NUEVO DIGITAL Internacional - Un miembro de una organización negra musulmana de California “ejecuta” al primer periodista asesinado en Estados Unidos en catorce años por el ejercicio de su labor informativa
NUEVO DIGITAL - Internacional

Un miembro de una organización negra musulmana de California “ejecuta” al primer periodista asesinado en Estados Unidos en catorce años por el ejercicio de su labor informativa

Un miembro de una organización negra musulmana de California “ejecuta” al primer periodista asesinado en Estados Unidos en catorce años por el ejercicio de su labor informativa

06.08.07 • 03:31 GMT • Javier Monjas - Madrid Email

Según el Committee to Protect Journalists, el último asesinato de un periodista en Estados Unidos ocurrió hace catorce años, aunque el caso más famoso dobla con creces ese tiempo pues lleva a 1976, cuando Don Bolles, del Arizona Republic, especializado en investigar el crimen organizado, quedó destrozado por una bomba colocada bajo su coche. Sin embargo, esta vez las palabras “islam” y “musulmán” se encuentran tras la muerte, “al estilo de una ejecución”, según la policía de Oakland, de Chauncey Bailey. Director del Oakland Post, un periódico de esa ciudad de la Bahía de San Francisco, Bainley investigaba la posible quiebra fraudulenta de una organización denominada Your Black Muslim Bakery, especializada en productos de panadería “naturales” y escindida de la Nación del Islam. La “ejecución”, a plena luz del día, ocurrió el viernes, pero la policía ya tiene un detenido confeso. Decenas de miembros de la Nación del Islam, con sus severos, envarados y siempre crispados rostros bajo sus pajaritas y sus oscuros trajes, se concentraban en la esquina donde se produjo el asesinato e insistían en el inagotable mantra habitual: que “el tema aquí no es la religión”. Quizás no lo sea, pero todos los implicados son de la misma, y sus divisiones siempre han terminado empapadas de sangre.

[Más:]

Divisiones, escisiones, venganzas, asesinatos. Junto con el antisemitismo más feroz y el racismo negro contra los blancos, la Nación del Islam es un movimiento herético de las principales corrientes islámicas mundiales fundado en los años treinta por afroamericanos que cambiaron sus nombres por denominaciones musulmanas, y que se inicia con Wallace Fard Muhammad, continúa -tras la “desaparición” del anterior- con el Elijah Muhammad, y sigue con Malcolm X, el hombre que agrupa a un parte significativa de la población negra estadounidense alrededor del Corán y condena al cristianismo como la “religión del hombre blanco”.

Las virulentas declaraciones antisemitas de Louis Farrakhan, las acusaciones de la viuda de Malcolm X contra el anterior por su supuesto papel en el asesinato de su marido, y la estrecha alianza de la Nación del Islam con Chávez, Castro y Morales, sellada en calurosos y emocionados viajes de mutuo apoyo, son sólo algunos de los principales hitos del islamismo negro estadounidense, con el que los conversos españoles de la Junta Islámica han rubricado estrechos lazos en “proyectos religiosos, sociales y culturales” aún por determinar, más allá del expansionismo islámico en América Latina a través del eje Bolivia-Venezuela-Cuba, por cierto, con el muy destacado apoyo de Chávez, su Santa Alianza con Irán, y su clausura de medios, denunciada por el propio Comittee to Protect Journalists -y otros cientos de organizaciones de defensa de la libertad de expresión- aunque minimizada -si no justificada- por destacadas personalidades del socialismo español, entre otros.

Quiebra fraudulenta, periodista quebrado

Your Black Muslim Backery (Tu Panadería Negra Musulmana) se acoge a las palabras del “Mensajero de Allá, el Muy Honorable Elijah Muhammad”, fundador de la Nación del Islam, quien estableció cómo “(los negros estadounidenses) necesitamos una educación que elimine la división entre nosotros” y “cree una unidad que nos haga desear estar con nuestra propia clase”. Pero el supremacismo autosecesionista negro musulmán estadounidense siempre estuvo rodeado de divisiones y sangre. La propia Your Black Muslim Backery -que la apabullante corrección política de los medios ‘progresistas’ (‘liberales’, en la terminología política estadounidense) se apresuró a desligar de la Nación del Islam-, surgió como una escisión de esta. Fundada por Yusuf Bey, YBMB se convirtió en una “cadena multimillonaria de panaderías con productos naturales que se extendió a través de todo el área de de la Bahía de San Francisco”, según un negocio enfocado a vender a “negros” y a “musulmanes”, según la denominación de su propio nombre.

Chaunce Bailey era el director de una pequeña publicación especializada en la comunidad negra de la zona. Había comenzado a investigar los graves problemas financieros de YBMB y la posibilidad de una quiebra fraudulenta. A Devaughndre Broussard, uno de los empleados de la cadena de panaderías, no le gustaban nada las investigaciones de Bailey, también negro, pero periodista independiente con ansias de profundizar qué se encontraba tras la confusa mezcla de Alá, santa harina de panadería, e ingeniería financiera en la búsqueda de protección contra acreedores en la quiebra de la organización, según la ley estadounidense. Broussard se había erigido en la mano vengativa de la bienaventurada panadería religiosa. Y ya ha confesado.

Tu panadería negra musulmana, tu asesino negro musulmán

A las siete y media de la mañana, ya a plena luz del día, y cuando Bailey se dirigía a su trabajo, sus investigaciones periodísticas terminaron abruptamente con lo que la policía, según Los Angeles Times, describía como “un asesinato al estilo de una ejecución”. Al día siguiente, Keith Muhammad, en representación de la Nación del Islam, se concentraba con la habitual parafernalia paramilitar o ‘paracivil’ de decenas de sus guardaespaldas-fieles-adustos seguidores de traje oscuro y pajarita negra, y exigía “justicia, sin importar el credo, la clase o el color (de la piel)”. Pero todos esos factores estaban ya claros en esos momentos: empleado de la escindida YBMB, negro y musulmán, Broussard pudo escribir una carta al director, pero prefirió facturarle hacia el infierno de los infieles, donde deben quemarse todos los periodistas malos.

En estrategia habitual, los ajustes de cuentas internos entre los musulmanes negros no sólo extendían el victimismo negro islámico hacia la sociedad en general -fuente de frecuentes choques con el no menos victimista y virulento cristianismo negro de los reverendos Jesse Jackson y el aun mucho más agresivo Al Sharpton (espectacular en el acoso y derribo del presentador de radio Don Imus), siempre dispuestos al feroz agravio comparativo alimentado con dramáticas acusaciones permanentes (pero también contestados por personajes como Bill Cosby, siempre dispuesto a denunciar a los "cabezas de chorlito" del victimismo negro-, sino que Muhammad establecía que “aquí el tema no es la religión, sino el de un hombre inocente que ha sido asesinado”. “Creemos en la justicia para todos, no sólo para los musulmanes”, concluía. Después, todos -incluida la llorosa alcaldesa de la ciudad-, asentían, pronunciaban tiernas palabras de hermandad, y se dispersaban buscando justicia saliendo del círculo donde todo había ocurrido.



Aumentar tamaño letra Restaurar tamaño letra  Tamaño de letra
Google

NUEVO DIGITAL / Archivo - Selección