NUEVO DIGITAL Internacional - La universidad pública de Michigan instalará lavatorios de pies para los rituales musulmanes mientras la Unión de Libertades Civiles afirma que se trata sólo de un caso de higiene, y no de mezcla de religión y estado
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La universidad pública de Michigan instalará lavatorios de pies para los rituales musulmanes mientras la Unión de Libertades Civiles afirma que se trata sólo de un caso de higiene, y no de mezcla de religión y estado

La universidad pública de Michigan instalará lavatorios de pies para los rituales musulmanes mientras la Unión de Libertades Civiles afirma que se trata sólo de un caso de higiene, y no de mezcla de religión y estado

03.08.07 • 03:51 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Tiempos exclusivos de plegaria para musulmanes en los centros de trabajo mientras se prohíben los solicitados para oraciones cristianas en fábricas o escuelas. Instalaciones singulares y exclusivas en universidades públicas para las prácticas rituales islámicas. Acoso laico a las navidades mientras la celebración del Ramadán se promociona en muchas escuelas como símbolo intercultural de 'integración'. Fulminantes demandas ante los tribunales por lo que es percibido como “islamofobia”. ¿Un país musulmán? No, Estados Unidos, la nación donde, según muchos, la radical separación entre religión y estado sólo parece aplicarse a los cristianos. A diferencia de las contundentes campañas contra organizaciones cristianas -como la orquestada contra las que promueven la abstención sexual antes del matrimonio-, la siempre virulenta American Civil Liberties Union esta vez no se ha opuesto al ya famoso 'caso de la Universidad de Michigan', aunque lo que otros ven en él es una flagrante conculcación de la radical y siempre tensa y polémica separación entre religión y estado en el país norteamericano. Esta vez, la ACLU dice que se trata de higiene y no de religión. Nada que objetar por tanto en que el dinero público se gaste en rituales islámicos.

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Hay quien dice también que la mezcla de complejos de inferioridad, exigencias e intimidaciones está rentabilizando hasta cotas insospechadas las carnicerías del 11 de Septiembre, pero no en el sentido que casi todos se habrían imaginado. Hasta los creadores de un videojuego han recibido la 'llamada' de las organizaciones musulmanas exigiendo la inmediata retirada de la expresión “Allahu akbar”. Y con las llamadas del Council on American-Islamic Relations, el virulento CAIR, no se juega. La frase fue sumariamente eliminada, aunque no era pronunciada en ningún entorno ofensivo ni para musulmanes ni para árabes. Pero el CAIR apunta con el dedo, ordena, y se obedece.

Consejo musulmán: Donde pone el ojo, pone la demanda

En Estados Unidos, por el momento no se han producido las sanguinarias represalias individuales que se han registrado en Europa -y en una gran parte de los países de mayoría musulmana- contra quienes ‘profanan’ al Corán o ‘blasfeman’ contra Alá o su profeta. Para eso están los tribunales, la peor de las pesadillas en el país de la litigación. Caras, muy caras, para el ciudadano medio, excepto para las bien provistas arcas del CAIR y sus siempre denunciadas conexiones con el islam más extremista del Medio Oriente bajo su apariencia de pseudointegración democrática, una especie de quinta columna amparada en todos los artículos y enmiendas de la Constitución de los Estados Unidos y que no duda de buscar cualquier resquicio legal para apretar tuercas, acción esta de apretar tuercas en la que ya anda metida, de forma explícita, incluso la Liga Musulmana Mundial con la generosa financiación de equipos legales que donde ponen el ojo, ponen la demanda.

Famoso fue el caso de los ‘imanes voladores’, los seis clérigos islámicos cuyo (provocador) comportamiento en la sala de embarque y ya dentro del avión parecía extraída del ‘manual del terrorista’. Pasajeros y tripulación se alarmaron ante tanta genuflexión en pleno aeropuerto, tanto ‘Alá es grande’, tanta referencia a Irak y tanto cambio de sitio en el aparato hasta conseguir repartirse en su interior. Los imanes fueron reclamados por la policía para investigar su comportamiento. Tras el oportuno circo mediático, con un enjambre de cámaras convocadas para contemplar cómo los imanes compraban otro billete de avión en una compañía distinta a la que habían intentado volar, los clérigos no sólo demandaron a la línea aérea que los había sacado del avión, sino a los pasajeros que habían alertado sobre el extraordinariamente inquietante comportamiento de los sujetos, a pesar de las constantes y ubicuas apelaciones públicas a que se reporte cualquier acción u objeto sospechoso.

