablo II con la falta de él en su sucesor, en unas críticas que también llegan desde las altas esferas de las iglesias reformadas, con decenas de millones de fieles repartidos por todo el mundo.
Además, el levantamiento de ciertas restricciones sobre la misa tridentina en latín también ha reforzado la división en el propio ámbito de los católicos. Los sectores más 'izquierdistas' -al menos en España, en ya descarnada colaboración con el islam, al que abren las puertas de las iglesias bajo su 'control'- redoblaban su habitual ofensiva contra la jerarquía eclesial, en este caso, ya rodeada de también reforzadas acusaciones de haberse abandonado al conservadurismo no sólo reaccionario en lo doctrinal sino hasta retrógado en lo temporal.
Son muchos los ámbitos donde la implícita 'resucitación' de la misa tridentina se considera, en todo caso, una seria agresión contra el Vaticano II en ámbitos religiosos, y un "grave golpe contra los judíos", en los círculos civiles, como denunciaba la Liga Contra la Difamación, por no hablar de las condenas sobre "la sed de poder de Roma" con el que los sectores más extremos del anglicanismo ya reaccionaban en apenas horas.
Terremeto vaticano con réplicas desde el Ulster a Israel
Las consecuencias del documento vaticano se dejaban sentir incluso en Irlanda del Norte, donde el reverendo Ian Paisley condenaba “el dogmatismo de Roma” en unas muy inquietantes declaraciones por su potencial desestabilizador para un hombre furiosamente anticatólico -y aún perteneciente a una denominación antiecuménica- que hace escasos días se sentaba en el gobierno norirlandés junto a sus anteriores archienemigos católicos para lograr lo que pareció durante mucho tiempo la paz imposible del Ulster. Pero la cosa ha sido mucho peor en Israel, sobre todo por las gruesas palabras que han comenzado a escucharse en referencia al Vaticano.
Existe aún una cierta confusión sobre qué dice o no dice la misa latina en torno a los judíos. Hay quien recuerda que la expresión "pérfidos judíos" de la misa de Viernes Santo fue eliminada por Juan XXIII en 1959 y, por tanto, no aparecería en la versión de 1962 (re)autorizada ahora por Benedicto XVI. Sin embargo, la oración continuaría incluyendo expresiones como la petición a Dios que elimine “el velo de los corazones” de los judíos y les ayude a superar su “ceguera”.
En Israel, los titulares de los periódicos más moderados y seguidos utilizan una sola y constante palabra para calificar la polémica oración de la tridentina misa: “Antisemita”. Expertos en el diálogo ecuménico recuerdan que, como poco, todo esto tendrá un indudable impacto en el diálogo del Vaticano con los judíos que, de esta forma, ven abierto un nuevo frente de conflicto donde menos lo esperaban.
