NUEVO DIGITAL Internacional - Del frío del gulag al calor del presidente que llegó del KGB: Solzhenitsyn cierra filas con Putin y acusa a Occidente de "desastrosa cortedad de miras" por "rechazar" a Rusia
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Del frío del gulag al calor del presidente que llegó del KGB: Solzhenitsyn cierra filas con Putin y acusa a Occidente de "desastrosa cortedad de miras" por "rechazar" a Rusia

Del frío del gulag al calor del presidente que llegó del KGB: Solzhenitsyn cierra filas con Putin y acusa a Occidente de "desastrosa cortedad de miras" por "rechazar" a Rusia

26.07.07 • 03:06 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Hasta ahora, sólo inequívocos nombres rusos: Alexander Litvenenko, Andre Lugovoy, Boris Berezovsky y, claro, Vladimir Putin. Pero desde el pasado martes, a las historias de espías rusos en Occidente preparados desde Londres se añade un nuevo nombre de rotundo sabor hispano: Roberto Flores García. La embajada rusa en Madrid no tardaba ni minutos en relacionar al supuesto topo del CNI con el descarnado pulso que Londres y Moscú mantienen desde que todo el planeta supiera que existe un elemento químico llamado polonio. En medio, extradiciones petitas por Londres y excusatas desde Moscú (Lugovoy) -y al revés (Berezovsky)-, expulsiones mutuas de diplomáticos surtidos, y mucho gesto amenazante -misiles de por medio-, unos presionando para que la Unión Europea se implique a fondo, y los otros a base de declaraciones contundentes sobre la “mentalidad colonial” de los británicos, con un Kremlin dándose calor y cobijo mutuo -as usual- con los amigos chinos (que celebran año especial de hermandad con sus vecinos rusos), a los que van a entrenar en materia antiterrorista. O sea, con los afamados métodos esteparios de exterminio del enemigo, en especial, de los propios nacionales, según claman los opositores arracimados en el ‘exilio’. Pero en esas estábamos cuando el exiliado y mártir antisoviético por antonomasia aparece en carne inmortal de gulag y sorprende al mundo no sólo acusando a Occidente de ir contra Rusia sino cerrando filas con Putin. Y es que lo que Solzhenitsyn negó a Gorvachov y a Yeltsin, ahora se lo regala a manos llenas al antiguo jefe del KGB.

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En una larga, muy larga entrevista con Der Spiegel, Solzhenitsyn comienza concediendo un centímetro a Occidente para, a continuación, regalar un kilómetro al Kremlin. “Por supuesto, Rusia no es aún un país democrático, sólo está comenzando a construir su democracia, y es muy sencillo afrontar esa tarea con una larga lista de omisiones, violaciones y errores”, afirma el escritor, en fugaz posicionamiento occidental. Sin embargo, a continuación, Solzhenitsyn deja claro de qué lado está: “¿Pero no ofreció Rusia, claramente y sin ambigüedades, su mano amiga a Occidente tras el 11-S? Sólo una deficiencia psicológica o una desastrosa cortedad de miras puede explicar el rechazo occidental a esa mano (tendida)”.

"Marginar a Rusia, un lujo demasiado caro"

“Después de aceptar nuestra asistencia vital en Afganistán, los Estados Unidos comenzaron de forma inmediata a realizar nuevas demandas a Rusia. Y las demandas europeas a Rusia están claramente enraizadas en sus miedos energéticos, por completo infundados”, añade el escritor, sin duda refiriéndose al terror -que no miedo- de Europa a su creciente dependencia energética respecto a Rusia y al potencial chantaje político que de ella se pudiera derivar, ya amagada en la Guerra del Gas con Ucrania, y ampliada con graves acusaciones de autosabotajes rusos a otros países como Georgia, todos aún en la órbita ex soviética, y mientras Moscú ya envía expediciones para poner claras y visibles picas en el extraordinariamente energético Polo Norte.

Sin embargo, Solzhenitsyn se pregunta si “no es un lujo demasiado caro para Occidente dejar de lado a Rusia, en especial de cara a las nuevas amenazas”, en también obvia referencia al hostigamiento del terrorismo internacional islámico, uno de cuyos frentes se ve desde Rusia, de forma indiscutible, en Chechenia, a diferencia de las quejas occidentales sobre el comportamiento del ejército ruso en la zona y lo que tantas veces se presenta a este lado de los Urales como movimientos nacionalistas de liberación aplastados sin piedad por el temible oso ruso, en inagotable ristra de tópicos.

Por el contrario, el cierre de filas con Rusia era aun más precisado por el hombre que realmente sí salió del frío para situarse, de forma clara e inequívoca, al calor de Putin. Preguntado por qué rechazó sendos y sucesivos premios propuestos por Gorbachov y Yeltsin, y por qué ahora acepta uno del actual presidente, el hombre que dirigió el FSB, “cuyo predecesor, el KGB, le persiguió y denunció a usted de forma tan cruel”, el autor del ‘Archipiélago Gulag’ hilaba fino para marcar sorprendentes distancias con los dos primeros y no menos sorprendente cercanía con el imperturbable hombre de hielo en el Kremlin.

Putin no le mandó al gulag

En corto, rechazó los altos honores ofrecidos por Gorbachov porque “no podía aceptar un premio por un libro escrito con la sangre de millones de personas”. En el caso de Yeltsin, el país entonces se encontraba al borde del colapso, así que “era incapaz de recibir un premio de un gobierno que había llevado a Rusia a tal callejón sin salida”. ¿Y Putin? Bien, el caso de Putin es distinto. En realidad, la simple mención de la diferencia es otra forma de ofensa occidental.

“El actual Premio del Estado ha sido acordado por un grupo de expertos, no personalmente por el presidente”, afirma Solzhenitsyn. Además, “sí, Vladimir Putin, fue un jefe de los servicios de inteligencia, pero no fue un investigador del KGB, ni el director de un campo en el gulag. No es negativo en ningún país servir a los servicios de inteligencia. Incluso, a veces conlleva halagos. George Bush (padre) no fue muy criticado por haber sido ex responsable de la CIA, por ejemplo”, concluye el autor ruso, en nueva y candente demostración de la cantidad de peligrosos agravios comparativos que se van acumulando en la Rusia de Putin y de los hombres que los suyos encerraron en el hielo, hoy ya tan derretido.



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