NUEVO DIGITAL Internacional - Conversos de un lado y del otro: De los agravios con el pañuelo de unos, a los ataques y las amenazas de muerte a los otros
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Conversos de un lado y del otro: De los agravios con el pañuelo de unos, a los ataques y las amenazas de muerte a los otros

Conversos de un lado y del otro: De los agravios con el pañuelo de unos, a los ataques y las amenazas de muerte a los otros

09.08.07 • 02:31 GMT • Javier Monjas - Madrid Email
  • Un iraní 'apóstata' residente en Holanda, bajo protección antiterrorista permanente tras ser atacado físicamente dos veces por su defensa de los derechos de quienes desean abandonar el islam

“¿Por qué tenemos tanto miedo de ofender al islam?”, se pregunta el Slate, referencia del periodismo online y uno de los medios pertenecientes al grupo del Washington Post. La respuesta se la da a sí mismo el propio articulista: ínfimas incidencias que poca o ninguna consecuencia tendrían entre cristianos, budistas o mormones, se convierten en violentos estallidos planetarios que se dirimen, en el mejor de los casos, en contundentes demandas de difamación ante los tribunales y, en los peores, en abrumadores baños de sangre en medio de desatadas histerias mundiales. ¿Miedo de ofender al islam? No. Terror. Y no sólo por ofender a alguien o a algo, sino, incluso, por algo mucho más grave: la apostasía, que desde hace años ha comenzado a ser ‘castigada’ también en una Europa ya considerada como perteneciente a la Umma por una gran parte de su población musulmana y temida como tal por Estados Unidos. En este contexto, a los residentes europeos ahora ya se les considera como potenciales amenazas procedentes de una 'Eurabia' fuera de control, entre conflictos cada vez más graves con Bruselas por la exigencia de Washington de cada vez más datos sobre los viajeros procedentes de un Viejo Continente también visto en su conjunto como un declarado riesgo para la propia seguridad interna, y ante cuya infiltración islamista hasta los más feroces críticos de Washington comprenden las abiertamente descorteses exigencias de los norteamericanos.

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Los ataques físicos y las amenazas a conversos al cristianismo -o las condenas a muerte por apostasía incluso en países 'ocupados' por democracias occidentales, y cuyas peticiones de clemencia son vistas por los clérigos islámicos como intolerables "interferencias"- no sólo son moneda común en los regímenes ‘moderados’ del orbe islámico, sino en la propia Europa, donde los pocos musulmanes que han decidido hacer público su abandono de la ‘religión de la paz’ piden protección a los gobiernos después de haber sido atacados en la ‘Europa de las libertades’, en los mismos países que ya vivieron asesinatos de ‘infieles’ o abrumadores atentados terroristas por "cruzados". Mientras, en esos mismos países, los conversos en el sentido contrario proclaman en dramáticos reportajes escritos por periodistas de incalculablemente ingenua credulidad un victimismo lleno de tantas minucias como de ignorancia y desprecio para quienes dieron el paso inverso y se ven obligados a vivir ocultos, mendigando protección policial para no terminar con un cuchillo clavado en el corazón, desangrándose en una acera europea, entre la indiferencia -si no la justificación por la "provocación" y la "reacción" contra la "islamofobia"- de quienes eligieron el camino contrario y viven bajo la tranquilidad de ninguna amenaza.

Conversos españoles, "clementes" con las "asesinas" búlgaras en Libia

“Los españoles conversos al islam piden voz. Son alrededor de 50.000. Muladíes de última generación que han vencido la afonía y ahora gritan contra la sordera”, proclama El País abriendo el dramático reportaje de una redactora que se traga sin rechistar cifras y opiniones sobre ‘el camino de regreso al islam’, puesto que, como se afirma sin el menor resquicio de duda o intención de contrapregunta, “musulmanes nacemos todos, dice el Corán. Y al islam, uno ‘regresa’, no se convierte”. Supremacismo en estado puro -incuestionado e incuestionable- que en España lleva a tristes relatos sobre sus sobrecogedoras experiencias cotidianas puesto que en esta historia de “buenos y malos”, el papel de malo “antes lo interpretaban los comunistas, y ahora, nos lo colgaron a nosotros”, a los conversos al islam.

