NUEVO DIGITAL Internacional - Centrales atómicas francesas por enfermeras búlgaras: Sarkozy, a favor de facilitar tecnología nuclear a los países musulmanes del Mediterráneo para combatir el "subdesarrollo" que alimenta "al terrorismo y al fanatismo"
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Centrales atómicas francesas por enfermeras búlgaras: Sarkozy, a favor de facilitar tecnología nuclear a los países musulmanes del Mediterráneo para combatir el "subdesarrollo" que alimenta "al terrorismo y al fanatismo"

Centrales atómicas francesas por enfermeras búlgaras: Sarkozy, a favor de facilitar tecnología nuclear a los países musulmanes del Mediterráneo para combatir el "subdesarrollo" que alimenta "al terrorismo y al fanatismo"

30.07.07 • 03:14 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Los políticos de la Unión Europa se estremecen de agradecimiento por la magnanimidad de Gadafi. Lejos quedan ya los indisimulados intentos de chantaje libio a gran escala en el caso de las enfermeras búlgaras y, mucho más remoto, el brutal pasado terrorista de Trípoli. ¿Lejos? En entrevistas concedidas a Al Jazeera el año pasado, el compasivo Gadafi defendía el “combate con cinturones explosivos, coches bomba y kalashnikovs” mientra auguraba que Europa se convertirá en islámica “sin espadas, sin armas, sin conquistas”, sólo con la fuerza de los “vientres” de las mujeres musulmanas ya en el continente. Eran los momentos en que el mismo Bush que ahora envía un representante permanente a la Organización de la Conferencia Islámica sacaba entonces a Libia de la lista de países terroristas y el entonces presidente del gobierno español, José María Aznar, viajaba emocionado a Trípoli con la sonrisa afinando el bigote y recibiendo caballos de regalo. ¿Y Sarkozy? En medio de una descarnada polémica de protagonismos con Bruselas por la liberación de las búlgaras, el antiguo halcón francés envía a su pseudo-esposa y después viaja él mismo a emocionarse aun más por la gran talla política del timonel libio y regalarle un reactor nuclear. ¿Alguien en alguna capital europea ha pedido responsabilidades por ocho años de chantajes, extorsiones y torturas? No way. Sólo el médico palestino ha escupido su desprecio por la inhibición árabe-musulmana en su caso y sólo las enfermeras quieren que alguno de los carniceros libios pague por lo que las hicieron dentro del Expreso de Medianoche libio. Duro lo tienen. Mayormente, por los suyos. Europa se abandona al alivio agradecido. Pero de poco le servirá. Cargado del soborno del dinero por personas, tecnología nuclear y sonrisas occidentales, Gadafi se considera ahora vendido, y ya está movilizando a las organizaciones árabes y musulmanes internacional contra quienes han "traicionado" al “pueblo árabe y musulmán”. Es lo que tiene sobornar a determinado tipo de gente. Que nunca se sacian de sangre ajena.

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El soborno gana. Por ahora”, titulaba el último número impreso del Economist una información de France Presse en la que, durante los primeros momentos tras la liberación de las enfermeras y del médico, todo eran abrazos y temblorosos agradecimientos. ¿Todo? No todo. La miseria política europea comenzaba a vislumbrarse tras la temporal reconciliación entre Sarkozy y su díscola mujer para llevarse a cabo, problemas de alcoba aparte, la gloria de la salida de Egipto de los torturados por urdir un plan para acabar con los niños árabes, una obsesión constante en muchos países musulmanes (o europeos de alta población musulmana), permanentemente aventada por las fatuas más estrambóticas y ridículas emitidas por ridículos y estrambóticos imanes en todo el mundo, fatuas incluidas en la lista de las “más estúpidas fatuas del mundo” publicada esta semana por Foreign Policy, y entre las que no se encuentran algunas de las reseñadas por NUEVO DIGITAL en torno a los apasionados debates teológicos sobre si es acorde con el Corán o no que las mujeres se depilen las cejas, entre otras cuestiones de no tan amplio calado espiritual pero sí médico, como cuando el presidente de la Asociación Médica Islámica del Reino Unido desaconsejaba vacunar a los niños musulmanes porque contenían elementos prohibidos por el Corán, en medio de una creciente histeria en el mundo islámico sobre los productos médicos europeos o estadounidenses, destinados, en su opinión, a esterilizar a los niños musulmanes.