Los ciudadanos, entre la espada y la pared

A finales de julio, tras duros debates, el Congreso aprobó una popularmente denominada provisión de “Protección de John Doe”, algo así como una especie de inmunidad contra las demandas judiciales contra ciudadanos normales que informen sobre actividades sospechosas en potenciales casos de terrorismo. Sin embargo, la inmunidad era mucho menos 'inmune' de lo previsto. La legislación sanciona que el ciudadano quedará exento de potenciales demandas sobre discriminación racial o religiosa siempre que la información a las autoridades responda a sospechas “objetivamente razonables” y realizadas con un criterio de “buena fe”.

Ni segundos tardó el CAIR en anunciar a través de las televisiones que las sospechas “objetivamente razonables” y la “buena fe” del demandante se dirimirán, por su parte, llevando al denunciante ante los tribunales, de forma que sean estos quienes decidan una "buena fe" que el CAIR, invariablemente, reconvierte en "islamofobia". Conclusión: mejor callar ante lo que se vea, y cruzar los dedos para que no sea algo realmente peligroso. El ejército de abogados del CAIR no se anda con chiquitas. Una sospecha puede estar infundada, pero los equipos legales de las organizaciones musulmanas machacan sin compasión ni miramientos.

Ante la flagrante persecución de los anónimos pasajeros que se alarmaron ante el desafiante comportamiento de los ‘imanes voladores’, el CAIR ha decidido retirar la demanda contra aquellos, aunque la mantiene contra la línea aérea. Pero, la presión islámica continúa. En un país donde los grupos de derechos civiles denuncian la escasa subvención pública recibida por una organización que promueve la abstención de las relaciones sexuales antes del matrimonio porque, en su opinión, promociona de forma indirecta el cristianismo y, por tanto, conculca la separación de religión y estado, en ese mismo país, una universidad pública como la de Michigan va a reformar varios edificios del campus para instalar lavatorios de pies donde los musulmanes puedan realizar sus abluciones rituales antes de la oración.

Lavatorios de pies rituales islámicos, con impuestos públicos

Hay quien se lo toma por el lado práctico y positivo, y afirma sentirse complacido con la perspectiva de no tener que lavarse nunca más la cara ni las manos en el mismo lavabo donde otros muchos se lavan los pies. Pero, de nuevo, los privilegios concedidos a los musulmanes siguen creando una división y unos agravios que no hacen sino crecer y crecer, en el país donde en centros públicos como la Universidad de George Mason, de Fairfax, Virginia, los musulmanes no sólo han exigido -y conseguido- espacios propios y separados para “meditar”, sino que estos espacios sean dobles, unos para hombres y otros para mujeres, separados, sin que ningún grupo activista de derechos civiles haya levantado la voz, ni por discriminación religiosa -a pesar de que nada comparable existe para cristianos o judíos, por ejemplo- ni, mucho menos, por discriminación sexual.

En el caso de los lavatorios de pies de la Universidad de Michigan, -donde el 11 por ciento de los 8.600 estudiantes ya son musulmanes-, algún grupo sí que ha levantado la voz ante la sorprendente financiación con recursos públicos de instalaciones específicas para una determinada religión. La siempre feroz American Civil Liberties Union, tan beligerante en el caso de las organizaciones cristianas que promovían la abstinencia sexual antes del matrimonio, en este caso ha preferido callar y asentir porque, en su opinión, aquí no se trata de prácticas religiosas sino de prácticas de higiene. De hecho, al principio, fueron los propios musulmanes quienes ofrecieron sufragar las reformas de los edificios, pero la ACLU defendió que no existía ninguna razón constitucional para que los impuestos de los ciudadanos no financiaran el proyecto.

Arquitectura universitaria pública, "privilegiada" para musulmanes

Sólo la organización denominada Americans United for Separation of Church and State han puesto el grito en el cielo -y en Washington- advirtiendo de que “si vas a cambiar permanentemente la arquitectura para un grupo religioso, ¿lo tendrás que hacer para todos?”. Sin embargo, por el momento, sólo los musulmanes han conseguido el privilegio. Símbolos como crucifijos u otros similares están estrictamente prohibidos en todas las instalaciones públicas de este y de cualquier otro centro público.

El CAIR acaba de conseguir que el Departamento contra Delitos de Odio de la policía de Nueva York empapele a un joven que "profanó" el Corán al dejar dos ejemplares del libro en un cuarto de baño de la neoyorquina Pace University. Ante las crecientes acusaciones de la comunidad musulmana de que los responsables del centro no se habían tomado en serio el asunto, finalmente las campañas y la presión han conseguido su objetivo, en medio del habitual victimismo sobre un "ambiente inamistoso en el campus" hacia los musulmanes que alimenta el motor del resentimiento mutuo, cada vez menos simétrico a favor de quienes desean ser, a la vez, "víctimas y dominadores", como decía, hace unos meses en entrevista en el Times de Londres, el único obispo asiático -de origen pakistaní- de la Iglesia de Inglaterra.



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