Cuestión, sin duda, de la que pueden hablar puesto que la mayor parte de ellos proceden de partidos “comunistas” que cambiaron la ideología de la igualdad por la religión de la paz, ambas coincidentes con la de buenos amigos, como Gafadi -fundador de organizaciones que exigen "tolerancia" y "paz internacional" mientras en sus conferencias islámicas predice la caída de Europa ante el islam- y ante quienes imploraron -ciertamente sin ninguna relevancia práctica- algunos de estos conversos para que de la magnanimidad del líder libio brotara la compasión hacia las enfermeras búlgaras y el médico palestino, “proponiendo la misericordia y el perdón por encima de la venganza o la aplicación del castigo” a pesar de los “crímenes tan horrorosos” que habrían cometido “los asesinos” de los niños.

Hasta el abogado abandona para "no ofender a los musulmanes"

Mientras, en Egipto un hombre continúa batallando contra los tribunales y las amenazas por ver reconocida su decisión de abandonar el islam y de que su hijo nazca como cristiano, entre la cerrada negativa de los jueces, y una discusión que va desde el recuerdo de muchos clérigos islámicos en el sentido de que el castigo por la apostasía es la muerte, hasta un estado que se niega a ser tan tajante, aunque reconoce que el abandono del islam podría constituir un delito si “debilita la sociedad”, como escribía un ‘tolerante’ experto musulmán en el Washington Post defendiendo, de forma ciertamente alternativa, que una persona puede cambiar 'libremente' de religión, aunque corra el peligro de ser considerado desde apóstata a saboteador de su propia sociedad y, por tanto, merecedor de contundente correctivo.

Sin embargo, las cosas no marchan bien para este hombre, el del cambio de religión en el occidentalizado y democrático Egipto de los Hermanos Musulmanes tolerados en el parlamento, algunos de ellos proclamando abiertamente que "el terrorismo no es violencia cuando se utiliza contra infieles". No son sólo las amenazas o sus cabezazos contra tribunales y clérigos, sino que su propio abogado ha decidido abandonarle porque “no quiere ofender a los musulmanes o inflamar a la opinión pública”, dicho de forma suave. Claro, que lejos del rebelde egipcio o de las delicadas quejas de los conversos españoles al islam, un ex musulmán en Holanda que decidió hacer público su abandono de la senda de Mahoma ya ha sido puesto bajo reforzada protección policial tras haber sido atacado de forma violenta a la salida de un supermercado, demostrando así que las amenazas y ataques recibidos con anterioridad iban muy en serio.

"El Corán exige matar a todos los musulmanes"(sic)

De nuevo, es la Holanda de Theo van Gogh la que se ve obligada a ofrecer la misma clase de protección antiterrorista de la que ‘disfrutó’ Ayaan Hirsi Ali, pero no el cineasta, cuyas amenazas recibidas ablandaron demasiado tarde el escepticismo de la tolerancia holandesa. El iraní Ehsan Jami ha decidido luchar por los derechos de quienes quisieron abandonar el islam, (que los hay -y muchos- aunque se vean obligados a la ocultación y al fingimiento) y esos derechos no son los supuestamente capitales e irrenunciables de llevar o no un pañuelo –por cierto, vetado incluso en la atención al público en los propios países del Golfo- sino el de salvar la vida puesto que Jami ya fue apaleado con anterioridad, de forma que el segundo ataque físico directo ha disparado unas alarmas que ya han llevado a concederle una protección policial antiterrorista constante que, sin embargo, en Francia no libró a Robert Redeker de tener que vivir el resto de su vida en la clandestinidad, o a otros muchos, como a los conversos al cristianismo desde el islam en Alemania, a vivir en las catacumbas de la ocultación y el miedo constante.

En Internet, ha aparecido una página para intentar organizar a los “Apóstatas del islam”, un sitio web que tiene una página “alternativa más suave para musulmanes que se sientan ofendidos”. En esta página “alternativa” se recuerda el versículo del Corán que exige “matar a todos los musulmanes allí donde los encuentres”, claro que cambiando la palabra original (“idólatras”) por “musulmanes”, por si así alguien entiende algo de reciprocidad en las ofensas y en el sagrado ordenamiento de las carnicerías. Que, obviamente, no lo entenderán puesto el Corán lo deja muy claro: se nace musulmán. Lo demás, es apostasía y castigo. Si es civil o religioso, de prisión o de degollamiento, es el debate en el que se encuentra inmerso un islam en pleno desarrollo y evolución.



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