NUEVO DIGITAL Internacional - Alemania, Suiza, Italia, España...: La ofensiva de los minaretes se extiende por toda la Europa Occidental entre masivos y polémicos proyectos de mezquitas
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Alemania, Suiza, Italia, España...: La ofensiva de los minaretes se extiende por toda la Europa Occidental entre masivos y polémicos proyectos de mezquitas

Alemania, Suiza, Italia, España...: La ofensiva de los minaretes se extiende por toda la Europa Occidental entre masivos y polémicos proyectos de mezquitas

17.07.07 • 03:22 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Ante la fuerte oposición de amplios sectores de la población europea a ver el paisaje de sus ciudades salpicado de minaretes -en ocasiones, de altura superior a la de icónicas y seculares iglesias y catedrales-, tanto los dirigentes musulmanes como los sectores no islámicos que les apoyan suelen concluir con el mantra habitual de respuesta a cualquier crítica sobre el islam: “islamofobia” (cuando no "racismo"). Pero las ‘guerras de los minaretes’ están bien lejos de ser un ‘producto’ de la ‘islamófoba Europa’. En Irak, las mezquitas chiítas ya vuelven a ostentar, orgullosas y desafiantes en medio del sanguinario odio intersectario, sus minaretes, prohibidos durante la época de Saddam Hussein para los centros de culto islámico no sunitas. Aunque no existe ningún requerimiento por el que una mezquita se vea obligada a construir un minarete, los chiítas iraquíes saben que sus afiladas torres en punta son un extremadamente poderoso signo de la presencia que una vez les fue arrebatada. Lejos, muy lejos de allí, la traza dominadora de los minaretes se encuentra en plena ofensiva en la Europa de tradición cristiana -y laica, la que más apoya su despliegue. Ya lo dijo el primer ministro turco y promotor de la Alianza de Civilizaciones, Recep Tayyip Erdogan, al recitar el poema que, durante su época de alcalde de Estambul, le costó varios meses de cárcel en la oficialmente laica Turquía: "Las mezquitas son nuestros cuarteles; los minaretes, nuestras bayonetas".

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La organización que agrupa a los vecinos de Los Bermejales lamenta que el barrio periférico de Sevilla se encuentre sin los servicios públicos más básicos y que las demandas en torno a ellos no hayan sido cubiertas a pesar de haber sido firmadas en documentos por las sucesivas corporaciones locales desde hace casi una década. Sin embargo, la cesión de suelo público para la construcción de lo que se pretendía como la mayor mezquita de Europa se realizó, por parte del ayuntamiento socialista de la ciudad, en tan sólo seis meses. El proyecto de mezquita de Los Bermejales es, en realidad, todo un complejo de centros religiosos, culturales y hasta residenciales. Y, sobre él, un minarete de 36 metros de altura, que hace año y pico, el ayuntamiento redujo a 15 metros, en medio de la batalla legal en los tribunales de un proyecto que terminará por construirse a pesar de su enorme tamaño para una población musulmana reducida y muy repartida por toda la ciudad.

Oriana Fallaci: "Minaretes en el paisaje del Giotto"

Quizás la frase más poderosa sobre lo que representa la presencia dominadora en el paisaje europeo de un minarete la pronunció Oriana Fallaci en la entrevista que concedió al New Yorker muy poco antes de la muerte de la periodista: “No quiero ver un minarete de 24 metros de altura en el paisaje del Giotto”. "(Los musulmanes en Europa) viven a nuestra costa, porque tienen escuelas, hospitales, todo. Y quieren construir sus malditas mezquitas por todas partes", decía entronces Fallaci, con especial referencia a la mezquita prevista para una localidad cerca de Siena. "Si estoy viva, iré con mis amigos de Carrara “ya sabe, de donde es el mármol. Son todos anarquistas. Con ellos, cogeré explosivos. La haré saltaaaar por los aires... ¡La volaré! Con los anarquistas de Carrara. No quiero ver esa mezquita. Está demasiado cerca de mi casa en la Toscana. No quiero ver un minarete de veinticuatro metros en el paisaje del Giotto. ¡Cuando ni tan siquiera puedo llevar una cruz o una Biblia en su país! ¡Así que LA VOLARÉ!".

En Suiza, las autoridades cantonales de Zurich han encargado un macroestudio para comprobar si los servicios públicos son suficientemente “amigables para los musulmanes”. Dicho en palabras más claras por el director del estudio, Thomas Widmer, de la Universidad de Zurich, “la constitución suiza garantiza la libertad religiosa, y el cantón debe vigilar que no está siendo conculcada”. Por ello, con gran apoyo de las organizaciones musulmanas, el estudio analizará si los servicios penales, educativos o sociales, en general, son “adecuados” para la comunidad islámica.