Centrales nucleares para combatir el terrorismo

El hecho es que un agradecido y exultante Sarkozy -el mismo que envía mensajeros secretos a negociar y tranquilizar a Turquía sobre sus aspiraciones a la Unión Europea, y la misma Tuquía en la que el anteriormente estricto cardenal Ratzinger ondeaba la bandera del país como un hooligan de fútbol, y rezaba, recogido, en la Mezquita Azul de Estambul antes de agraviar a judios y al resto de iglesias cristianas con un extemporáneo supremacismo católico-, ese mismo Sarkozy no sólo ya se ha comprometido a ofrecer una planta desalinizadora de agua alimentada con energía nuclear, sino que ha promocionado la facilitación de energía atómica al bloque árabe y musulmán puesto que “es la energía del futuro” y “si no damos la energía del futuro a los países del sur del Mediterráneo, ¿cómo se van a desarrollar a sí mismos? Y si no se desarrollan, cómo vamos a combatir el terrorismo y el fanatismo?”.

Poco importa que Sarkozy ligue el regalo de la energía occidental atómica del futuro con el constante chantaje árabe-musulmán de la energía petrolífera del presente. El presidente francés hace algo más grave: alinearse con el otro gran chantaje del pedigüeñismo culpabilizador árabe y musulmán, es decir, si hay extremismo y, por tanto, terrorismo, es por la pobreza y el subdesarrollo, algo que sólo había glosado hasta la extenuación la hábil diplomacia turca de la Alianza de Civilizaciones junto a su muñidor Rodríguez Zapatero y la izquierda del autoreproche del 'no lo tenemos merecido'. Es en ese punto donde no sólo se juega ya con las cartas de Gadafi, y del mundo árabe y musulmán, sino que, además, su oponente apuesta con las cartas del revés, para que vea el otro la vulnerable mano con la que juega el antiguo e inmisericorde fustigador de la debilidad europea.

¿Satisfecho Gadafi con tanta baba agradecida a su alrededor? ¿Con el millón de dólares por familia de niño infectado con sida por Occidente para terminar con la raza árabe y con la religión musulmana? Ni por asomo. Sintiéndose traicionado por el hecho de que el presidente búlgaro indultara a las enfermeras y al médico palestino prácticamente a pie de pista en vez de haber sido encarcelados para continuar con la cadena perpetura impuesta en Trípoli, Gadafí habla de “traición” y ya está movilizando a la virulenta Organización de la Conferencia Islámica y a la Liga Arabe para que corten toda relación con Bulgaria, dado que los países pertenecientes al bloque musulmán, organizaciones político-confesionales que sí puede existir, no como la Unión Europea, permanentemente fustigada por no abrirse sin reservas a la entrada de países islámicos e islamistas como Turquía. “Ellos (las naciones de la Liga Árabe) deben ponerse de nuestro lado porque este tema incumbe a los valores de nuestras naciones y pueblos”, dijo el sábado el ministro libio de asuntos exteriores.

Libia promueve la nueva ira árabe-musulmana

Libia, el nuevo gran aliado de Occidente al que la exquisita y bienpensante sensibilidad de las alfombras europeas considera ya un país en el que confiar -y al que agradecer tanto-, no sólo huele debilidad en Bruselas, París o Washington, sino que transforma, en horas, un grave problema internacional en un conflicto civilizacional. Ya lo hizo cuando algunos periódicos búlgaros publicaron algunas viñetas sobre el timonel libio y Trípoli protestó tan enérgicamente que Sofía se disculpó, aún con sus enfermeras condenadas a muerte tras torturas de años. Ahora, despreciando el desfile de emocionadas alabanzas lideradas por Sarkozy y los prebostes de Bruselas, Gadafi reconvierte en problema civilizatorio todo el asunto, de forma que todos, el presidente francés el primero, se unen a la culpabilización occidental, la que recrimina a los heridos y a los familiares de los muertos de atentados de Madrid o Londres que si hay terrorismo islámico es por el subdesarrollo de los países donde brotan los asesinos, sin importar que sean ingenieros aeronáuticos los cabecillas de los más sanguinarios grupos islamistas o neurocirujanos los terroristas de Londres, gentes de negocios y altos estudios acogidos en la Europa que odian y quieren castigar, o importando aun menos los chorros de dinero que salen de los chorros de petróleo de esos pobres países que ahora, además, tendrán la tecnología nuclear que Sarkozy, el duro, quiere facilitarles a manos llenas, las manos de la trémula y agradecida magnanimidad europea para quienes aflojan un poco la presión que ahoga su cuello.



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