Socialistas suizos: o minaretes o "racismo"

La decisión se produce en medio de la campaña nacional lanzada, primero por ciudadanos, y después apoyada por el Partido Popular Suizo, en contra de la construcción de “provocadores” minaretes en varias partes del país que representarían una “expansionista y agresiva religión”. El gobierno helvético, controlado por la izquierda, se ha opuesto a tales iniciativas, incluso con dramáticas declaraciones de algunos destacados ministros, como la titular de exteriores, sobre las potenciales “consecuencias” que, para “los intereses suizos y los ciudadanos suizos”, podría tener una prohibición de ese tipo.

Expertos domésticos en el islam, como el diplomático Yves Besson, eran más claros al advertir sobre una polémica que derivara en una espiral “fuera de control”: “He visto varios blogs en Al Jazeera donde están hablando de una prohibición de mezquitas en Suiza, y no de los minaretes, y eso es muy peligroso”, afirmaba Besson. Destacados socialistas, como Jean Ziegle, relator de las Naciones Unidas para el Derecho a la Alimentación, veía “racismo” tras la polémica y, desde su posición de personalidad del socialismo suizo, no sólo anunciaba que combatiría la campaña anti-minaretes sino que, desde su punto de vista, “deberíamos estar contentos de tener tantas mezquitas en Suiza como sea posible porque necesitamos espiritualidad; necesitamos la conexión entre el mundo islámico y la identidad suiza”.

Líder musulmán: "Creíamos que el extremismo alemán era del pasado"

Según recuerda Swiss Info, el año pasado, las autoridades de un par de cantones rechazaron los proyectos presentados de mezquitas con minaretes, pero, al final, la Corte Federal autorizó uno de ellos la semana pasada. Las mezquitas de Ginebra y Zurich ya cuentan con minaretes. También el pasado mes de junio, las autoridades de Berna rechazaban los planes para construir el centro islámico más grande de Europa para una población de unos 340.000 musulmanes, cuya población va creciendo exponencialmente desde constituir el 2,2 por ciento de la población total en 1990 hasta representar el 4,3 por ciento en 2000, y de la cual, un 12 por ciento tiene ya pasaporte suizo.

En Alemania, la polémica se extiende por todo el país pero su abrasivo poder de discordia se concentra en Colonia, sede de la icónica catedral comenzada en la Edad Media -aunque terminada en el siglo XIX-, donde se prevé una gigantesca mezquita con minaretes de 56 metros de altura, lejos de los 157 metros de las torres de la catedral, pero con suficiente elevación como para obtener una muy relevante presencia en la ciudad. La mezquita dispondrá de una cúpula de cristal bajo la que se albergará una sala de rezos capaz de acoger a más de 4.000 fieles de forma simultánea. Bekir Alboga, el líder islámico al frente de la proyectada mezquita, se manifiesta sorprendido por la resistencia ciudadana al plan mientras recuerda que Alemania es “un estado democrático” y cómo “dada la historia reciente de Alemania, creíamos que el extremismo era algo del pasado”.

Obispos cristianos sobre minaretes: "Malos presagios"

El alcalde cristianodemócrata de Colonia reconoce que la gente está “asustada” pero que la mezquita se construirá, en cualquier caso, porque “para mí, es obvio que la comunidad musulmana necesita un lugar prestigioso de culto”. Angela Merkel, una vez vista como bastión frente a la entrada de Turquía en la Unión Europea, también puso las sensibilidades a flor de piel al patrocinar un organismo de encuentro y debate con los musulmanes, que no sólo fue protestado por grupos de derecha que ven cómo se van a destinar miles de millones de euros para la “integración” de la comunidad musulmana, sino también por varias organizaciones islámicas que se oponen al control de esa ‘conferencia nacional de integración’ sobre asuntos como que las esposas ‘importadas’ tengan al menos 18 años. Kenan Kolar, presidente de la Comunidad Turca en Alemania, afirmó que esa provisión, destinada a evitar los matrimonios forzados, constituía una “discriminación” contra la comunidad musulmana.

Mientras, algunos líderes religiosos cristianos también han mostrado graves reservas en torno a la marcha del islam en Alemania a raíz de la polémica mezquita de Colonia, patrocinada por el organismo religioso oficial en Turquía. El cardenal católico, Joachim Meisner, reconoció que el proyecto le daba “un mal presagio”. Como suele suceder, ha sido la cúpula protestante la que más alto y claro ha hablado. El obispo protestante de mayor rango en Alemania, Wolfgang Huber, criticó la “dominacion masculina” en el islam y recordó cómo, ni tan siquiera en el país, los musulmanes que se convierten al cristianismo son capaces de vivir libremente debido a las amenazas de represalias. De todo esto, el semanario Die Zeit extraía el más depurado jugo de la cuestión tras las concesiones de Merkel: “Reconocer que el islam pertenece a Alemania no ha sido el final sino el principio de un conflicto cultural”.



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